Pattaya, ¿paraíso putero o ‘putada’ para los puritanos?

Calle de Pattaya

Pattaya es un lugar divertido. Muy divertido. Vale que en muchos casos esa diversión tiene que ver con la entrepierna, pero no todo en la ciudad del pecado es que a uno le sacudan la nutria. Desde luego, con tanto neón rosa y tanta falda corta los asuntos de cama son los más vistosos a la orilla de sus aguas. Pero uno puede pasar un fin de semana por esos lares sin tener que meterse en bragas ajenas.

Sin duda, la ciudad costera es un destino que se ajusta más a quienes vienen puro en mano que a los más puritanos, pero hay vida más allá de las bajas pasiones. Se pueden encontrar muy buenos restaurantes en sus calles, también playas decentes y unos hoteles fantásticos a bajo precio sin tener que acercarse a la zona roja del lugar. Así que los que dicen que Pattaya no es solo prostitución, a mi parecer, bastante razón llevan. Y sin embargo, la ciudad es también quizás el burdel más vistoso del planeta.

Todo esto no vendría a cuento si no fuese porque Pattaya, una vez más, está levantando polvo -por culpa de los polvos- entre la comunidad tailandesa, donde no gusta que se les diga que hay putas en la capital de las putas. Y precisamente esa llaga es donde ha metido el dedo el sector más amarillista de la prensa inglesa. Desde hace unos días, en la prensa siamesa se habla sobre todo de Pattaya.

La chispa que inició el fuego fue propagada, irónicamente, por los propios cuerpos de seguridad del país. Inspirados en el clásico policial siamés de destapar chanchullos calenturientos el día de San Valentín, los agentes entraron en la habitación de uno de los clubes de Pattaya para encontrar a un inglés sexagenario con una jovencita. El tipo con los pantalones por los tobillos y ella lista para la acción. Hicieron la foto, lanzaron la noticia en la prensa local y sacaron pecho. “Estamos persiguiendo a quienes rompen la Ley”, se vanagloriaron. No imaginaron que dicha gesta les dejaría tan en paños menores como al socorrido sajón. Menudo gatillazo.

inglés pattaya policía sexo puta

La primera víctima mediática del dispositivo que la policía y los militares ponen en marcha para San Valentín fue un un inglés de 62 años. Por supuesto, aprovecharon para hacer la foto y decirle a los siameses que estaban luchando por perseguir la prostitución en tan señalado día. Foto: Policía de Tailandia.

Alguien en el sector más amarillista de la prensa inglesa leyó aquello y lo vio como la perfecta excusa para arañar un buen puñado de clics con el enésimo reportaje sobre Pattaya. Así el Mirror publicó lo que ya se ha escrito una y mil veces sobre, según ellos, “la capital mundial del sexo”. Citándola como Sodoma y Gomorra y anunciando que hay 27.000 meretrices en el lugar. Pero sin decir de dónde salía esa cifra y haciendo gala de todos los tópicos de quien escribe desde Inglaterra o no ha visitado el lugar más que de pasada.

Luego, el infame The Sun recogió el guante y se marcó un artículo aún peor, reutilizando datos y usando los más comunes testimonios de quien ha venido aquí una semana y ya venía con una idea preconcebida del asunto. Incluso no atinaban en las fotos con alguna transexual.

Este tipo de reportajes no suelen causar revuelo alguno en Tailandia, pero en este caso a alguien le dio por traducirlo al tailandés y se hizo viral. Luego, los medios tailandeses se hicieron eco de ello y ya se armó la gorda.

 

¿Putas en Pattaya? ¿Invención de los occidentales?

 

Putas soi 6 Pattaya

Así le reciben a uno en el soi 6 de Pattaya a plena luz del día.

Ya he dicho que soy de los que piensan que Pattaya es mucho más que un lugar donde el hombre puede darle alegría a su pequeño pelado colgante. También es cierto que los bares de señoritas y los neones calenturientos ya son rutina para mí y los veo como parte del paisanaje. Aun así, ambos artículos me parecen una broma. The Sun incluso se atreve a decir que este popular destino de playa es “el paraíso de los pedófilos”. Con un par.

Y sin embargo, es innegable que buena parte de Pattaya es un no parar de señoritas en paños muy menores y revolcones de alquiler. También es una zona altamente divertida sin tener que pasar por caja o acabar en una habitación por horas si te gusta lo salvaje. Discotecas, bares, pinchitos de pollo y sobre todo alcohol, mucho alcohol.

Tanto la zona del paseo marítimo más próxima a la popular Walking Street como los numerosos callejones de la misma zona sorprenden por la gran cantidad de mujeres ofreciendo servicios de esos que no pagan impuestos. Y obviar esto hace más daño a Tailandia que afrontar el problema.

Porque el puritanismo tailandés, ese que prodigan los que mandan, siempre mira hacia otro lado incluso con evidencias tan sangrantes como la de Pattaya. ¿Cómo que hay prostitución en Tailandia? Para el Gobierno, es una ofensa decir eso.

Así que, cabreado y encendido por la ofensa de leer que Pattaya es un destino sexual, el primer ministro no electo, Prayuh Chan-ocha, anunció una persecución contra el oficio más antiguo del mundo. Una vez más.

Walking Street Pattaya

Pinchitos y sostenes. Lo habitual en Walking Street. Foto: Tanaphon Ongarttrakul.

La intentona del Gobierno no tiene desperdicio, pero las palabras del otra vez cabreado Prayuth aún fueron más paradójicas. Porque cargó contra los periodistas tailandeses por dañar la imagen de su país y los trató de ingenuos por creerse lo que los medios extranjeros dicen. Que no falte la dosis de nacionalismo.

“Vosotros sois periodistas tailandeses, ¿os creéis a los de fuera? ¿Las autoridades arrestan a las prostitutas? Sí, lo hacemos. Voy a ordenar a la policía acabar con todo esto. Y veremos si hay algún problema. Yo no apruebo la prostitución. Yo sigo la Ley”. Estas fueron las palabras del primer ministro, quien lamentó que “no se puede entender” que los reporteros siameses “critican al Gobierno en lugar de tratar de mejorar la imagen de Tailandia al público”.

Dicho y hecho. Para dejar claro que van en serio, la policía se puso manos a la obra y empezó a cerrar burdeles. O mejor dicho cerró un único burdel y lo anunció como una gran gesta en los medios. Fue el pasado miércoles.

Redada burdel Pattaya

Nuevamente, hay que documentar bien la redada. Foto: Policía de Tailandia.

Un policía infiltrado se armó con 2.000 bahts y solicitó los servicios de una dama en uno de los muchísimos locales de Pattaya. Cuando la joven cogió el dinero, los policías entraron. A los dos días, los agentes se dedicaron a rondar la zona y arrestaron a un puñado de prostitutas africanas y a unas cuantas tailandesas.

Esto es bastante habitual. Cuando el tema caliente vuelve a estar en boca de todos, se cierra algún local para mostrar que algo se está haciendo. Pero, por lo demás, todo sigue igual.

Está bien puntualizar que eso también es propio de España. Lo viví en los últimos apogeos de un verano en Barcelona, cuando El País fotografió a las putas de la Rambla en un reportaje en portada y durante días no se habló de otra cosa. El Ayuntamiento tuvo que limpiar la popular avenida de señoritas de saldo y esquina, pero cuando ya nadie se acordaba del artículo, las chicas volvieron como si nada.

No dudo que en poco tiempo se dejará de hablar de Pattaya en los medios, otra vez, y todo volverá a la normalidad del neón y la carne. Ayer los agentes y los militares visitaron el soi 6 de Pattaya y ya dijeron, sorprendentemente, que allí no se vendía carne. No hay más ciego que el que no quiere ver. Y es que, en realidad, nunca nadie ha querido que algo cambiase realmente.

 

Ojos cerrados ante la prostitución de Pattaya

 

Ruby 6 PAttaya

Foto promocional del bar Ruby 6, en el soi 6 de Pattaya. Allí donde ayer los agentes dijeron que todo estaba en regla y que no se ofrecía sexo.

La negación es siempre la mejor manera que tiene Tailandia para negar alguna de sus caras oscuras. Si no se habla de ello, no existe. Aunque esté frente a sus narices. Y eso es lo que ocurre con la prostitución, que si se mira hacia otro lado parece que no exista.

El coronel de la policía, Apichai Krobphet, ya dijo que los extranjeros visitaban Pattaya para disfrutar de su naturaleza. Y que no es común que los turistas vayan allí para darle alegrías a la sardinilla ni para disfrutar entre copas. Es más, el oficial dijo no entender de dónde salía la cifra de 27.000 prostitutas en la ciudad. Para él, aquello es desmesurado.

En cambio, como se publicó ayer en un completo reportaje en The Bangkok Post, las propias asociaciones locales que luchan por mejorar la situación de las prostitutas en Pattaya manifiestan que ese número es muy bajo y que hay muchísimas más mujeres en el negocio de las que se dice.

Como siempre, detrás de todo esto están los intereses económicos de unos cuantos, tal y como lamenta la directora de la fundación Empower, Chantawipa Apisuk. “Toda la prostitución en Tailandia gira alrededor de las mordidas; los propietarios de cada local han de sobornar al policía local para mantener su negocio, y si la prostitución fuese legal, ¿cómo harían dinero estos policías?”.

Por supuesto, no parece que nadie en el Gobierno o en la Policía tenga real interés en acabar con la prostitución. Porque cuando hay mucho dinero en juego, poco importa la recta moral.

¿Quién recuerda hoy que hace ocho meses se clausuró el Templo de los Tigres en Kanchanaburi? Parecía ganada la batalla por eliminar uno de los negocios más sonrojantes de Tailandia. Pero, sin demasiada sorpresa, el templo reabrirá en marzo, nuevamente con tigres que serán visitados por turistas a quienes no les importe pagar una buena suma por acariciar a depredadores a los que no debería ser fácil acariciar. El dinero manda.

Las redadas para frenar la prostitución en Tailandia suelen ser menos aparatosas. Se cierran un par de garitos, se arresta a alguna chica y todo sigue igual. Porque, para los puritanos que mandan en Tailandia, lo del puterío en Pattaya es una putada. Da mala imagen y choca con la idea recatada que gustan ofrecer del país. Pero el putero gasta mucho dinero, y para mantener ese paraíso que algunos han cimentado en buena parte con las ganancias de este negocio, el turista polla en mano sigue siendo necesario.

 

Las chicas de los bares de Pattaya

 

Insomnia Pattaya chicas

El podio de la discoteca Insomnia siempre se llena de mujeres con estrechos cinturones, digo pantalones, para deleitar al personal.

El grueso de los reportajes que se hacen desde Occidente sobre Pattaya se centran siempre en lo mismo: El turista sexual. En todos ellos se habla de la capital del sexo y se dedican los peores párrafos a los hombres que se dejan ver por allá. A todos se les pone el sambenito de explotadores. En casos como el de The Sun, hasta se les llama pedófilos y se deja intuir que, en Inglaterra, quienes van a la ciudad del pecado es gente digna de ser despreciada en su país.

Es normal. Gusta mucho lo de culpar al hombre occidental de los males del mundo, y también de poner a los países menos favorecidos como víctimas de cualquier pecado capital europeo. Da igual que sea la codicia, la gula o, por supuesto, la lujuria. Siempre queda bien y vende más en nuestro mundo civilizado.

Donde nunca suelen fijarse mucho en este tipo de artículos es en donde yo opino que deberían hacer foco. En las chicas. Se dan cifras de putas, vale, pero no suelen fijarse en ellas si no es para decir -casi siempre de manera errónea- que parecen menores de edad. No se habla de las vidas que llevan o del por qué están ahí. Ni siquiera sobre lo que piensan de todo este meollo.

Hablar de las chicas de Pattaya daría para un libro entero. No varían mucho de la mayoría de las jóvenes que trabajan en Nana o Soi Cowboy en Bangkok, aunque muchas de ellas quizás estén más deterioradas.

Redada soi 6 Pattaya

La redada de ayer domingo en el soi 6, donde según las autoridades todo estaba en regla. Foto: Policía de Tailandia.

Casi todas las jóvenes que acaban abriendo las piernas en la ciudad del pecado son de orígenes pobres y vienen de remotas aldeas. Si les preguntas, es habitual que tengan hijos allá en sus pueblos. Y frente al tópico muchas veces real de la prostituta engañada, en Pattaya abundan las que parecen ser felices con sus vidas.

Están las que agradecen cobrar por un par de horas diez veces lo que harían en una fábrica todo el día. También las que parecen vivir la gran vida y se dedican a salir de fiesta, beber y buscar quien les pague un polvo.

Por supuesto, no todo es tan bonito como parece. El dinero que rápido llega más veloz se va. La metanfetamina y las borracheras se convierten en tónica habitual y muchas chicas acaban en un círculo vicioso del que es difícil desengancharse. En Bangkok hay más alternativas, pero la vida en la zona roja que rodea a Walking Street tiene muchísimas menos opciones. Y lo estrafalario se convierte en cotidiano.

Vale que también en Pattaya hay de todo. Y que no todas las chicas que pueblan los bares son iguales, aunque haya unos patrones que se repitan en muchas de ellas y todas gasten los mismos tacones de infarto. Algunas se dejarán seducir menos por las bajas pasiones, serán más divertidas o antipáticas. Más nobles o peores arpías. Igual que entre sus clientes hay tipos íntegros y con fondo y también necios de maldad abrumadora. Pero la vida en ese reducto de Pattaya que es la zona roja puede ser muy tóxica a medio plazo para muchos.

No seré yo quien adivine de quién es la culpa de todo esto y no creo que haya que responsabilizarlas a ellas. Ni siquiera ante la locura de muchos hombres conquistados por las chicas de los bares de Pattaya creo que haya que cargarle el muerto a las jóvenes. Tampoco el turista polla en mano tiene culpa de todo esto. Pero, mientras todo siga igual en Tailandia, dudo que el panorama cambie. Por mucho que diga el Gobierno.

 

Pattaya más allá de los neones

 

Pattaya

Decir que la prostitución en Tailandia es culpa de los occidentales, aunque muchos reportajes en nuestra lengua así lo dicen, es andar muy corto de miras. En la era de Ayuthaya, en pleno siglo XVII, la prostitución era legal y muchos de los burdeles los gestionaban los propios gobernantes. Y por muchísimos turistas polla en mano que haya en Siam, la grandísima mayoría de consumidores tiene ojos rasgados y piel morena.

Pero lo de Pattaya sí que es algo que fue creado por hombres de ojos redondos. Cómo no, tuvieron que ser los estadounidenses y sus tropas. Hasta la década de los 60, esa parte de la costa tailandesa era un pequeño pueblo pesquero, hasta que un grupo de soldados estadounidenses vio aquello como un lugar donde pasar sus vacaciones.

En pocos años, Pattaya se convirtió en el lugar de recreo de los soldados estadounidenses que iban a la guerra de Vietnam. Hasta 700.000 marines pasaron por allí al menos una semana para descansar al calor del sol y de las faldas. Llevaron hasta allí el rock n’ roll, sus hamburguesas, esa pegajosa crema de cacahuete y, cómo no, su pasión por las putas y barras americanas.

Los bares de neones proliferaron y las damas llegaban constantemente del noreste. Cuando en 1976 la guerra de Vietnam terminó, algunos estadounidenses se quedaron y abrieron más bares. Pronto Pattaya empezó a venderse como un destino de recreo masculino hacia el pueblo americano.

Así sigue siendo en buena parte de la ciudad, aunque ahora ya casi cualquier extranjero se pasa por allá. Pero aunque muchos no quieran ver más allá del neón, Pattaya es un lugar que tiene su encanto para pasar unos días, vayas en el plan que vayas.

Las playas están desastradas por el turismo masivo y los constantes timos, pero frente a la costa de Pattaya está la isla de Koh Laan. No es la más bella de Tailandia, pero para estar tan cerca de Bangkok es acogedora. Sobre todo si llegas allá en lancha rápida y evitas las hordas de turistas chinos que ocupan la cara principal de la isla.

El sector hotelero de Pattaya, además de barato, es de primer nivel. Para darse un homenaje, el Siam@Siam tiene una piscina de excepción, y una copa en la terraza del Hilton tiene su punto.

Durante el día, entre tailandeses es muy popular comer en Preecha Seafood, aunque a mí me parece que está sobrevalorado. Para cenar, aunque esté algo lejos, me encanta Mum Aroi y suelo ir varias veces al año.

Mi restaurante favorito de Pattaya, aun así, es bastante nuevo y se ha vuelto tremendamente popular. Se llama The Glass House y hay que llegar en coche, pero merece la pena -y mucho- el viaje desde Bangkok para pasar un domingo a mediodía allí.

Y bueno, luego está la noche de Pattaya. Que muchos adoran por sus chicas y otros ni se acercan por pudor. Personalmente, la ciudad del pecado me parece que tiene una de las fiestas más salvajes y divertidas de todo el país. Vengas con ganas de aflojar la billetera o no. Seas hombre o mujer. Estés en la veintena o sumes seis décadas. Eso sí, hay que ir con algo más de cuidado. Las mafias de Pattaya son más peligrosas que en la capital y la policía muchísimo más corrupta.

Quizás una solución podría empezar en aceptar lo que es Pattaya y que la prostitución está ahí. Nada más. Los que mandan siguen obcecados en negar la evidencia y en cerrar un puñado de bares para cumplir. Mientras que las ONG del lugar piden que se reconozca la prostitución desde las autoridades. Porque, vale, todo solo hay putas en Pattaya. Pero es que putas hay muchísimas.

GD Star Rating
loading...

También te puede interesar...

5 comentarios

  1. Jesús dice:

    Enhorabuena por tu reportaje, en mi opinión has acertado de pleno. He visitado en numerosas ocasiones Pattaya y paso algunos días allí en la mayoría de mis viajes al reino.
    Efectivamente es un lupanar descomunal, quizás sea el mayor del mundo, pero en relación con el actual tamaño de la ciudad, mucho más pequeño de lo que era antes, en los 90, la dedicación al mundo de la noche era mucho mayor en proporción antes que ahora. Si vas por las afueras de la ciudad te encuentras con empresas y una gran actividad económica que no tiene nada que ver con el sexo. Antes era difícil ver algo que no estuviera relacionado de alguna manera con los burdeles y sus clientes.
    En el 90 la isla de Ko-Larn a excepción de la playa principal estaba casi virgen y pasar unos días allí, era como estar en el paraíso, por cierto los turistas se iban a las 5 de la tarde y por las mañanas tenías la playa para ti solo. Ahora hay mucha más construcción en todas las playas.
    Cierto también que los tailandeses no reconocen nada que les ofenda o les moleste hasta que les explota en pleno rostro y ya no lo pueden ocultar. Recuerdo como si fuera ahora mismo cuando decían las autoridades que en Tailandia no había SIDA, negando como bellacos lo que a todas luces tenía toda la pinta de ser una epidemia para acto seguido confirmarse lo que todos intuíamos y convertirse en el país con más SIDA de Asia, como no podía ser de otra manera debido a las prácticas de riesgo que se realizaban por la falta de información.
    Cierto también que las tailandesas normalmente no aparentan la edad que tienen y muchas chicas que parecen menores, no lo son y también que muchas de ellas ganan mucho mas en un día dedicándose a aliviar tensiones que trabajando en un Seven/Eleven una semana. Por cierto que se gasten toda la pasta que ganan y no tengan nada ni guarden para el día de mañana para cuando sean mayores, aunque se pasen años y años trabajando en el oficio, también es verdad, pero de eso no tenemos los extranjeros ninguna culpa, más bien es de su idiosincrasia, de lo que se puede hablar largo y tendido, donde no solo pesa que apenas tengan formación, también pesa mucho la educación recibida o mejor dicho el lavado de cerebro practicado con gran eficacia por los bonzos, porque aparte de las sandeces religiosas que les inculcan a base de repetirlas una y mil veces, no aprenden casi nada.

  2. mal dice:

    Fantástico retrato de la noche pattayesca y sus derivaciones. Realmente, cada dia más, Tailandia se va perfilando como un destino agresivo para el turista debido a las mafias que comienzan a proliferar como hongos en baño de un karaoke, pero es que seguramente siempre ha sido así: comenzando por la policía, siguiendo por los políticos locales hasta el mismísimo Elvis, la corrupción es, como decías en otro artículo, un modo de vida en tailandia. Y esto se eleva a la enésima potencia en Pattaya.
    Ahora bien, si no lo buscas, no lo encuentras. Esto es, como en casi todos los lugares turísticos del mundo, si quieres evitar los problemas, no hay más que huir de ellos y ya está: Te vas a las playas aledañas a Pattaya, te dedicas a disfrutar de la constelación de restaurantes que ofrece la zona, buscas hoteles decentes y no te metes en lios. Aunque los cantos de sirena (jeiiii, seximaaaaaaannnn) son tan tentadores….

  3. Aron Siam dice:

    Luis, le tengo un apodo a usted
    El Siamés Español
    Pues hombre que le parece? jejejejej

    Bueno hermano aquí se necesitaba una putada de párrafos para alegrar un poco la vida cuando esto se vuelve una tremenda cagada. Por que entre puritanos salvajes hediondos gritando en la calle que eres un condenado por que no aceptaste mi religión, realmente se necesita en este mundo tu escritura por que entre otras líneas disque puritanas y de salvación yo veo es el descenso al infierno y el Armagedón apocalíptico gritado a los 4 vientos y a la mierda nos vamos, y solo el que acepta esto se salva parece mas bien una señal de condenación desde el principio………. Coño y me pongo a pensar que filosofía mas atractiva nos han enseñado desde chiquillos a aceptar, algo incuestionable para los puritanos y creyentes. Por suerte aunque me vaya mal por estos lados del mundo, no me arrepiento de cuestionar todo, pues de lo contrario estuviera gritando en la calle de que el mundo se acabara y seguramente si hubiera descubierto este sitio web, lo estuviera viendo con ojos de puritano salvaje condenador.

    Este lugar se ve corruptamente maravilloso, donde los viejos se transforman en el Dios chuchok y el amigo vuela para arriba otra vez como si se tuviera 20 o 30 años de nuevo, cada vez entiendo por que veo tantos viejos en Siam, pues la vitalidad vuelve entre pastillas de fuego que para eso se necesita ganas de tomarlas también.

    Realmente la mujer tailandesa tiene un toque de putada muy propio no creo que sea lo mismo ir y decir que cualquier putada es igual en cualquier lado del mundo, entre precios y calidad, este pareciera ser el lugar mas placentero. Una ciudad necesita algo mas que una simple avenida de luces rojas y Siam parece entender esto muy bien para atraer mas turistas. Creo también que cualquier mujer sea lo que sea cada una tiene una cualidad y las tailandesas tienen la suya, vengan de donde vengan. A veces me hago la pregunta por que un occidental terminaría enamorado de una de estas mujeres? La única respuesta que me viene a la cabeza es que debe ser por calidad de servicio, creo que no encontró una mamada o follada tan buena en su país de origen que termino casándose con esa que le hizo todo lo que quería. Es algo muy simple, y obvio de entender. Cada vez veo el amor anglosajón o occidental en detrimento. Yo honestamente no veo una mejora y en parte creo que muchos por eso fracasan por estos lados y terminan al final con lo que tienen por esos lados del mundo a intentarlo una vez mas por que en el país de origen realmente fue una cagadota bien grande, hasta quizás se cuestionan que por que carajos nacisteis por aquí, hay que aceptar que muchas veces casi ninguna respuesta esta en tu país de nacimiento.

    Creo que algunos diran y se preguntaran
    o es puritanos pueblus biblicus condenus?
    o es putada pueblus paganus budus ?

  4. Pattaya. Vicio en su máxima expresión. Los deseos reprimidos del hombre en una única calle, todo lo que un hombre quiere pero no se atreve a contar: sexo, alcohol, fiesta, combates de Muay Thai…

    ¿Pattaya sería, tal vez, la ciudad con más polvo debajo de la alfombra?

    El paradigma del ocio adulto, la oficina del ladyboy, tan diferente de cualquier ciudad occidental…

    Fantástico retrato, Luis. Es de agradecer que te alejes de la dudosa moralidad de la que hacen gala periódicos como The Sun.

  5. Gracias por vuestros comentarios, anima a seguir escribiendo. Sobre Pattaya o lo que toque por estos lares.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>