Sexo, mentiras y pruebas del Covid: así ha regresado el Covid a Siam

Covid en Tailandia bares noche

Nicky es un tipo muy suyo. Siamés de nacimiento y chino de ascendencia, cuando un viernes noche en Bangkok quedamos los de siempre para cenar y copear, él suele aparecer en sandalias y bañador. Y por supuesto tiene un claro motivo para ello. “Así nadie me raya para ir a tomar copas caras a ningún garito pijo”, suele decir.

Una noche, hace ya más de un par de años, quedamos en un puesto callejonero cerca del exclusivo barrio de Thong Lor. De esos de barbacoa cocinada en un barril oxidado cortado por la mitad y cerveza barata con hielo. El lugar, antes de que el Covid lo dejara a dos velas, fue todo un oasis lonchafinista junto a la exclusiva zona de ese Bangkok donde se junta la flor y nata pudiente de la ciudad, con sus coches deportivos y sus bolsos de Dior.

El buen Nicky, que pese a ser de bolsillos abultados disfruta mucho más del taberneo de medio pelo que del postureo carero, le puso aquella noche un curioso añadido a su atuendo habitual. Apareció con una camiseta de tirantes de talla gigante donde se leía en inglés Six Packs Coming Soon. Le quedaba como a un romano un pijama.

En otras ocasiones, nuestro Nicky –de quien ya di buena cuenta en estas líneas– forzaría el asunto tras un sinfín de cervezas y nos arrastraría hasta la madrugada a algún oscuro antro en la segunda planta de algún local del soi Cowboy. Pero aquel día puso de excusa lo de ir en tirantes y exhibiendo pantorrillas para decir que se iba a casa tras la cena. “Seguro que queréis ir al Sing Sing y ahí no me dejan entrar”, comentó antes de largarse en un taxi cerca de la medianoche.

callejón Bangkok

La esquina donde estaba aquel mágico lugar de comidas. Ahora hay una triste máquina de café automático, rara avis en Siam, con unas playeras sillas de plástico y mesas oxidadas.

A la mañana siguiente, Nicky nos dio los buenos días con una sorpresita. Envió una foto donde se veía un facturón de 35.000 bahts (casi mil euros) donde se detallaba el pago de unas cuantas copas a precios que me provocaron pesadillas, junto sospechosos detalles de servicios de compañía. “Chicos, ¿alguno sabe si puedo ir a reclamar esto a la policía? Me he levantado con una resaca de caballo y esta factura pagada con tarjeta en el bolsillo”, nos dijo muy enigmático el chino-siamés.

Obviamente, Nicky no se fue a casa después de gastarse con nosotros sus ocho dólares por cerveza y cerdo a la brasa. Según él, bajó la ventanilla del taxi mientras subía por Thong Lor para poder fumar tranquilo y, parado en un semáforo, se le acercaron dos señoritas en paños muy menores para invitarle al nuevo club de moda en Thong Lor. Como si la camiseta y su promesa del futuro six pack hubieran hecho su trabajo.

—Eran muy guapas, me dijeron si quería tomar algo con ellas…
—A ver, Nicky —le contesté—, ¿pero tú no te ibas a casa? ¿Dónde te metiste?
El sitio ese nuevo, Krystal.
—Eso es un lounge carísimo lleno de altos mandos de la policía y gente del Gobierno.
—Es imposible que me haya gastado tanto dinero, solo compré una botella y estuvimos allí bebiendo.

Nicky había dejado que se la clavaran en Krystal, el que hasta hace un mes fue el más popular de los lounge de Bangkok para aquellos de bolsillos muy opulentos. Con decoraciones de discoteca cara, todo lounge emula a los hostess bars de Japón, solo que al estilo tailandés.

Dichos locales son clubes muy lujosos donde se paga por la compañía de chicas supuestamente muy guapas que al personal le masajean el ego en lugar de la entrepierna. Se paga por las bebidas, por la comida y ante todo por la compañía de las damas, cuyo trabajo es que el alcohol se acabe cuanto antes, ya sea logrando que el cliente engulla como un poseso o porque ellas mismas se pongan como las cabras.

Krystal Club Thong Lor

Krystal, además de zona de copas y sofás, tenía un escenario en su zona principal.

Este tipo de lugar de entretenimiento hace que casi cualquier occidental tuerza el gesto, sobre todo cuando ve que el coste de las bebidas puede ser de hasta diez veces el de una discoteca normal. Y todo para que, al final, uno se vuelva a casa con el rabo entre las piernas tras mucha charla y poca marcha.

Pero a los asiáticos muy acaudalados les encanta jugar a hacerse los ligones con jovencitas de portada de revista. Regresan a su hogar felices y con el ego por las nubes, como el adolescente al que la chica de sus sueños le da un pico en los labios. Del dineral invertido mejor correr un tupido velo.

Nicky, muy cabezón él, dijo que aquello no podía ser. Así que esperó a que reabriera el Krystal y allí se plantó, con su factura de mil euros y su extracto bancario. Con una sonrisa que difícilmente podía saberse si era de amabilidad o recochineo, la gente del lounge club le enseñó la carta de bebidas y señalaron la botella de casi 400 euros que compró. Sorprendido, pidió un detalle de todo lo demás.

Al cabo de un rato, el buen Nicky estaba viendo las imágenes grabadas por la cámara de seguridad donde, tras ventilarse media botella junto a una señorita, se le veía luego rodeado de otras cinco que no paraban de pedir fruta, refrescos y hasta un peluche con forma de corazón. Le habían hecho comprarlo para hacerse la foto. Ellas sonreían mirando a la cámara, él trataba de señalar, cogorza mediante, la promesa de futuras abdominales que se leía en su camiseta. Se había quitado las chanclas y cogía rocas de hielo con la mano para refrescarse la cabeza. Luego llegaron más copas y, finalmente, se vio a mi colega firmando la dolorosa.

A estas alturas de la historia, más de uno estará pensando qué carajo tienen que ver con el Covid la epopeya de mi querido Nicky perdiendo los papeles frente a un puñado de engatusadoras o el garito callejero donde íbamos a beber cerveza y comer por tres pesetas. Y sin embargo, la docena de párrafos anteriores dicen mucho sobre cómo la pandemia, que había dejado a Tailandia al margen, se ceba ahora con el país.

Calle de Tailandia crisis

Una imagen del pasado año. Tailandia disfrutó de muchos meses sin contagios oficiales, si bien la economía se hundió.

Durante la segunda mitad del pasado año, este país fue un oasis frente al Covid, donde todo estaba abierto y la vida era igual a los tiempos antes de la pandemia.

Ahora mismo, en cambio, hay gente que agoniza en su casa esperando que a una ambulancia que nunca llega. Miles de personas son forzadas a hacinarse en pabellones donde duermen en camas de cartón. Los negocios han sido clausurados y las tiendas de conveniencia cierran a la noche, se imponen toques de queda y multas muy elevadas por no usar mascarilla y hasta los parques están a cal y canto.

Mientras, el principal hospital público del país tiene colas de gente a las 4 de la madrugada para hacerse las pruebas, ya que solo dispone de tests para un centenar de personas. Las 64 ambulancias que circulan en Bangkok son insuficientes para asistir a los centenares de personas positivas que aparecen cada día y esperan en sus hogares, y el Gobierno dice tenerlo todo bajo control, para luego asegurar que en dos semanas habrá vencido al virus.

A las vacunas, además, ni se las espera. Al menos a las buenas. Solo un 1% de la población ha sido inmunizada y en su mayoría se ha hecho con Sinovac. Precisamente, la vacuna que las autoridades siamesas tratan de defender a capa y espada como de máxima eficacia. Aún cuando hasta en China han puesto en duda que sirva de mucho.

Y en todo esto tiene muchísimo que ver la mano de los hombres poderosos de Tailandia, esos para quienes las leyes son diferentes, junto a esa dulce ilusión de pensar que algo te está saliendo muy bien cuando en realidad es una mentira que te niegas a ver. Lo mismo que ocurría cada noche en un garito de mentiras afinadas y precios afilados como era el Krystal de Thong Lor.

Solo que, esta vez, el Krystal no sirve solo de ejemplo. Y es que la crisis sanitaria que vive Tailandia empezó, curiosamente, dentro de las paredes del exclusivo club de caballeros de Thong Lor, donde muchos respetuosos señores iban a ensuciarse las manos.

 

Del ‘oasis siamés’ sin contagios al regreso del virus

 

Policía Tailandia Covid19

La policía de Thong Lor, que tiene demasiada fama de codiciosa con lo de las mordidas, desinfecta su comisaría.

En Tailandia algo se hizo bien el año pasado. Quizás fuera que en enero los tailandeses ya llevaban mascarillas de forma masiva mientras la OMS decía que era innecesario. O que la genética de los siameses y el clima del país frenaban el contagio y minimizaban los síntomas. Pudo influir también el miedo de una población acostumbrada a golpes de Estado y catástrofes que acata las normas rápidamente. Su diligencia frente a las medidas de control fue clave sin duda.

Quizás nadie pueda explicarse el motivo del éxito con claridad, pero lo cierto es que funcionó. Así lo explicó el New York Times en verano a través de un buen artículo en el que se dejaba claro que Tailandia se había escapado del drama mundial casi de chiripa, pero que sin duda lo hizo. Los hospitales nunca se llenaron y los contagios oficiales bajaron muy rápido.

Vale, se hacían muy pocos tests y los números estaban sin duda manipulados como hace un año conté en carne propia y de manera muy extensa por estos lares. Pero quedó claro que aquí la pandemia era mucho menos pandemia. Y disfrutamos de una segunda mitad de 2020 libre de infecciones.

Buena parte de la prensa internacional alabó el esmero del Gobierno siamés y hasta la Organización Mundial de la Salud vino a grabar un documental de cómo se combate la pandemia basado en el caso tailandés. Flaco favor se le hizo al país, ya que todo eso lo que hizo fue agrandar el ego de aquellos que están en el poder, haciéndoles creer que eran merecedores de la hazaña y llevándoles a bajar la guardia.

Prayuth Covid

Imagen promocional ofrecida por el Gobierno hace un año en relación a la guerra contra el Covid.

Como país en el selecto grupo de lugares libres del Covid -donde están otros estados como Taiwán-, Tailandia impuso durísimas restricciones de entrada, obligando a todo viajero a pruebas varias y, sobre todo, a pagarse una costosa cuarentena de dos semanas en un hotel vigilado con personal hospitalario. ¿Extremo? Quizás, pero sin duda exitoso para mantener el virus lejos del país.

Orgulloso, el Gobierno liderado por el golpista – si bien revalidado en unas cuestionables elecciones– Prayuth Chan-ocha se desentendió de lo de hacerse acopio de vacunas. El primer ministro dijo poder tomárselo con la calma gracias a la buena gestión de combate contra el Covid y puso todos los huevos en un contrato opaco con AstraZeneca y unas pocas dosis compradas a Sinovac. Al fin y al cabo, las medidas de contención funcionaban y el virus no tenía por donde colarse, ¿o sí?

Pues se coló en el país. La segunda ola llegó al país a finales del pasado año a través de la frontera con Myanmar, país que antes de lidiar con el golpe de Estado de febrero estaba enfrascado en combatir el Covid. El virus fue traído primero por señoritas que iban a trabajar a lugares de bajas pasiones en el país vecino y cruzaban por la jungla. Pero fue importado masivamente por trabajadores birmanos que demandaba la industria tailandesa y que cruzaron a pie por pasos fronterizos clandestinos.

Pronto, el país empezó a tener picos de infección muy superiores a los de marzo del pasado año y Samut Sakhon, donde la industria de la gamba siamesa está movida por empleados birmanos, se convirtió en un foco de contagios. Lo conté detalladamente en este reportaje.

Los poderosos, muy bravos ellos, echaron la culpa a las pobres gentes que venían a trabajar en empleos que ningún tailandés quiere y por muy poco dinero. La autoridad aglutinó a los infectados en centros de refugiados rodeados -en algunos casos- con alambre de espino, mientras que a los contagiados tailandeses o residentes de otras nacionalidades los atendían en los hospitales públicos.

¿Y qué hay de los empresarios ricos que se buscaron la manera de traer a los birmanos por tierra y sin medidas de seguridad? ¿Y de los oficiales de inmigración que hicieron la vista gorda y dejaron que aquello fuera un coladero? Se anunciaron reprimendas, pero en realidad nunca se hizo nada contra ellos ni se les detuvo. El marrón se lo comieron los extranjeros que menos tienen.

Nuevamente, Tailandia logró aplacar los contagios en los dos primeros meses del año con medidas menos drásticas que las de 2020, aunque no con la eficacia de antaño. Seguía habiendo unas pocas infecciones diarias, pero se había vencido nuevamente al virus.

Y sin embargo lo peor estaba por llegar y, ahora sí, sería imposible cargarle el muerto a los de abajo.

 

Los ricos también lloran contagian

 

Limpiador bares covid Bangkok

Un bar de Thong Lor es desinfectado tras el brote en el barrio. Foto: Bangkok Post.

A finales de marzo me llegó el rumor de que una de las chicas más populares de Krystal, aquel garito sacacuartos donde desplumaron a mi querido Nicky, se había contagiado. Pero se decía mucho más: quienes habían hecho correr el chisme aseguraban que la joven había intimado en el club con gente muy importante. Incluso con algunos de los más capos del país.

En realidad, era normal que si el virus llegaba a Krystal salpicara a las altas esferas. El fiasco que vivió mi colega Nicky en Krystal no fue porque le quisieran timar mil euros. Es que los precios que allí se manejan son aptos no solo para los bolsillos más pudientes, sino también para aquellos a quienes no les importa derrochar porque, claro, cobran de los impuestos de todos.

Altos cargos políticos, capos del ejército, empresarios con muchos amiguetes en el poder y diplomáticos eran habituales en Krystal, sobre todo porque el lugar era ideal para la discreción. Pese a la ubicación en Thong Lor, estaba fuera del alcance de la vista de la mayoría y tenía un parking exclusivo y secreto donde quienes quisieran ir destrangis lo tenían bien fácil.

El club ofrecía para estos hombres de buena reputación salas privadas a las que accedían sin que nadie pudiera verles, donde podían montar su fiesta privada a cambio de pagos aún mucho más elevados. Y allí, más fácilmente, los clientes ya podían negociar servicios sin impuestos con las trabajadoras del lugar.

Sala privada discoteca Bangkok

Uno de los salones reservados que Krystal anunciaba, en una foto cedida por el local.

¿Cómo llegó el Covid a Krystal? Según lo que ha podido saberse, el virus se estima que lo portó un grupo de empresarios conectados con las autoridades, gente acostumbrada a los excesos y a derrochar. En marzo, se desveló, los supuestos acaudalados hombres visitaron la frontera de Tailandia con Camboya para pasar unos días jugando en un casino, algo que es tremendamente ilegal aquí pero común al cruzar al país vecino.

Evidentemente, al regresar a Tailandia estos hombres buenos -así llaman algunos a los poderosos- no hicieron cuarentena alguna. Simplemente, pagaron a los oficiales de turno para que no dijeran nada.

El problema es que a Camboya, por aquel entonces, había llegado ya la variante británica, que es la que luego brotaría en Thong Lor. Porque, claro, tras su visita al casino estos tipos luego frecuentaron Krystal. Al menos si damos por buena esta teoría de cómo el opulento club se convirtió en un clúster de contagios de una cepa que no existía en Tailandia, país cerrado a cal y canto.

En realidad, dicha teoría es la que se acepta a nivel general, incluso en algunos medios gubernamentales. Los que mandan no se han pronunciado al respecto, pero tampoco han dicho que no haya sido así.

Volviendo al Krystal, lo vivido en el popular garito de copas para señorones con la llegada del virus fue una escabechina y allí se infectó hasta el apuntador. Los que limpiaban, las camareras, quienes regentaban las cajas registradoras y hasta la banda de música. Y, por supuesto, casi todas las acomodadoras cuyo trabajo era hacer sentirse cómodo al personal.

Tailandia, hasta entonces, desconocía la variante británica. Y, aunque es pronto para decirlo, parece ser que esta sí es muy contagiosa entre los siameses.

Prueba PCR Covid Tailandia

Una prueba de Covid reciente en relación al contagio de Thong Lor. Foto: Pongpat Wongyala / Bangkok Post.

Muy pronto, la lista de infecciones llegó a todos los bares de moda de Thong Lor, a los restaurantes e incluso al más popular centro comercial de la zona. Actores y actrices, cantantes y gente del mundillo público pronto anunciaron estar infectados, ya que suelen moverse por el barrio pijo de la ciudad.

Pero el momento capital fue cuando el propio Gobierno tuvo que anunciar contagios en su núcleo central. Y pronto dieron un nombre de un infectado en las altas esferas, el de Saksayam Chidchob, ministro de Transporte y aliado de partido del titular de Sanidad, Anutin Chanvirakul.

El ministro, claro, dijo no haber estado en Krystal, pero algunos de sus subordinados -también contagiados- informaron que fue él quien les llevó al lugar de marras. Ahora el político dice haber tomado medidas legales contra quienes han vulnerado su honor, pero a nadie se le escapa que hay gato encerrado y en los medios se da por hecho que el alto político se fue de bajas tentaciones.

Más honesto fue el Embajador de Japón en Bangkok que, tras conocerse que había dado positivo por Covid, se hizo un harakiri público y anunció que él sí que iba con frecuencia a Krystal. Por asuntos laborales, obviamente, comentó el diplomático.

Prueba PCR Covid Tailandia tercera ola

Khaosan pasó de ser el lugar de mayor diversión en Songkran para convertirse en un centro de pruebas PCR durante la festividad de año nuevo. Foto: Reuters.

La respuesta del Gobierno no fue inmediata y aquí vieron que su estrategia hacía aguas por todos los frentes. Acostumbrados a poder mantener el tipo y controlar los números con un numero concreto de pruebas PCR, les fue imposible. Porque la segunda ola de enero había  estallado sobre trabajadores inmigrantes, pero este brote de abril se daba entre las clases pudientes.

Los tests se multiplicaron y con ellos las cifras de contagio. Y aquí es donde las autoridades demostraron que su capacidad de hacer frente al Covid era quizás limitada. El éxito del pasado año, ahora ya dicen muchos, se debe más a los esfuerzos de la población y a otros factores externos como la suerte, el clima o la genética.

Al producirse los contagios antes del año nuevo tailandés, el Gobierno se las vio crudas. Y finalmente decidió no cancelar más que la fiesta del agua tan característica de esos días. Por lo que permitió el viaje entre provincias para que quienes viven fuera de casa pudieran visitar a los suyos. Así que el virus pudo viajar desde Bangkok hacia todo el país.

 

Sin estrategia frente al contagio de la tercera ola de Covid

 

Kolour Beachside 2021 Phuket Cafe del Mar Covid

Fiesta Kolour en Café del Mar Phuket, el pasado 3 de abril.

La imagen sobre estas líneas pertenece a la que se ha conocido como “la fiesta del Covid” en Phuket. Fue el pasado 3 de abril y demostró lo poco que importaba la pandemia en Tailandia. Tanto la organización Kolour Beachside como Café del Mar -donde se alojó- subieron fotos y vídeos por doquier del lugar hasta la bandera y sin caber un alfiler. Tapujos ninguno. Y mientras ya se conocía el desastre de Thong Lor.

Al menos cuatro personas que trabajaban en Krystal reconocieron ir a dicha fiesta sin saber que ya estaban infectados. A mitad de abril, Phuket ya se consideró como zona de alerta máxima y se tuvo que buscar a los asistentes al evento, ya que fue un foco de contagio y salió demasiado en las noticias. Por supuesto, los organizadores borraron todo rastro del festejo en sus redes sociales cuando las autoridades hicieron un llamamiento a todos los asistentes para que pasaran por un hospital para que les penetraran las fosas nasales con un bastoncillo.

¿Tienen la culpa de todo esto Café del Mar y Kolour? No, claro que no. Al menos no tienen toda la culpa y simplemente estaban haciendo lo mismo que el resto del país. Las discotecas en Bangkok estaban obligadas a cerrar a las 23 horas, por ejemplo, pero uno podía irse de copas y bailes hasta bien entrada la mañana si quería. Y además sin pudor a la vista de cualquiera, reinaba la normalidad. Porque, claro, a la policía el Covid le importa menos que seguir facturando lo suyo.

En Thong Lor, no obstante, el caso fue tan sonado que se le ha metido una multa astronómica a Krystal por abrir más allá de la hora permitida. Si no hay sorpresas, debería clausurarse el lugar durante cinco años, pero veremos si esto sigue en pie cuando el panorama mejore. No en vano dicho club era el patio de recreo de los que mandan.

También se despidió a dos altos cargos de la policía del barrio lujoso por hacer la vista gorda ante los incumplimientos horarios de las discotecas. Hay que poner en cursiva lo del despido, ya que en realidad es que los envían cobrando el total de su sueldo a calentar una silla en un despacho. Y es que el castigo a los corruptos en Tailandia no es dejarlos en la calle, sino dejarles una temporada en un lugar donde no puedan cobrar mordidas y permitirles que se lleven su mensualidad íntegra sin hacer ni el huevo. En lugar de suspensión de empleo y sueldo es más bien una suspensión de tareas y sobresueldo.

Inmigración Bangkok

Una imagen de las colas en inmigración en abril para realizar el informe de residencia obligatorio cada 90 días. Lo normal era hacerlo por Internet, pero la web llevaba meses caída durante la nueva oleada de Covid. Ahora han espabilado a subirla de nuevo a toda prisa.

También es cierto que hubo mala pata con lo de las fechas. Y es que un gobierno puede decir que le ha tocado la china si frente a la semana de vacaciones más importante del calendario le explota en la cara un brote de Covid. Más que nada porque esa china fue la que le cayó también a China cuando, en 2020, se vio frente a la celebración de su año nuevo, el momento del calendario lunar en que sus gentes salen fuera de casa para viajar y gozar por otras regiones del país o del extranjero.

Esa misma china fue la que sacó el gobierno de Prayuth este mes de abril cuando, en pleno auge de contagios, tuvo que decidir si mantenía la festividad del Songkran, el Año Nuevo de Tailandia, que este para muchos trabajadores fue de hasta nueve días libres en mitad de abril. Inciso: el pasado año, el líder siamés canceló los festivos nacionales del Songkran y cerró las fronteras entre provincias. Y eso con solo una décima parte del número de casos de este 2021.

Prayuth no se vio con cuerpo de cancelar las vacaciones de Songkran -en realidad ni siquiera anuló las suyas- y simplemente impuso una serie de restricciones en las provincias con contagios. Sin embargo, la realidad era que legalmente cualquiera podía coger un coche o un vuelo y salir de Bangkok para ir a cualquiera de las regiones que no tenían ni un solo contagio. Y eso es lo que hicieron unos pocos millones de personas, según cifras de la Autoridad del Turismo de Tailandia.

 

Hospitales desbordados y el Gobierno de vacaciones

 

Atasco en Koh Chang

Atasco de coches en el puerto de entrada a la isla de Koh Chang, en el primer día de Songkran. Foto: Bangkok Post.

Recuerdo levantarme el lunes de la semana festiva de Songkran y encender la televisión pública. En una mesa redonda, un representante del Gobierno hablaba de lo bien controlado que estaba el Covid. Mantenían la estrategia de hospitalización de 2020, que consistió en admitir a todos y cada uno de los infectados en los centros sanitarios, incluso a los asintomáticos. Como si hubiera espacio para todo el mundo si se hicieran tests masivamente.

“Basta con llamar al teléfono de asistencia del Gobierno y se indica a qué hora pasará la ambulancia a buscar al posible paciente que afirme encontrarse mal”. Entonces, el presentador del programa dio paso a la llamada telefónica de un contagiado que llevaba tres días sin lograr que le atendiese dicho centro gubernamental. Dejaron al tipo del ministerio de Sanidad tan a la altura del betún que gritó que aquello no era verdad. Pero el presentador, astuto, dijo que probarían ellos a llamar. No hubo respuesta.

Más allá de la comedia, hay que destacar que se trataba de una tertulia alojada en la televisión pagada por un Gobierno que encarcela a sus contrarios. Y los reporteros no se cortaron. Pero es que la realidad era que, ya entonces, los hospitales estaban desbordados. Al tratar de internar hasta a los asintomáticos por eso de controlar que no infectaran a otros en su intimidad, en seguida se quedaron los centros sanitarios sin camas.

Entonces fue cuando montaron los hospitales de campaña. Unos recintos hospitalarios gigantes para hacinar a todos aquellos con casos poco complicados y casi que abandonarlos a su suerte. Lo más rocambolesco fue cuando, por falta de literas, crearon unas camas horteras de cartón. Obligaban a los contagiados -y aún a día de hoy lo hacen- a llevar sus mantas.

Hospital Tailandia Covid

La estampa de los hospitales de campaña, con sus camas de cartón, en una imagen televisiva.

A partir de ahí arrancó una semana de Songkran en la que los despropósitos se iban repitiendo hora tras hora. Mientras muchísimos siameses que trabajan en grandes ciudades viajaban de regreso a sus provincias lejanas, los casos iban en aumento. Por su lado, el sector médico avisaba que la variante británica podía llevar al país a unos contagios masivos.

Fue en Songkran cuando se rompió la barrera de los mil casos diarios, lo que en la mayor parte del mundo desarrollado puede verse como algo ínfimo, pero que en Tailandia supuso un hito. Eso sin tener en cuenta el problema de la incapacidad de realizar tests. El pasado año, cuando yo fui diagnosticado con Covid tuve que pelear mucho y pagar casi 200 dólares de mi bolsillo para que me hicieran la prueba en un hospital público, ya que el sector privado tenía prohibido realizar PCR por entonces.

Ahora mismo, salir de dudas era mucho más fácil, ya que cualquiera podía ir a un centro de pago y hacerse el test en minutos. Pero con el aumento de casos, los hospitales privados -muy listillos ellos- dijeron no poder hacer más pruebas. El motivo era que si salía un positivo debían admitirlo, tuviera dinero o no. Y la prioridad en la medicina privada ya sabemos cuál es.

A pocos se les escapa que no se hacen suficientes pruebas y es fácil conocer a alguien a quien en el hospital, tras llegar allí con todos los síntomas, le han dicho que se fuera a casa sin prueba pero obligado a encerrarse en casa 14 días.

Un ejemplo de la escasa disponibilidad de tests está en lo avanzado previamente sobre el prestigioso hospital Chulalongkorn, donde yo estuve internado hace un año. El centro, que es uno de los mayores expertos del país acerca de esta enfermedad, dispone solo de cien PCR diarias y a las 4 de la madrugada ya hay gente haciendo cola para solicitar la prueba. Porque si esperas en casa a que te cojan el teléfono, las opciones de que te acepten son muy pequeñas.

Desinfección Covid Tailandia

Imágenes oficiales del Departamento de Relaciones Públicas para demostrar que desinfectaban… las montañas.

Las redes sociales, hay que decirlo, estuvieron y siguen estando muy divertidas. Sobre estas líneas, uno de los mayores esperpentos públicos de quienes tienen puestos de poder. Dichas fotos fueron publicadas en el Departamento de Relaciones Publicas del Gobierno en su Twitter oficial, donde uno puede seguir las cifras de contagio de forma oficial.

Lo que se ve en esas fotos es cómo desinfectó el Gobierno los pasos fronterizos ilegales de Tailandia con Birmania. Y se esmeraban “roca a roca”, decían. En mitad de la tercera ola, que no había nacido allí, los había que seguían erre que erre con echarle la culpa a los trabajadores inmigrantes y a los pasos fronterizos ilegales. Además de eso, la comunidad médica se echó las manos a la cabeza porque, bajo ese solano a 40ºC, el virus lo tenía crudísimo para sobrevivir. Sobre todo porque son lugares deshabitados y dichos recursos podían haberse destinado a algo útil.

Todo esto es normal, ya que el Gobierno busca un respiro en forma de propaganda de relaciones públicas. Vamos, quiere mostrar al público que está haciendo lo correcto. Y, en todo ello, lo de echarle la culpa a los extranjeros también es una opción.

Cuarentena Covid Tailandia

Porque si bien la mayoría da por buena la idea de que la variante británica llegó desde Camboya -también la comunidad médica lo estima así-, las autoridades no gustan de dicha versión. Para ellos, es más factible que haya venido a través de los extranjeros que hacen dos semanas dentro de un costoso hotel vigilado, como si el virus hubiera sobrevivido sin salir en las pruebas durante al menos 16 días.

Quizás por ello, y para dar una base científica a dicha argumentación, el Gobierno ha decidido que los extranjeros que quieran entrar en Tailandia deberán pasar dos semanas encerrados en un hotel a partir de hoy primero de mayo. Dicha cifra fue la normal durante meses, hasta que se recorto a 10 días en abril. Ahora que el auge de contagios se produce de manera local, se endurecen las condiciones contra los de fuera.

 

Medidas de choque contra el brote de Covid y las expectativas

 

Monje Tailandia Covid

Un monje orquesta una ceremonia religiosa ataviado de dicha guisa, en una imagen emitida por TNN.

El Departamento de Control de Enfermedades de Tailandia dijo hace un par de semanas que, sin medidas drásticas, el país podía verse en mayo con un volumen diario de contagios de hasta 28.000 casos diarios. Y en aquel momento, en mitad del Songkran, solo había algunas prohibiciones en las provincias marcadas en rojo.

Durante las vacaciones, Prayuth anunció una reunión de emergencia. Pero lo hizo para después de los días festivos, ya que el descanso era sagrado. Y cuando habían vuelto los tailandeses a sus hogares, puso en marcha unas restricciones casi a nivel estatal. Además de cerrar las áreas de entretenimiento nocturno y prohibir el alcohol en los restaurantes, no se podía cenar fuera de casa más allá de las 21 horas. Y los 7 Eleven y toda tienda de conveniencia debía cerrar una hora antes de la medianoche.

Estas medidas se han ido endureciendo hasta estar muy cerca de la situación del año pasado. En la última semana de abril, Bangkok, Chiang Mai y otras provincias muy afectadas han anunciado que prohíben operar a los restaurantes a partir de hoy 1 de mayo, que solo podrán servir a domicilio. Gimnasios, parques, centros de masaje y piscinas llevan dos semanas cerrados al público.

La estrategia de control es cuando menos errática, con  muchos tipos supuestamente importantes diciendo lo suyo y a veces sin pensarlo. Una de las medidas que a uno le hacen torcer el gesto es la de minimizar la cifra de autobuses en circulación, ya que la provincia de Bangkok decidió que, para fomentar que la gente trabajara en casa, lo ideal era forzarlos poniendo los servicios de bus bajo mínimos. Obviamente, lo que ocurrió fue que se crearon enormes colas -con distancias sociales- para esperar a los escasos transportes disponibles. Y luego aglutinaciones dentro de ellos, sin distanciamiento posible.

Autobuses Tailandia

Imágenes de las esperas a los autobuses y del colapso dentro de ellos, en unas imágenes cedidas por The Standard.

¿Hasta cuándo se mantendrán las restricciones? No se sabe. Los más optimistas dicen que en dos semanas se relajarán las medidas y que los contagios habrán bajado. Ojalá. El mismísimo Anutin, ministro de Sanidad, es de esa opinión. Los pesimistas temen que algo similar a lo de India ocurra en Tailandia, pero eso a mí se me antoja como una pesadilla casi imposible de suceder.

Yo no me mojo y simplemente espero que no tengamos que lamentar muertes como la de un tipo popular en Internet que no pudo ser hospitalizado a tiempo, caso del que se hizo mucho eco por representar lo que estaba pasando. Su caso es el de demasiados: aquellos con síntomas se quedan en casa, enfermos, llamando al número oficial de emergencias todo el rato. “A todos aquellos que dicen que no les cogemos las llamadas, les pedimos que lo sigan intentando”, dijo una representante del ministerio de Sanidad esta semana. En demasiados casos, pasan la enfermedad en casa antes de que les atiendan para hacerse la prueba.

 

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Lo que sí podemos ver de manera clara es el baile de cifras a diario. Hasta el 24 de abril subieron y rozaron ese día los 2.900 de manera oficial. Desde entonces bajaron y ya están en menos de 2.000. Si los contagios siguen en descenso será gracias a la población siamesa, siempre tan precavida, y también a las restricciones actuales.

Bueno, y la forma en la que se realicen los tests también influirá en el número de marras. No obstante, el Centro para la Seguridad del Covid19 ha hablado hoy y ha dicho que el pico de contagios ya ha pasado y que vamos de camino a derrotar al virus nuevamente. Ojalá sea así.

Los ánimos, no obstante, no son buenos. Mayo ha empezado con más de dos decenas de muertes registradas oficialmente, entre ellas la de un famoso cómico cuyas películas han hecho reír mucho a los siameses. Y si buscamos a ilustres contagiados, tenemos al carismático peleador Saenchai, cuya imagen tres párrafos más arriba confirma estar combatiendo al virus.

 

Epílogo: ¿Y qué hay de las vacunas?

 

Cierre de bares por Covid en Tailandia

Lo importante del cierre de bares, para los agentes, es hacerse la foto, como ocurrió en esta instantánea de la primera semana de abril. Eso no quita que Bangkok tenga muchísimos bares que se saltan las prohibiciones a la torera, mordidas a la policía mediante.

Al Gobierno le han caído muchos palos en esta tercera ola. Tanto, que se estima que hay una guerra secreta entre el ministro de Sanidad y Prayuth, echándose la culpa el uno al otro. En relación al primero, incluso se orquestó una campaña popular pidiendo su dimisión que, tras obtener demasiadas firmas, hizo que algunos hospitales públicos colgaran pancartas en sus fachadas donde se leía Save Anutin. Lo vergonzante fue que bastantes sanitarios dijeron que fue el ministerio quien les obligó a ello.

Dicho hecho muestra el enorme desgaste del Gobierno. Pero más flagrante fue cuando el lunes empezaba la obligatoriedad de llevar mascarilla en todo lugar público y en la calle, y una de las primeras multas se la llevó el mismísimo Prayuth. El equipo del propio líder subió una foto a la cuenta de Facebook del primer ministro donde se le veía dirigiendo una reunión clave para discutir la vacunación. En ella, todo el mundo iba protegido menos Prayuth, a quien no le importó no dar ejemplo.

El gobernador de Bangkok fue a visitar a Prayuth junto a la policía y le endosó una multa de 6.000 bahts, algo inédito en un país donde los que mandan suelen irse de rositas. Sobre todo cuando se trata de un líder golpista que se hizo con el país por las armas hace siete años. Pero el clima político está tremendamente enrarecido y al capo de la capital no le quedó otra para tratar de demostrar que no hay dos estándares.

La gestión del Gobierno está siendo criticada enormemente en estos días. No solo se pide el cese del ministro de Sanidad, sino que se cuestiona cómo Prayuth plantea compensar a todos los empleados que vuelvan a la cola del paro debido a esta tercera ola. Por no hablar de los empresarios que se quedan sin dinero.

Titanium Bar Bangkok

Titanium fue el primer local de la noche turística de Bangkok que tuvo que cerrar para siempre debido al Covid, en este caso tras 15 años abierto. Fue precisamente hace hoy 12 meses, el primero de mayo de 2020, cuando tuvo que cerrar por no poder afrontar las rentas.

No obstante, donde más palos ha recibido el Gobierno fue en la gestión de las vacunas. Engrandecido por la buena prensa de su estrategia para hacer frente al Covid, el Ejecutivo de Prayuth se tomó la libertad de poner todos los huevos en la misma cesta y apostó todo a la carta de AstraZeneca. Fabricación local en una empresa joven en propiedad de la corona. ¿Qué podía salir mal?

El primer ministro anunció que la mitad de los tailandeses serían vacunados durante este año, lo que para él era una cifra “suficiente”, ya que el virus estaba bajo control según su óptica. Además de la vacuna de Oxford, también se acopió el país con un par de millones de dosis de Sinovac. Con eso, decían, bastaba.

La tercera ola lo ha puesto todo patas arriba. Ahora, deprisa y corriendo, el ministerio de Sanidad está tratando de acelerar la vacunación. Dicen haber acordado la adquisición de las referencias de Pfizer y Sputnik, pero no se sabe ni para cuándo ni cuántas llegarán.

Policía bar cerrado Tailandia

La policía clausura un bar en Koh Chang, cuando aún no había prohibiciones en la isla

Los hospitales privados, se dijo, podrán hacerse acopio de vacunas y ofrecerlas a un precio moderado. Pero tras una primera intentona del prestigioso Bumrungrad de ofrecer cada dosis de Sinovac a más de 120 euros al cambio -cuya oferta no atrajo demanda alguna-, el ilustre Samitivej lanzó esta semana una patética opción para especular con las vacunas en pandemia.

Como los precios de la inmunización han de ser razonables, el Samitivej se inventó un club de vacunación en el que, por 20.000 bahts (unos 540 euros), te ponían un combinado de muchísimas vacunas. Difteria, encefalitis japonesa, tétanos, fiebre tifoidea… y, como si no importara, al final se mencionaba también las dos dosis para protegerse del Covid. Y nada menos que con Pfizer.

No duró ni un día activo el plan del Samitivej. El centro demostró que, pese a estar entre los cinco mejores hospitales del mundo para turismo médico, lo que le importa es facturar. Y de la misma forma que allí te cobran por un ibuprofeno cinco veces de lo que vale en la farmacia, no iban a dejar pasar la oportunidad del Covid para sacar tajada. No obstante, tuvieron que dar marcha atrás cuando las autoridades les dieron un toque.

Vacunación Covid Tailandia

Foto cedida por la trabajadora de un club de caballeros en Thong Lor. En mitad del brote en el barrio, el Gobierno dejó de vacunar a la población de riesgo y a los sanitarios y centró sus esfuerzos en la gente dedicada al mundo de la noche. Como si con las primeras dosis de Sinovac pudieran proteger a quienes ya podían estar contagiados o convivieran con quienes tuvieran el virus.

Veremos si acaban llegando las vacunas al sector privado y, si lo hacen, a qué precio lo harán. Los extranjeros residentes en Tailandia deberíamos tener acceso gratuito algún día a las vacunas, pero se desconoce si eso será para todos los que tengan un visado de larga duración, los que paguen impuestos o los que tengan la durísima residencia permanente.

De momento, apuntarse en la lista de espera de vacunas es imposible para los extranjeros. Pero esto puede cambiar muy pronto y se insiste en que los extranjeros serán vacunados. Es más, se dice que alguno ya lo ha sido en las zonas turísticas.

Lo que desconocemos si finalizará pronto es este brote de Covid, que pinta mucho peor que los anteriores. Los expertos son muy pesimistas, pero Tailandia ha demostrado en otras ocasiones que la población es capaz de hacer esfuerzos para contener el contagio. Lo verdaderamente importante, opino yo, será siempre que no tengamos que lamentar demasiadas muertes. Y que todos pongamos de nuestra parte, claro.

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10 comentarios

  1. Chao chuu dice:

    No te has dejado nada. Gracias por la información

  2. Jaime 68 dice:

    Muy buen articulo. Bueno, como siempre.

    Saludos.

    .

  3. Carlos Cesar dice:

    Se te echaba de menos espero que no pase mucho más tiempo para disfrutar de Bangkokbizaro

  4. Aron dice:

    Ohh el chino siamés vaya que si se la pego en ese bar…… Jajaja
    Es verdad a veces la borrachera le borra a uno la memoria a veces me pasa que no me acuerdo de nada pero creo que en mi viaje a 🇹🇭 tenia una buena billetera para ir a ese lugar y quizás otros de thong lor y no se me ocurrió nada exclusivo por que no se desde mi punto de vista y quizás por ser mi primera vez 🇹🇭 fue todo exclusivo para mi donde pisaba jajajja

    Hay mujeres muy bonitas por todos lados.
    Pero eso que solo le acompañen sin nada de nada….. Ummm no me parece buena idea.
    Mi ego en ese sentido piensa mas en mi placer no para inflarmelo y que me vean.

    Recuerdo que cuando me fui de copas en el hillary la cantante estaba bastante buena y parece algo de esos lugares de thong lor y una en la calle de pattaya también parecía de esos lugares de thong lor y esa me la lleve al hotel.😂

    Al frente del hostal en sukhumvit 22 en Bangkok donde me recomendaste que me alojará después de llegar de pattaya había una callejón y un local de una masajista con jacuzzi y esa mujer parecía modelo de piel clarita y buenos pecho muy bien se veía. El masaje ofrecía el happy ending 😂👹

    Pero bueno quien sabe si en la próxima me de una vuelta por el thong lor para ver como es.

    Aunque en este viaje creo que se me olvido khaosan road….. 😒Y phuket creo que debería ir en la próxima vez.

    Mira que la idea de las camas de carton me parece buena idea parece una solución rápida y eficaz pero no entendí eso de ir a proteger las montañas por donde inmigran los trabajadores Birmanos….. Jajajja

    Lo de prayuth si me parece que es tipo algo egocéntrico al no usar mascaras y esa multa de 6000 bhats creo que es un precio de risa para el pero la multa y de quien viene no debe ser de un gran agrado si es de parte del ministro de sanidad pues para los ojos de los tailandeses no se ve bien.

    Políticos en Camboya trajeron la variante británica ummm…..
    Si eso puede ser si pagaron para pasar sin ninguna medida de control pues si es un teoría posible realmente.

    Vaya la imagen del monje si que esta bien protegido a ese no se le pega nada….. Jajaj aj

    Creo que al final la astrazeneca no es una buena opción aquí un amigo se vacuno con esa y tiene síntomas de fiebre, dolor de cabeza y siente como si se hubiera ido de parranda con una tremenda resaca.

    Un amigo chino me dice que la sinovac quizás no es efectiva en proteger pero al menos no da síntomas y no hay casos de muertes pero al final no protege muy bien como bien lo dicen las mismas autoridades chinas.

    Si están planeando traer la sputnik o pfizer pues creo que esas son las 2 mejores opciones.

    La pfizer no da síntomas una tía se vacuno con esa.

    En mi país y en el mundo que un ministro de salud me diga que las vacunas tienen una mayor benéficio que un riesgo esas palabras no me convencen es mejor ver el resultado de la evolución del proceso de vacunacion de unas y de otras.

    Un ejemplo es que:

    Astrazeneca y johnson fueron suspendidas en dinamarca ya para mi eso es una mala evolución del proceso.

    Saludos mi estimado
    Suerte y cuídese del covid 19
    A ver si vuelvo por tailandia mientras aquí a veces lujureo las chinitas de mi país haber si alguna se atreve a abrir piernas para ver si me consienten el amuleto falico aizen myo siames que tengo aqui jejej pues realmente son las únicas que me recuerdan algo de allá será por el aspecto físico asiático 🇹🇭

  5. Juan pa dice:

    Aron quien te ha hecho creer que el eres divertido. Realmente eres demasiado estúpido. Ignorante, payazo de feria de pueblo. Muy tonto niño. La próxima piérdete en la selva tonto del culo y que como mínimo te coman los monos. No..mejor que pases largos años en una cárcel tailandesa

  6. alb dice:

    Gracias , por la veraz información que nos envias .
    Yo pase toda la pandemia alli, y todo lo que cuentas es increible pues dado lo meticulosos que fueron al principio , incluso estuve en el hospital para el pcr de vuelta y no habia nadie . Ademas los thais son expertos en desinformar , realmente gracia a tus cronicas conocemos la realidad actual alli . un abrazo

  7. Aaron dice:

    Bueno y quien será más tonto y estúpido? Si yo no escribi en su blog.

  8. Javier dice:

    Luis, cada vez que te leo pienso que deberías hacer novela negra. Gracias

  9. Manute dice:

    Bangkok Bizarro de vuelta siempre es una gran alegría. Buen artículo Luis!

  1. 11 julio, 2021

    […] «Los ricos se van de fiesta y los pobres pagan las consecuencias». Dicha frase en el texto del diario estadounidense la pronunció el representante del barrio de Khlong Toei, afectado enormemente por el brote de Covid de la pasada primavera, que se originó en clubes para bolsillos muy abultados. […]

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