Camboya o el ‘Salvaje Oeste’ del sureste

Camboya Battambang

Ese bello colonialismo destartalado de Battambang.

De niño me crié viendo películas del oeste. Yo le pedía a mi padre me alquilase a Mazinger Z o cualquier cinta de artes marciales, pero eso ocurría de higos a brevas. Lo que nunca faltaba en nuestra casa era el género favorito de mi padre, el far west.  Así que nos dábamos atracones de desiertos, pistolas e indios en nuestro Betamax.

Eso hizo que cuando era un mocoso fantasease con montar a caballo y llevar un revólver. Todo por ver una y otra vez Fort Apache, Río grande o la estelar Duelo de titanes. Aún hoy en día, si me preguntan por un tipo duro y calvo en el cine nombro a Yul Brynner y no a Vin Diesel.

Y si embargo, el tiempo pasa y un día olvidé a esos vaqueros que llegaban a pueblos desconocidos sin querer que se les preguntase por su pasado. A aquellos que se resguardaban del sol en peleas de taberna y luego subían a su habitación con una bailarina la noche antes de batirse en duelo. Un mundo de celuloide que que vino a mi mente cuando fui, precisamente, a Camboya.

A lo que queda del antiguo imperio jemer -así se conoce a la raza camboyana- se le suele llamar el far west de Asia, y razones no faltan para ello. Los caminos eternos, las ciudades que sirven de refugio para quienes huyen de su pasado. También los tiroteos, la falta de leyes y los bares con sus bailarinas.

Especialmente en Nom Pen, la que muchos llaman “la capital más fea del Sureste Asiático” con permiso de la lejana Manila. Aunque su encanto a mí me resulte embriagador. De la misma forma que el alcohol barato y las bajas pasiones a precio de saldo atraen a muchos al país más salvaje del sureste.

Es real para mí el tópico de que Camboya es un país fascinante. Refugio para delincuentes internacionales por sus exiguas leyes de extradición, es el lugar al que muchos llegan para borrar su pasado entre su decadencia colonial. Aunque haya sido su arqueología la que lo haya puesto en el mapa y tantos suspiren con hacer de Lara Croft, guía azul en mano. Aun así, no deja de ser “el Salvaje Oeste” del sureste. Una delicia.

 

Camboya, Reino olvidado y ahora paseo turístico

 

Ruinas Angkor Siem Reap

Las ruinas de Angkor. El motivo que ha puesto al país en el mapa turístico.

Camboya es un país atormentado históricamente. Se refugia en un muy lejano pasado glorioso, en su historia como uno de los grandes imperios del mundo. En cambio, ahora lleva siglos arrinconado por sus vecinos y ninguneado por sus dirigentes. Si hoy en día Camboya es el far west de Asia es en buena parte por esa gloria que ya nunca volverá.

Ya dijimos en su momento que, hace casi mil años, donde se repartía candela era en esta parte del mundo. Mientras la Europa que quedó tras la caída del imperio romano resistía de aquella manera a las pestes y al avance de Gengis Kan, Camboya reinaba. Aunque no se llamaba así por aquel entonces. La tierra de los padres del sureste era conocida como el Reino de Angkor o Kambujadesa.

Hasta que aquel imperio entró en decadencia y los siameses decidieron fundar su propio chiringuito arrasando las riquezas del reino jemer en sus horas bajas. Para cuando España se maravillaba por haber llegado a América, Angkor había perdido su poder y Camboya empezó a sobrevivir como pudo en mitad de dos titanes, las futuras naciones Tailandia y Vietnam. Aquí podéis leer sobre ello.

Con los templos de Angkor abandonados y engullidos por la selva y la nación camboyana entre dos tierras, la historia de los jemeres se redujo a resistir hasta que el país se convirtió en un protectorado francés en la era del colonialismo.

El otro gran hito que condicionó la historia de este reino olvidado fue una de las dictaduras más sanguinarias del planeta. La de los jemeres rojos. Aquellos que decían ser comunistas, pero que cometieron algunas de las mayores atrocidades de la historia moderna. Y si no se ha hablado mucho de ello en Occidente es porque Camboya no importa demasiado en tierras de ojos redondos.

Tuol sleng Phnom Pehn

Vista desde el interior de una las ‘atracciones’ turísticas más populares de Nom Pen, Tuol Sleng. Una escuela que fue reconvertida en prisión y centro de tortura en la época de los jemeres rojos.

Si el pasado imperio de Angkor y lo de vivir como un sándwich entre Siam y Vietnam condiciona la cultura jemer, su sociedad es la que es debido a las gamberradas de Pol Pot y sus jemeres rojos. Es sorprendente -y para bien- que en Camboya aún sonrían los que vivieron aquello tras lo que les hicieron semejantes hijos de puta. Perdonen la expresión.

Se cree que una cuarta parte de la población de Camboya murió entre el 1975 y el 1979 por culpa de esa dictadura roja. Cerca de unos dos millones fueron directamente asesinados, las ciudades se vaciaron y se mandó a quienes vivían en núcleos urbanos a las zonas rurales.

Aún hoy en día es fácil ver a vagabundos por las calles con la cara totalmente deformada. Fue debido el ácido que se popularizó como castigo. También siguen estando los músicos mutilados que, algunos sin piernas otros con los brazos amputados, piden limosnas mientras tocan sus instrumentos. Por no hablar de las minas que aún esperan en los campos.

Campot camboya minas

Un edificio abandonado que me encontré en Kampot. La zona estaba repleta de áreas restringidas por minas antipersonales.

Sólo fueron cuatro años, pero los dictadores dejaron todo patas arriba. Finalmente, Hun Sen, uno de los fundadores y grandes dirigentes de los jemeres rojos, vio que aquello se descontrolaba y fue a Vietnam a pedir ayuda. Les hizo una oferta a sus enemigos a cambio de que el ejército vietnamita entrase en Camboya y acabase con Pol Pot y los suyos.

El tal Hun Sen es hoy en día el primer ministro de Camboya, lo que viene a decir que el destino no está exento de cierta ironía. Y que al muy indeseable no se le cae la cara de vergüenza por estar al frente del país cuando él mismo fue de los que promovieron la mayor atrocidad del Sureste Asiático en tiempos contemporáneos. Tampoco nadie le dice nada.

Ese pasado convulso ha hecho que Camboya sea hoy el lugar que es. Que en la capital llevar pistola sea común y entrar en un bar de neones rojos a la hora del vermut sea algo de rutina, aunque quien anime la mañana en paños menores además de no tener sujetador tampoco tenga dientes. Donde los guardaespaldas profesionales que son contratados para garantizar la seguridad de los políticos extranjeros van en traje y corbata pero calzan sandalias. Que el calor en los pies es muy malo.

Lo que queda del reino jemer es un lugar decadente, a veces feo y sin duda sucio. Pero en su perversión es hermoso y cálido. Y no hablo del sol abrasador ni de los bares de tetas. Sino de lo agradable que resulta visitarlo y lo interesante que es.

Como decía un amigo que vivió en Camboya años. “¿Qué tiene de bonito Nom Pen? Nada. Pero cada día sales a la calle y pasa algo que no verías en ningún otro lugar“. El far west.

 

¿Tradición o libertinaje?

 

monjes camboya phnom pehn

Los camboyanos dicen ser muy tradicionales y reservados. Creen en la familia, siguen las doctrinas budistas y respetan a sus mayores. Bueno, también las chicas que bailan en Nana rezan antes de subirse a la barra en paños menores. Igual que en su país vecino, algo muy latente en Camboya es el libertinaje.

Además de las mismas supersticiones populares que también se dan en Tailandia. Enemigos ancestrales, los camboyanos y los tailandeses no pueden ni verse. Cuando los jemeres se mudan a Bangkok procuran no declarar sus orígenes a los cuatro vientos. Y los siameses dicen no querer ir al país vecino.

Menos cuando se trata de magia negra. El mismo Prayuth Chan-ocha solía reconocer que consultaba a chamanes camboyanos -el golpe de Estado de 2006 se llevó a cabo sólo cuando los militares visitaron a un mago en Angkor- y los tatuajes mágicos son, ante todo, jemeres.

Muchos extranjeros en busca de una novia de alquiler a largo plazo en Tailandia se mudan a Camboya por una cuestión de bolsillo. Es más barato, aún con las mismas reglas de juego. La dama jemer que busca al hombre de ojos redondos también quiere que le hagan una casa en el pueblo y que le compren ropa cara. Sólo que el ladrillo es más barato y en Nom Pen no hay centros comerciales como los de Bangkok.

Muchos hombres jemeres, por su lado, también son grandes asiduos a los prostíbulos baratos del país y a dejar a sus mujeres en casa mientras ellos se gastan los pocos dólares que ganan en medias horas de amor apresurado. Y sin preocuparse por evitar contagios varios.

arrozal Camboya

Arrozales en Camboya hay muchos. Lo que es casi inexistente es la industria.

Monjes animales camboya

Trabajo agrario y monjes en el camino. Todo muy camboyano.

Por todo eso -y por la cantidad de bares de señoritas que hay en Camboya-, a muchos les gusta decir que Camboya es como Tailandia hace tres o cuatro décadas. Yo no vi esa época, pero no estoy del todo de acuerdo. Seguro que es cierto en lo del libertinaje y la falta de desarrollo. Pero hay una diferencia capital. Y es que el actual reino jemer no avanza.

Entre la primera y la última vez que fui a Camboya pasaron más de cinco años, y en todo ese tiempo el país casi no ha cambiado mucho. Nom Pen sigue estando patas arriba y en constante remodelación, la sanidad sigue siendo una burla -mejor que no te pase nada por allí- y las carreteras mejoran a paso de tortuga. Eso sí, el alcohol es realmente barato y droga puedes encontrar en cada esquina.

Es mínima la industria en Camboya. Como todo país muy tercermundista, los ingresos proceden mayoritariamente de un único sector, el agrario, y de un producto, el arroz. Fábricas hay pocas y su estado es lamentable. Sólo pueden presumir del turismo, gracias a los templos de Angkor Wat.

A los que se quieren mudar a Asia, decir que Camboya no es para todo el mundo. Es un país muy pobre, donde la falta de escolarización se palpa en cualquier rincón. Hay pobreza y enfermedades. Como hemos dicho, los hospitales mejor no necesitarlos. Y la esclavitud laboral es rutina.

Perder la cabeza, además, es también algo que ocurre a menudo entre extranjeros en la salvaje Camboya. Vale la pena tratar de saber en todo momento dónde estás y qué ocurre a tu alrededor. Una triste noticia sobre este asunto la dio hace poco Herr Peter, en un caso que nos cuenta vivió de cerca.

Nom Pen, ¿el verdadero ‘far west’?

 

tuk-tuk en camboya Phnom Pehn

Los viajes en tuk-tuk son la opción en Nom Pen. Calles inundadas y desordenadas son la tónica habitual.

El lado más salvaje de Camboya estaría en la selva -esa frondosa selva- si no fuese por Nom Pen. Más conocida como Phnom Pehn que bajo su forma castellanizada, la capital jemer es realmente lo más parecido a esas películas del Salvaje Oeste. Con motos en lugar de caballos.

Muchos viajeros tratan de creer que pueden huir de sus vidas y llegar como forasteros a un lugar diferente. Donde hacer una nueva vida. Sin embargo, esa visión romántica de épocas anteriores no existe hoy en día, menos con una guía azul bajo el brazo. Necesitamos un pasaporte, sellar visados por tiempo determinado, seguir unas normas y siempre estamos fichados. Aunque sea por Facebook.

Pero aún quedan algunos lugares donde empezar una nueva y anónima vida como los forasteros de las películas del Salvaje Oeste es aún posible. Camboya es ese lugar, y Nom Pen sobre todo. El efecto negativo de ello es la capital jemer también es que, sin ser un lugar donde andarse con ojo por temor a la violencia como es Manila, es un nido de delincuentes.

Porque las leyes de extradición son mínimas. Además, pagar a la policía siempre es una opción para esquivar la cárcel y cualquier trámite. Tailandia es un ejemplo de rectitud a su lado. Muchos delincuentes huyen de sus países y acaban en Nom Pen, donde queman su pasaporte y viven sin abandonar el país. Sin necesidad de delinquir de nuevo la mayoría, ya que las cárceles camboyanas frenan los impulsos de algunos.

Aun así, preocuparse por la seguridad sea importante en Nom Pen. Como en aquel mítico bar llamado Kung Fu, donde podías entrar a tomar una cerveza y llegar a las manos con algún delincuente internacional. Mi hermano Bali recuerda bien ese lugar. Hasta lo echa de menos.

No sólo hay que preocuparse de los occidentales que han llegado a Camboya tras poner los pies en polvorosa. Mafias locales y falsos conductores de tuk-tuk están esperando a que salgas de los numerosos bares de la ciudad con unas cuantas copas de más. Igualmente, para el turista despierto no ha de pasar nada si cumple con los mínimos y hay lugares mucho más peligrosos en el Sureste. Filipinas es el país donde hay que andarse con ojo. Eso sí, en Nom Pen extremar las precauciones cuando de noche uno se deja llevar es recomendable.

Nom Pen Camboya

La estampa habitual en las calles de Nom Pen.

Peluquería Camboya Phnom Pehn

Las peluquerías ‘de barrio’ en la capital camboyana.

Más de uno se preguntará por los visados, más aún cuando algunos energúmenos queman su pasaporte. Ese caso extremo es el de vivir indocumentado, algo que no suele ser un problema en Camboya a menos que te quedes sin dinero.

No obstante, los visados legales en Camboya son extremadamente fáciles. Además de poder solicitar el de turista en el aeropuerto cuando aterrizas -o en el paso fronterizo-, se puede obtener un visado de negocios que dura un año por un módico precio. Sin papeleo. Facilidades todas.

Aunque si hablamos del Nom Pen que es un lugar de perversión, se ha de hablar de sus bares. La escena de neones y luces rojas de Bangkok puede ser más descarada, pero los jemeres no son unos novatos en el asunto. Existen calles enteras dedicadas a ello, con los habituales bares con chicas de alquiler y otros más explícitos.

luces rojas camboya

Para salir de fiesta en Nom Pen, más o menos estás relegado a lo mismo. En Camboya no hay clases medias, sólo gente muy pobre y unos pocos ricos. No hay discotecas para jóvenes locales como ocurre en Tailandia. Los del país se entretienen en sitios de karaoke y a los extranjeros les quedan los antros.

En su momento, el más conocido era Heart of Darkness, aunque ahora sólo es popular entre el público gay. La noche de Nom Pen, para expatriados y occidentales, suele acabar siempre en Pontoon. El garito es cuanto menos curioso, aunque se ha de saber que todas las muchachas son arañas camboyanas y están trabajando. Vamos, que el hombre allí no es que haya ligado. Sino que le van a pedir 20 dólares cuando suelte lastre.

Dejando de lado lo divertido y barato que es Pontoon en las noches jemeres –yo hasta me alojo en un hotel que está casi al lado-, el tema de la prostitución en Camboya es más peliagudo que en Tailandia. Mientras en Bangkok es todo más difuso, en Camboya la mayoría de las jóvenes que están haciendo la calle no tienen otra salida.

Se hace más evidente al ver que Camboya aún es un lugar donde la pederastia es una práctica común en algunos sitios. Demasiados energúmenos siguen llegando desde Occidente con sus dólares para abusar de niños, en un país donde aún es posible que un padre venda a su hija por un puñado de billetes.

Y sin embargo, Nom Pen sigue fascinándome. Con todos sus puntos oscuros y sus problemas. Una ciudad salvaje donde pasa de todo y a la que siempre vuelvo. De lo mejorcito en el Sureste Asiático.

 

Visa Run en Nom Pen, ¿cómo está?

 

En tuk-tuk a la embajada.

En tuk-tuk a la embajada.

Siempre se ha considerado a Nom Pen un lugar habitual para viajar de visa run desde Tailandia. Desafortunadamente, no es un lugar sencillo para los trámites si vas por libre. Pero es un clásico por las corruptelas del país.

Como buen far west, las leyes a veces no sirven ni en la embajada de Tailandia en la capital camboyana. Lo primero, suelen tardar demasiado en realizar los trámites. Para un visado de turista pueden necesitar entre dos y cuatro días en lugar de uno.

Además, suelen pedir mucha documentación. A mí, por ejemplo, me hicieron llevar mis extractos bancarios para saber de dónde procedía mi dinero y cuánto tenía.

Todo esto puede sonar como un esfuerzo por combatir el fraudulento visa run, pero no es por eso. Lo que buscan es que hagas caso al tipo que se acercará en la embajada, en el momento en que te lo pongan difícil, y quien te ayudará a pasar los trámites. Por un módico precio, podrás tener el visado de la forma en que quieras. Pero tendrás que pagarle bajo mano. Es lo que tiene el far west.

Incluso hay hoteles que son en realidad burdeles como Flamingos donde, por un precio, ellos mismos se encargan de conseguirte el visado mientras disfrutas de sus instalaciones. Un lugar con olor a semen y ruido toda la noche que llega de las discotecas cercanas.

 

Un lugar de comidas -y charlas- imprescindible

 

Quitapenas phnom pehn

Quitapenas es un restaurante español… y mucho más.

Quienes me conocen saben que no me fascinan los restaurantes españoles en Asia. Excepto en contadas ocasiones -en Bangkok hay alguno bueno-, prefiero ir siempre a lugares asiáticos. Más aún cuando estoy fuera de Tailandia.

En Nom Pen es diferente. Allí hay un lugar muy especial llamado Quitapenas. Es un restaurante español cuya comida es fascinante -y también bastante moderna-, además de tener una selección de vinos para quitarse el sombrero. Aunque lo mejor es quien lo regenta.

El chef y encargado del lugar es Joaquín Campos, amigo y escritor además de cocinero. Charlar con él un rato merece la pena para poder saber más del país y de sus aventuras por Asia.

Setas con mejillones y azafrán.

Setas con mejillones y azafrán en Quitapenas.

No sale muy barato cenar en Quitapenas, obviamente, pero es un precio razonable y la calidad de la comida y el vino merece la pena. Para llegar, podéis consultar su página en Internet.

Actualización 2017: Quitapenas ha cerrado. Es una pena, pero mantener restaurantes de calidad en Camboya no es fácil. Habrá que pasar a la siguiente opción.

Curiosamente, existe un restaurante regentado por otro español, el barcelonés Cristià, que también hace comida española de excelente calidad. El lugar se llama Doors y, además de elegante, tiene unos platos de excepción que podéis ver a continuación.

Arroz negro

Arroz negro en Doors.

Butifarra en Doors.

Butifarra en Doors.

Sé que no es habitual hablar en Bangkok: Bizarro de otro país asiático y reseñar restaurantes españoles y no de cocina tradicional. Pero en este caso se trata de los sitios a los que más voy cuando estoy en Nom Pen, aunque sea más por la compañía.

¿Y la cocina jemer? Pues la comida en Camboya no es mala. Tampoco muy variada, pero tiene su punto aceptable. Aún con sus abusos con el glutamato. Casi cualquier restaurante ofrece algo de calidad a un precio, en este aspecto sí, muy barato. Porque comer y beber es barato en Camboya.

 

Camboya, más allá de Nom Pen

 

gasolina camboya

La gasolinera en los pueblos suele ser un kiosko con botellas de refresco rellenadas con carburante. Muy típico del Sureste.

Me he centrado en este reportaje en lo que es el país en líneas generales y en la capital. Curiosamente, muchos turistas dicen que el país es hermoso en todo menos en Nom Pen, ciudad horrorosa para demasiados. Tampoco es la más visitada, ya que el turismo del país es obvio que se concentra en la antigua capital de Angkor.

Antes de dar unas pinceladas de algunos lugares, decir que viajar por Camboya ha mejorado en los últimos años y cada vez hay más calles asfaltadas pero sigue siendo un dolor. Las carreteras son caminos de cabras y se necesitan muchas horas de viaje para ir a casi cualquier sitio. Para mayor comodidad, os recomiendo la empresa de autobuses Mekong Express. Ahora usan minivans y sus trayectos son más cortos.

 

Siem Reap y los templos de Angkor

Niño camboya

Un niño duerme a la sombra en el templo de Angkor Wat.

Monjes Camboya

El transporte de los monjes. Verás muchísimos.

No necesita gran explicación, hay torrentes de información en cualquier guía. La mayoría de turistas que van a Camboya sólo pasan por la ciudad de Siem Reap. Al lado de los por muchas décadas olvidados -y recientemente recuperados- templos de Angkor. Una maravilla arquitectónica que todo el mundo que esté de paso debería ver.

La ciudad de Siem Reap no tiene mucho que ofrecer más allá de comodidad y algunas vistas interesantes. La mayoría de sus habitantes son turistas de paso y trabajadores que se dedican al turismo. Muchos restaurantes, una zona de copeo llamada Pub Street y lugares donde pasear.

Los templos merecen una visita y cada uno decide cuánto tiempo le dedica. La entrada son unos 25 dólares por día y se ha de llegar preferiblemente en tuk-tuk. Para los que estéis interesados, aquí podéis encontrar toda la información turística necesaria sobre los templos de Angkor.

Si buscas hotel allí, a mí me gusta alojarme en Golden Butterfly Villa.

 

Battambang, la apacible calma

tren de bambú battambang

El tren de Bambú, un proyecto inacabado en Battambang con el que usaban vías de tren para mover una plataforma arrastrada por bueyes.

La justicia camboyana.

La justicia camboyana. Y la religión que no falte.

Mi segunda ciudad favorita en Camboya. Y el lugar ideal para descansar y comprender un poquito más cómo es este país. Battambang está a medio camino entre Siem Reap y Nom Pen y tiene algo de magia.

No verás a casi ningún turista en sus calles y a la noche la iluminación pública no llega a demasiados lugares. Pero hay restaurantes interesantes y algún bar donde tomar una cerveza.

¿Qué tiene de interesante Battambang? Su zona rural. Si quieres conocer mejor Camboya, convence a un tuk-tuk para que te lleve a visitar los pueblos cercanos y ver cómo viven y por y para el cultivo de arroz. Porque la ciudad es uno de los puntos más importantes del país en la producción del alimento básico. Sus paisajes naturales son excepcionales, además.

Suelo alojarme en Golden Land, un hotel maravilloso y de habitaciones cómodas que cuesta entre 10 y 15 dólares según la temporada.

 

Kep y Kampot, destinos populares para expatriados

iglesia camboya

Iglesia camboyana en mitad del río que me encontré de camino a Kampot. Me hubiera gustado poner una foto de Kampot, pero no hice ninguna que mereciese la pena en mi paso por allí.

Kampot es uno de los lugares de Camboya que más gustan a los extranjeros que residen allí. A mí, sinceramente, me parece una ciudad aburridísima y sin muchas emociones. Pero es una opinión muy personal. No creo que vaya pronto por allí, al contrario.

Por otro lado, Kep es una zona de playa muy popular donde hay muy pocos hoteles y pocos turistas. Muchos dicen de ella que es un paraíso. A mí me parece una sosería, si bien he de reconocer que fui en temporada baja y algún día llovía. Y que en la playa a mí me gusta el jaleo y no la tranquilidad.

 

Sihanoukville, el Phuket de Camboya

Unos niños en la playa de Serendipity, en Sihanoukville.

Unos niños en la playa de Serendipity, en Sihanoukville.

Palabras mayores. A muchos Sihanoukville les parece un lugar atestado de turistas y con demasiada delincuencia, pero yo adoro bajar a esta zona de playas en Camboya. Mar, chiringuitos con cerveza barata y noches de copeo. ¿Qué más se puede pedir?

No esperes un paraíso -aunque hay islas cercanas que sí son espectaculares-, pero una jarra barata de Angkor Beer en el chiringuito de la playa más cercano al agua cuesta entre medio dólar y un dólar. Por la noche, además, hay barracuda y carne a la brasa a precios de risa.

Playa ideal para pasar unos días en bañador y hacer el turista. También para salir un poco de noche. Y quizás para culminar un viaje por este país, el Salvaje Oeste del Sureste. Un lugar pobre y a veces difícil pero con un encanto que cuesta encontrar en Asia.

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10 comentarios

  1. Gonzalo dice:

    grandísimo reportaje. Este tipo sabe de lo que habla. Lo que he visto en Camboya es irrepetible. El salvaje oeste no, lo siguiente. Y esa es la gracia, creo. No he vuelto a ver un despelote similar. ¿Cómo era la frase aquella de Blade Runner? He visto naves ardiendo donde cristo perdió las alpargatas…. En Camboya es el pan de cada día. Me quedo con Battambang: alquilad una moto y perderos por los arrozales. Y las playitas de Kep, seguro. Viajazo, pero mejor leed este artículo e id preparados. Enorme Camboya

  2. Raul dice:

    Qué decir! qué maravilla de artículo! Ya sabes que quiero visitar ese país y con lo limitado de mi tiempo, voy a seguir estos consejos al detalle. Quiero pensar que has escrito estas multitudes palabras un poco por mi y por la que nos espera con la pandilla en enero! Un abrazo!

  3. NONAME dice:

    Me encantan estos reportajes sobre otros países asiáticos. Espero ver por aquí cosas curiosas sobre otros como China, Japón, Filipinas… Que por cierto, tienen unas mujeres con y sin manivela francamente preciosas, las considero de las mejores del mundo y mis preferidas.

    Y buen aporte el enlace al blog del Peter. Soy de esos que, quizá bisoñamente, piensan en Asia como un destino que podría resolver parte de mis problema (oO) aun siendo consciente de que no todo es de color rosa por allá. Por eso es de agradecer otros puntos de vista, y por eso lamenté tanto que Chinitis cerrara, Campos no dejaba títere con cabeza. xD

  4. Herr Peter dice:

    Fui por primera vez hace más de 15 años, y te aseguro que era bien distinto, era mucho más salvaje oeste, con pocas calles asfaltadas, bares de chicas pocos, el sharkys y sobre todo el Martinis pero nada de lugares con neones. Fui de los primeros clientes del Flamingo, cuando era nuevo y reluciente, la última vez lo encontré en plena decadencia y ya busqué otros hoteles que han ido abriendo franceses y que son de calidad pero no permiten ir acompañados. Desde hace unos meses abrió un centro comercial como los de Bangkok el AEON. Hecho por japonses pero con empresas thais como los cines de la cadena major cineplex. Imagínate como era si yo lo considero muy cambiado. Como nota necrológica que no añadí en mi blog, es que el hermano de Lady Di se suicidó en phnom penh, en algún hotel de mala muerte.

  5. Aaron dice:

    Realmente este país no tiene una mejor descripción que esa que dices el far west, el salvaje oeste. Se ve bien barato, pero se nota que no hay mucha seguridad. Definitivamente un país para conocer, si uno vive en Tailandia. A mi me gusta la libertad, con algo de libertinaje, pero con seguridad. No se si me explico………. Pero asi es mucho mejor

  6. Pegaso dice:

    No se si a base de tanto ir a Camboya últimamente pero ese aire de Far West, que muy bien describe el artículo, lo va perdiendo.
    Y para mis ojos sí que ha habido una evolución y algo de desarrollo.

    Me parecen muy distintas la Camboya actual con la de 2012. Quizá es que la primera impresión que me llevé en su día fue demasiado mala, pero es indudable que han construido algunas infraestructuras y que se han abierto negocios (desde docenas de cafeterías al centro comercial comentado, desde tramos de carretera asfaltados, hasta el Neak Loeung Bridge inaugurado este mismo año y que era absurdo que no existiera con la importancia que tiene para la capital estar unida a Saigon).

    Sí, las cosas siguen muy atrasadas en Camboya, pero los cambios existen y a mi no me parecen tan lentos, aunque es cierto que parten de una situación muy penosa.

  7. Muy interesante, completo y trabajado ‘post’. Estuve hace unos meses por allí y me gusta tu punto de vista.
    ¡Aventura!!.

  8. Bruno dice:

    Querido amigo Luis,

    Las primeras impresiones sobre mi reencuentro con Camboya, y la ciudad de Kampot corresponden a las expectativas, tal y como tuvimos la oportunidad de comentarlas hace nada.
    24 horas, nada más, igual que el año pasado cuando te escribí sobre Bangkok.
    Primero, el aeropuerto de Phnom Pehn, más pequeño y provinciano que el de Siem Reap, verdadera capital turística del país, lo que es lógico.
    El trayecto hasta Kampot también me trajo recuerdos del sur de Marruecos o de la decaída Argelia. Y el comentario leído en un foro de viajeros sobre este país: Camboya es el África del sureste asiático. Estamos lejos del romanticismo del lejano oeste. La misma falta de reglas, los peligros palpables, es cierto, pero sin el horizonte de fenomenales oportunidades que te da la fuerza de levantar montañas. No tienes ese ímpetu cuando sientes sobre ti el peso de un pasado opresor y monopolístico, masa densa de gloria, cultura, dolor y tragedias, agujero negro del que la luz de la esperanza no logra escaparse y que deforma el espacio tiempo según el modelo de Einstein y hace que por mucho que corras, siempre avanzas hacia el pasado.

    África. Su tráfico caótico, mezcla de todas clases de vehículos sobre ruedas o patas, paisaje desordenado puntuado de perros impasibles, bueyes pacientes y niños en cueros. Claxon omnipresente y tranquilidad a toda prueba. Y por supuesto, el taxi a toda pastilla.

    Kampot se pudre lentamente en sus aguas salobres. Y eso hace precisamente el encanto de ese bayou asiático. Más que el lejano oeste del Texas, tal vez la decadencia encantadora de su vecina Luisiana. Restos de arquitectura colonial, gambas en salsa picante, restos esparcidos de presencia francesa en épocas pretéritas. Sociedades marcadas, de manera discreta pero profunda, por las consecuencias de una guerra que lo cambió todo, reciente o antigua pero siempre cercana, y les da este inconfundible aire nostálgico de paraíso perdido característico de todo Sur, de Charleston a Granada.

    La brisa de mar sopla con regularidad, añadiendo al encanto del lugar; en sus colinas venían a recuperarse a los afectados por las enfermedades coloniales.
    Los productos del mar, abundantes como en Bangkok, aderezados por los matices variados, delicados aunque fuertes de la famosa pimienta local.

    Y por supuesto, la tradicional gentileza, tranquilidad y sabia inocencia khmer, toda una lección de vida.
    Tal vez debas darle otra oportunidad a ese lugar auténtico. Y con lo que te gusta este país, creo que lo harás y disfrutarás.

    Un abrazo, hasta pronto

  9. meme dice:

    Excelente artículo!!

    Respondes muchas de las preguntas que futuros turistas nos formulamos.

    Gracias por tu tiempo!!

  10. Viajero accidental dice:

    Escribo desde el aeropuerto de phnom Pen, y aunque me parece ameno el artículo, yo no he tenido sensación de que sea para tanto.
    Y sobre todo no hace falta dar información simplemente incorrecta para apoyar un punto de vista. Me refiero a donde hablas de tiroteos, leyendo el artículo enlazado se habla de un incendio, no de ninguna clase de tiroteo. Y cuando dices que es normal llevar pistola, una vez más leyendo el artículo enlazado se habla de que unos ladrones intentaron atracar por error a un policía que iba de paisano. Que un policía lleve pistola no parece extraño, de ahí a extrapolar que todo el mundo lleva pistola solo media la imaginación del autor

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