Contagiado por coronavirus en Tailandia (III) – Enemigo público

Monje Tailandia coronavirus

Esta historia es la tercera parte de una trilogía corta sobre un contagio de coronavirus en Tailandia. Empieza con la primera parte en este enlace.


Se comenta que algunos médicos especializados en el Covid19 recomiendan a sus pacientes que hagan deporte cuando ha pasado una semana desde sus primeros síntomas. Por eso de estar preparado para la tormenta de citoquinas, dicen. Quizás por eso McFly, mi peculiar compañero de aislamiento por coronavirus, llevaba varios días esforzándose para hacer estiramientos y ejercicios de movilidad todas las mañanas y tardes.

En cambio, el día que a mí me llamó la médico para decirme que podría volver a casa yo estaba tumbado en el camastro hospitalario y no pensaba moverme del catre hasta que me dieran el alta. Llevaba otro día más sin fiebre, el tercero ya, pero lo único que quería era disfrutar del placer de creerme recuperado. Una sensación que no me resultaba novedosa, ya que haría algo más de dos años pasé una semana horrible por culpa de un dengue hemorrágico en Tailandia. Lo de salir airoso de una así es embriagador.

Si hay algo en lo que el dengue hemorrágico se parece al Covid19 es sobre todo en la incertidumbre. En la infección que transmite el mosquito te enfrentas, pasados los primeros cinco días y en plena recuperación, a la posibilidad de sufrir un shock hemorrágico que te deje en el sitio. Algo similar ocurre con el coronavirus, que en los primeros días de fiebre desconoces si será una gripe de un par de tardes o si se complicará hasta ser letal.

Esa incerteza te pone contra las cuerdas, y en el caso de un virus nuevo y con tan diferentes desenlaces hace que, cuando te veas fuera de peligro, el chute de endorfinas te haga sentir renacido. Así que en mis últimos dos días sin síntomas en el hospital viví sobre una nube de la que no quería bajar. Y dicha nube era el catre del que no me despegaba.

hospital Tailandia

En días de recuperación. McFly -con la cara pixelada- descansa en su camastro al fondo.

O puede ser que aquella modorra se debiera a los efectos secundarios del tratamiento experimental con hidroxicloroquina. Además de náuseas y diarreas, me daba unos terribles dolores de cabeza y a veces parecía que los músculos me fueran a explotar. Ahora, más de tres semanas después, dicha solución farmacológica tiene muchos detractores que la consideran ineficaz y tóxica. Pero en mi caso fue estrenar el tratamiento y empezar a mejorar en menos de 24 horas, fuera eficacia de la droga o pura casualidad.

Aquel último día en el hospital, como tantas otras veces, me hicieron la ronda de inspecciones habitual. Una extracción de sangre al salir el sol, radiografías a primera hora de la mañana y la prueba del Covid19 antes de comer. Un par de horas más tarde, llamó mi médico y le hice la pregunta de marras.

—¿Podré regresar a casa hoy?
—Lo estamos decidiendo; tus síntomas son normales y quizás puedas volver.
—No tengo fiebre y respiro mucho mejor.
—Sí, pero el daño pulmonar no ha mejorado nada —mis radiografías salieron igual—, aunque nos conformamos con que no se haya extendido.
—A veces noto dolores en el pecho, pero nunca me ahogo.
—Es un síntoma común, no le des importancia. ¿Ya has arreglado lo de tu apartamento para volver a casa?

La pregunta tenía su qué. Porque regresar a mi casa se había convertido en un dolor inesperado. Y en una lucha constante con un buen puñado de necios de esos que, en situaciones límite, ayudan bien poco. El otro problema añadido era si iba a tener que pagar la factura médica por mis días habitando en el Chulalongkorn Memorial de Bangkok.

 

“Lo mejor será que no vuelvas por aquí, hemos de protegernos”

 

Vistas de Bangkok desde hospital

Las vistas que podían disfrutarse desde mi habitación de hospital.

Una de las tareas más importantes en este contagio, y más al principio cuando el número de casos era mínimo, es avisar a aquellas personas con quien has tenido contacto para que se pongan en cuarentena. Por suerte, de todos aquellos que estuvieron cerca de mí cuando incubé el virus solo una persona resultó contagiada, y seguramente nos infectamos el mismo día.

Igualmente, avisé a aquellos locales que había visitado de mi positivo en el test para que estimaran qué debían hacer. Y, antes de que las autoridades informaran al condominio donde vivo hace más de seis años, le pedí a una persona que comentara mi contagio a los gestores del edificio. Muchos me dijeron que fue un error, pero sigo creyendo que hice lo correcto.

La gerencia de la urbanización entró en pánico al conocer la noticia. No hubo palabras de ánimo o empatía alguna. En cambio, la encargada empezó a hacer preguntas incómodas y a pedir certificados que avalaran mi contagio. Las medidas empezaron a ponerse en marcha desde el primer momento.

Ese mismo día, colgaron anuncios en el ascensor de que había un contagio por coronavirus en el edificio y obligaron a todos los residentes a llevar mascarilla en las áreas comunes. En la entrada al complejo, los agentes de seguridad fueron obligados a medir la temperatura de los residentes que quisieran entrar.

On Nut Bangkok

El barrio donde habito.

La persona que dio el aviso fue interrogada sobre mis movimientos para haber contraído el Covid19, como si fuera culpa mía haberme contagiado. Una vez más, el discurso oficial de que este virus solo es posible cogerlo en determinadas situaciones evitables había calado fuerte. Pronto tuve que hablar yo con ellos, pese a estar en el hospital durante mis peores momentos.

El conflicto llegó cuando la médico me dijo que tan pronto como se fuera la fiebre yo debía volver a casa. Avisé a la dirección del edificio y trataron de negarse a mi regreso. Pese a ser un apartamento en propiedad y llevar allí seis años. “Lo mejor es que te vayas a una casa tú solo, un lugar donde no puedas contagiar a nadie ni seas un peligro”. Esa fue la afirmación oficial.

Empecé a notar lo que era el estigma por coronavirus en Tailandia, algo que luego vería también en las noticias sobre países como España o Argentina. En el caso siamés, parte de la importancia radicaba en la desinformación, porque mientras se señalaba a los infectados con el dedo, se anunciaban sesiones comunales de rezos para combatir al virus y algunos monjes montaban en avión para lanzar agua bendita desde el aire y purificar el país. Dichas medidas eran avaladas por el Gobierno.

Una sesión de rezos comentada en televisión.

Para evitar cabreos cuando tenía que preocuparme por mi lucha contra el virus, dejé el asunto de volver al apartamento para más tarde. Por si acaso, le pregunté a mi médico si había opciones para aquellos que no podían volver a sus casas.

—¿Cómo que no quieres volver a tu casa?
—Sí quiero, pero parece ser que me lo impiden —le expliqué todo a mi médico, pese a que no esperaba rendirme—, ¿el hospital ofrece alguna opción de alojamiento?
—Sí, tenemos un acuerdo con un hotel, el alojamiento con comida son 1.400 bahts por día.

Vamos, que si me quedaba allí dos semanas eran más de 600 euros. Imposible. Mientras, me comentaban por otros lados que en mi condominio se estaba hablando de mí. Así que hice lo que me resultaba más fácil, entrar en el grupo oficial de inquilinos y propietarios en Facebook. La directiva del lugar suele anunciar todo lo oficial en dicha página, en tailandés por supuesto.

Mi sorpresa fue ver que la gerencia del condominio no se había conformado con anunciarlo, sino que dio todo tipo de detalles innecesarios. Con la excusa de que “la gente necesita saber”, había publicado una serie de entradas destacadas con datos privados míos. Por ejemplo, comentó que el infectado era un occidental que iba a Thong Lor y le gustaba el Muay Thai. Vamos, me metió en el grupo de los fiesteros infectados y del contagio en el estadio de boxeo cuando no había tenido nada que ver con ello.

Luego, para que mis vecinos más cercanos pudieran protegerse, anunciaron el número de piso y torre donde está mi apartamento, e incluso indicaron la localización. ¿Qué ocurrió? Ante semejante filtración informativa, los necios y paranoicos empezaron a aportar ideas. Sobre todo, al saber que yo no era tailandés. Pensaban que no lo podría leer en su idioma.

Hubo un fulano que publicó infinidad de comentarios y que se negaba profundamente a que yo regresara a mi casa. Como excusa principal, se atrevió a decir que le preocupaba enormemente que yo saliera al balcón de mi apartamento a escupir o toser, y que entonces dichas gotas de saliva pudieran llegar a su apartamento.

vistas Tailandia Bangkok

Vistas desde mi balcón, esta semana. A mí no me parecen una autopista para enviar el coronavirus a mis vecinos.

Otra vecina muy sulfurada dijo que, en caso de que yo cometiera la locura de regresar a mi hogar, buscaran fotos mías en redes sociales y las pusieran con mi nombre en los ascensores, por si yo decidía fugarme. Así los vecinos podrían saber de quién protegerse. Y, en general, fueron muchas las personas que pidieron a la dirección del edificio que encontrara una vía legal para prohibirme la entrada a mi propia casa.

Pero la normativa lo que dice es que todos los infectados que salen del hospital siendo positivos en el test han de volver a sus casas y tomar medidas oportunas de cuarentena. Desgraciadamente, no es nada fácil para mucha gente, ya que quienes menos tienen viven en apartamentos pequeños junto a sus familias. Y muchos contagios se han producido de esa manera.

Los gerentes de mi edificio no se rindieron fácilmente cuando insistí en querer volver. Y al final tuvo que interceder mi médico y hacer una certificación escrita para que me dejaran acceder al condominio. De la misma manera, se obligaba al edificio a asistirme en la cuarentena. Así se me otorgó derecho a que la comida que pidiera me la subieran a casa y también a facilitarme tareas como tirar la basura. Igualmente, yo me comprometía a no abandonar la habitación bajo ningún concepto.

Ese fue mi primer encontronazo con el estigma que rodea a los infectados por coronavirus en Tailandia. En los medios empezaban a aparecer noticias donde se pedía a la población que no difamara contra los contagiados ni los alejase. Pero habían sido las propias autoridades quienes habían creado la idea de que el virus solo podía cogerse en un puñado de lugares, y el Gobierno fue muy duro con los fiesteros de Thong Lor, quienes tuvieron que recurrir a las redes sociales para denunciar que lo que se había dicho de ellos era mentira.

Y, por supuesto, no podía faltar el ministro de Sanidad, Anutin Charnvirakul. El mismo cafre que insultó a los occidentales y dijo que los europeos eran un peligro porque no se duchaban cargó contra los sanitarios cuando yo aún estaba hospitalizado. Se atrevió a decir que no estaba “contento con algunos trabajadores de salud contagiados”. Según él, se infectaron por no tomar las precauciones suficientes y hasta planteó tomar represalias.

Hay que decir, sin embargo, que el caso de mi edificio es un hecho singular. Me han comentado algunas personas que en sus condominios tienen infectados y que en ningún momento ha habido filtraciones de información, ni una negativa a que los pacientes regresaran. Yo creo que si la directiva de una urbanización reacciona sin alarmismos no ha de haber problema alguno. El conflicto se produce cuando, en condos como el mío, los propios gerentes son los que avivan un fuego que atrae a muchos memos. Y hay que entender que, a día de hoy, tener un infectado confirmado en un edificio no es raro. Pero cuando yo di positivo aún no era común.

 

Del hospital a la cuarentena en el hogar

 

Comida hospital Tailandia

La última comida en el hospital fue sencilla, pero maravillosa. Tom Yam y arroz frito.

La última duda que me faltaba antes de abandonar el hospital era saber si tendría que pagar algo. Mi seguro médico privado me había avisado que no se haría cargo de todo el montante, ya que el Covid19 era una situación nueva. Así que me dijeron en el hospital que tendría que pagar una parte importante. Y empecé a preocuparme cuando escuché que la factura total ascendía a unos 3.000 euros.

Sin embargo, las enfermeras encargadas de la facturación hicieron un esfuerzo extra y comprobaron que el Gobierno debía pagarme los gastos, ya que al tener permiso de trabajo y estar inscrito en la seguridad social podía acogerme a ello. Esto parece algo muy sencillo, pero en realidad no lo era. Y fue gracias al equipo del hospital que pude irme sin haber pasado la tarjeta. No solo se habían esforzado por mi salud, sino que no optaron por el recurso fácil y vago que me encontré cuando fui por primera vez al hospital para realizar el test del Covid19. Me libraron de una buena. Y para evitar estos sustos, me muevo a otro seguro médico, en este caso a SafetyWing -desde ahora colaboradores de esta página-, ya que puedes suscribirte a él mensualmente y estando ya fuera de tu país.

Hay grandes profesionales en todo el mundo y en Tailandia también. Estoy muy agradecido con todo el personal hospitalario que me trató en días tan difíciles.

La despedida con McFly fue agridulce. El que había sido mi compañero de habitación había empeorado en todos los síntomas secundarios del coronavirus. Tenía diarreas, pérdida del apetito, mareos y muchísimo malestar. Por suerte, sus pulmones estaban en buen estado. Durante todo mi último día no paró de decir en inglés good good mientras levantaba su pulgar derecho. En mi marcha, mientras nos despedíamos, se encontraron la mirada alegre de quien ha logrado salir y los ojos tristones del que debe quedarse.

Ambulancia Tailandia Covid19

Volví a mi casa en ambulancia, fantástico para asustar al personal de mi condominio.

Me acomodé en la ambulancia que me llevaba a mi hogar con una bolsa en mi mano donde estaba el resto del tratamiento experimental, una serie de documentos informativos y una cita para volver al centro médico. Mi revisión estaba prevista para el día en que se cumpliría un mes desde el primer día de mis síntomas, con el fin de volver para inspeccionar mis pulmones, aún dañados por el coronavirus.

Entré en mi edificio por todo lo alto en ambulancia, y salí ataviado con guantes, mascarilla y gafas. Por mensaje, la gerente me informó que esperase en una esquina. Desde allí pude ver a media docena de personas relacionadas con la gestión del edificio que empezaron a hacerme fotos mientras yo esperaba. Y si algún vecino se dirigía a mi lado por desconocimiento, antes de que pudiera llegar a estar a pocos metros de mí se le acercaba un responsable y le desvelaba el pastel.

Así estuve media hora, mientras decidían cómo hacer para que yo llegara a mi piso. Finalmente, me informaron que podía acceder a mi planta a través del ascensor de mercancías, y desde allí al apartamento. Así lo hice y pude entrar en mi hogar, mientras un equipo de limpieza empezó a desinfectar los lugares comunes por donde yo había pasado. Por fin estaba en casa.

 

El ‘derrumbe’ siamés mientras duraba mi primera cuarentena

 

Coronavirus en Tailandia

Muchos vaticinaban que Bangkok iba a explotar en casos por coronavirus. Tailandia fue el primer país afectado fuera de China antes de que la infección llegara a Europa, y lo vivido en el ecuador de marzo auguraba un panorama desolador. Sin embargo, la media del centenar de casos pronto descendió este mes de abril a cerca de 50, y ayer cayó el número de positivos hasta los 14, la cifra más baja desde el 14 de mazo.

Tailandia es un caso de éxito moderado a nivel mundial. Al menos, eso parece cuando hablas con alguien en Europa. El Gobierno señaló que a finales de abril se llegaría a los casi tres millares de contagiados y así está siendo, con menos de 2.900 casos en todo el país y solo tres centenares de personas hospitalizadas. El resto, oficialmente, están recuperados. Ese es mi caso, aunque no es tan simple.

Muchos piensan que el pequeño número de infecciones oficiales es debido a lo tremendamente difícil que es lograr que a uno le hagan un test, algo que yo pude comprobar en persona. Pero si bien cuando el pico de contagios llegó a casi los dos centenares en un día se filtró que el total de pruebas diarias iba de las 200 a las 700, ahora Sanidad informa que hay capacidad para unos 20.000 tests diarios en Tailandia. Y es justo cuando más pruebas pueden hacerse que, sorprendentemente, los contagios son mínimos.

Aglomeraciones Tailandia

Largas colas y aglomeraciones en Don Mueang frente a un templo que ofrecía comida. En muchas zonas del país hay espacios donde ofrecen alimentos gratis, y son uno de los lugares donde más aglomeraciones se producen. En el caso de este templo se prohibió la caridad cuando las imágenes se popularizaron en redes sociales. Foto: Khaosod.

No hay que obviar que los asiáticos en general son mucho más precavidos que los occidentales frente a una pandemia. En todos los países de la zona se siguió la actualidad con miedo al principio y un pequeño número de casos sirvió para que la gente usara mascarillas masivamente. Otros hablan del mínimo contacto físico que tienen los asiáticos, si bien a mí me parece algo menos importante. No se abrazan mucho, pero en Bangkok hay lugares donde nos apretamos como latas de sardinas.

Tailandia tardó mucho en empezar a tomar medidas serias desde el Gobierno, y al final se cerraron los comercios pero no el tráfico y la libre circulación durante la mayor parte del día. El único momento en que pude salir yo a la calle, el pasado viernes, el tráfico hasta el hospital fue el mismo infierno que es siempre. Algunas avenidas estaban desiertas, pero otras zonas rebosaban gente. En mi barrio, cerca de la hora de toque de queda, hay tramos llenos de gente donde las mascarillas empiezan a ser menos habituales y se come en la calle, algo en principio prohibido. Mientras, el centro parece estar abandonado.

Igualmente, no todo el mundo ha cerrado sus negocios porque necesitan el dinero y luego hay policías espabilados sacando tajada de ello. Mi peluquera, por ejemplo, me contactó para decirme que está abierta tres días a la semana para cortar a sus clientes habituales. Tiene miedo, ya que la policía suele llamar a muchos locales para preguntar si es posible hacer una reserva y, cuando eso ocurre, piden su mordida bajo mostrador para dejarles operar. Pero bueno, que los agentes estén faltos de escrúpulos es algo muy habitual.

chicas manga con mascarilla

Foto tomada el 31 de enero en un evento en el centro. Ese fin de semana, casi todo el mundo en Bangkok llevaba mascarilla y usaba gel sanitario. Tailandia era el segundo país con más contagios debido al turismo chino.

Muchos anunciaron que Tailandia se derrumbaría frente al coronavirus por la mala gestión del país, pero lo que se ha derrumbado son las cifras oficiales de contagio. El motivo por el que ha ocurrido esto es imposible conocerlo, por mucho que algunos alaben el comportamiento de los ciudadanos o las acciones desde el Gobierno. En la opinión pública ha calado el mensaje de que solo unos pocos pueden contagiarse y que solo ocurre si cometen irregularidades.

Yo, si tuviera que apostar, seguramente me decantaría por la importancia del calor. Cada día hay más estudios que estiman que a los casi 40ºC que alcanzan muchas ciudades de este país, junto a la altísima humedad, son la causa de que el virus se contagie menos.

A mí me apena más la desprotección de aquellos que menos tienen. Acceder a un test de manera gratuita es realmente difícil, por lo que muchas personas en situación de indefensión lo tendrán difícil para pagar más de 150 dólares solo para saber si son positivos o no. Además, el estigma hacia los infectados ha hecho que muchos ciudadanos decidieran no hacerse las pruebas, incluso entre aquellos adinerados que podrían pagarlo.

Varios hospitales privados han promocionado combinados farmacológicos contra el Covid19 por unos mil dólares, que además se ofrecían de manera anónima. No sé qué diablos pueden llevar dichos tratamientos, pero me fascina que alguien sea capaz de creer en ello, como si sobrevivir al virus fuera cuestión de billetera.

La situación no es buena para la gente en Tailandia porque son demasiados los que viven al día. Y muchísimas empresas han despedido empleados de manera masiva, por no hablar de los que tenían negocios que les generaban ingresos diariamente. Por eso, muchos prefieren hacer cola para coger un plato de comida. Desgraciadamente, los suicidios por la situación económica ya son reportados por la prensa. Ayer, el caso más comentado fue el de un padre y una hija, cuyos cuerpos no han querido ser aceptados por su familia, ya que no pueden pagar el funeral.

 

La cuestionada gestión gubernamental

Políticos Tailandia coronavirus

El primer ministro Prayuth, a la izquierda, explica cómo debe ponerse uno una mascarilla, vigilado por el ministro de Sanidad, Anutin Charnvirakul, a la derecha.

El día que yo salí del hospital muchos auguraban que en abril se cerraría Bangkok a cal y canto. No fue así. La gestión del Gobierno siamés fue errática y cuestionable, pero en realidad casi todos los países en el mundo han metido la pata frente a una crisis difícil. En el caso de Tailandia, más allá de si realmente se están manipulando las cifras, el contagio parece haber sido pequeño para lo que podía haber ocurrido.

En marzo, cuando los tailandeses empezaban a relajarse tras semanas y semanas sin nuevos contagios, un ministro del Gobierno protagonizó un escándalo público al filtrarse que se apropió de 200 millones de mascarillas fabricadas en el país para vendérselas a China y llenarse los bolsillos. Desde entonces, se prohibió a los sanitarios quejarse si había problemas de abastecimiento en los hospitales, ya que los que mandan estaban más preocupados en salvar su imagen que en garantizar la seguridad del pueblo.

Todo el proceso de cierre del país fue un caos. Primero, no se limitaron vuelos con otros estados, ni siquiera con China cuando el resto de Asia bloqueó el acceso a sus aviones. Y luego, cuando se anunció el estado de emergencia, no se explicó en qué consistiría, y se dieron los detalles con cuentagotas en los días siguientes. Es más, el general militar y premier Prayuth Chan-ocha escurrió el bulto y dejó mucha responsabilidad en los gobernadores de provincias. Las noticias y los rumores eran cada vez más confusos, y mientras en Isaan prohibían el alcohol, en Pattaya anunciaban el cierre de la ciudad. Bangkok, por su lado, al demorarse tanto tiempo entre las primeras noticias y el cierre definitivo hizo que el virus se expandiera a las áreas rurales del país.

La asistencia a los más necesitados nunca se produjo. Se pidió el manido distanciamiento social, pero los más desfavorecidos poco podían hacer. Eso hizo saltar a la prensa casos de desprotección, como una mujer que se contagió y fue forzada a volver a casa en cuarentena. Allí, todos sus hijos y su marido se infectaron, porque vivían en un lugar diminuto donde era imposible que no hubiera contacto.

Tailandia venta de oro

El oro para los tailandeses es un seguro en caso de necesidad. Por eso, el distanciamiento social no se respetó demasiado en el negocio que más ha crecido en abril, la compra-venta de oro.

Sin embargo, lo más flagrante fue la única ayuda puesta en marcha por el Gobierno. Un plan de ofrecer durante tres meses 5.000 bahts, unos 150 euros, a las familias pobres que las autoridades consideraran que lo eran. El reparto no fue transparente y muchos de los más necesitados no pudieron optar a él.

Peor fue que la pasada semana Prayuth reconoció que se había quedado sin dinero y que no podría hacer frente a dicho pago de 5.000 bahts por un trimestre, así que lo dejaría solo en un pago único de un mes. El criticismo fue tanto, que luego dijo que lo estaba estudiando. La medida estrella para desbloquear la situación, como si fuera una broma, fue pedirle ayuda a los 20 magnates más ricos del país.

Eso fue el viernes pasado, cuando el general asumió haberse quedado sin blanca y pidió el rescate a la veintena de familias más ricas, a quienes llamó El Equipo Tailandia, como si emulara a Hannibal, M.A. y sus muchachos. En el decimosexto puesto de dicha lista de fortunas se encuentra su archienemigo Thaksin Shinawatra. El destino no está exento de cierta ironía.

spiderman Chiang Mai disfraz

Voluntarios desinfectan las calles de Chiang Mai disfrazados de Spiderman.

Ante la nula respuesta del Gobierno, los grupos de voluntarios empezaron a donar comida. Desde monjes en templos hasta incluso extranjeros, pasando sobre todo por muchísimos tailandeses que quieren ayudar. Las autoridades, en cambio, no ven esto con buenos ojos. Así que han prohibido que se dé comida gratuita, ya que el contagio puede producirse en dichos lugares. Tiran de censura en lugar de ayudar u ofrecer una alternativa para mantener las donaciones evitando el contagio. Eso sí, Phalang Pracharat, el partido político creado por y para Prayuth, sí que puede repartir cajas de comida, con un sello enorme donde se dice que es la formación militarista la que entrega el arroz.

La puntilla se dio esta semana. A nadie se le escapa que el presupuesto del Gobierno se evapora rápidamente con la compra de tecnología militar. Prayuth es famoso por haberle comprado tres submarinos a China, además de numerosos carros de combate, helicópteros y otros cacharros bélicos para demostrar quién la tiene más grande. Es su forma de pavonearse ante la sociedad y dejar el claro mensaje de que están preparados para dar otro golpe de Estado si alguien se pone remolón.

Pero es que, en plena pandemia y con el Gobierno arruinado, se filtró que esta semana el Gobierno aprobaba el pago de más de 80 millones de euros a Estados Unidos para la compra de 37 tanques. Las autoridades se escudaron en que dicho plan se aprobó el pasado año y no podía cancelarse, pero con el escándalo ocurrido fueron capaces de posponerlo a 2021. Algunos tipos de uniforme verde se quedaron sin sus maquinitas este año, pero las tendrán al siguiente.

Al menos en el Departamento de Inmigración rectificaron cuando vieron que las renovaciones presenciales eran un hervidero de contagios. Tardaron lo suyo, pero al final así fue. Y ahora los extranjeros que se han quedado atrapados en Tailandia no tendrán que preocuparse por su visado hasta al menos el 31 de julio.

Por otro lado, pronto se anunciará la relajación del estado de emergencia por provincias. Bangkok, Phuket y Pattaya podrían volver a tener una mayor normalidad en junio, mientras que Chiang Mai quizás lo haga a mediados de mayo. Los centros comerciales posiblemente abran la próxima semana, y los vuelos domésticos volverán a operar también. Pero es pronto para confirmar todo esto, que sigue en el aire. Como tampoco es clara la intención gubernamental de no permitir la reapertura de bares ni de discotecas hasta el año que viene. Veremos qué ocurre.

 

La cuarentena que sí será de 40 días

 

Cuarentena Pornhub camiseta

Cuando asumí que mi aislamiento iba tan para largo decidí ponerme la camiseta oficial de la cuarentena.

Las noticias de la gestión gubernamental no han cesado desde que el último día de marzo pude regresar a mi casa. Y si bien considero que las autoridades no lo han hecho todo lo bien que hubieran podido -como tantos otros países-, al menos sí estoy satisfecho y orgulloso de buena parte del sistema sanitario tailandés. He podido probar en mi pellejo que funciona. Y no fue la primera vez que salí muy satisfecho. Solo tuve un percance con un médico corrupto en Pattaya, pero al final quedó en una historia curiosa de contar.

En mi condominio resultó todo fácil cuando ya estuve encerrado dentro de mi apartamento. Cada tres días venían a recoger la basura y si pedía comida me la traían a la puerta y salían corriendo. Ni siquiera tocaban el timbre. Pronto pudo venir gente a traerme la compra, siempre que respetasen el protocolo de dejarlo todo en la puerta y mantenerse a más de dos metros de distancia. Por supuesto, no podía dejar la puerta abierta y ponerme a chacharear.

puerta apartamento

Esa era mi situación cuando mi gente me traía comida. Lo de la pose y la camiseta fue fortuito.

Cuando llegué a casa, aún tenía que acabar el tratamiento experimental de la hidroxicloroquina y la azitromizina, algo que estaba expectante porque ocurriese. Aquellos fármacos me daban demasiados mareos y unas diarreas infames. Tras ello, los síntomas más habituales que he notado son un cansancio notable y muchísima dificultad para concentrarme, por eso me ha costado tanto escribir estos tres largos reportajes.

El único síntoma preocupante fue una opresión en el pecho cuando andaba mucho de un lado al otro por el diminuto apartamento, y dicho dolor se repitió de manera intermitente hasta casi desaparecer. Se lo conté también al médico cuando me llamó una semana después de estar en casa.

—Pues… ¡parece que estás bien!
—Me encuentro mucho mejor —era el mismo que me había visitado cuando se supo de mi daño pulmonar—, es gracias a vosotros.
—Y nosotros nos alegramos de que estés bien, ahora es importante que vayas a la revisión de los pulmones.
—Es el día en que se cumplirá un mes de los primeros síntomas, ¿estaré recuperado?
—Seguramente, pero ponte mascarilla y guantes para ir al hospital, ¿tenías una moto?
—Sí, iré en ella para evitar contactar con alguien, ¿nos veremos en la zona donde me atendisteis?
—No… tendrás que ir al mismo sitio donde te hicieron las primeras pruebas, y pídeles que te hagan el test, ¿vale? Es muy importante que sepas si ya eres negativo.

No fue muy alentador que me dijera que no iría donde fui tratado, sino al área de atención a los posibles pacientes con Covid19, el lugar donde el trato fue muy diferente.

Pasaron dos decenas de días sin abandonar mi apartamento y por fin pude salir -nuevamente por el ascensor de mercancías- para ir al hospital. A los gerentes del edificio no les hizo gracia que fuera a abandonar el nido, e incluso intentaron decirme que era demasiado pronto. “No es mi decisión, es la del médico”, tuve que comentar a la vez que enviaba el documento oficial del hospital. Por supuesto, me vigilaron hasta que monté en la moto y salí.

Monjes tailandeses en hospital

El área de atención por coronavirus estaba lleno de monjes, seguramente por algún contagio en un templo. Las enfermeras les llevaban comida y les rezaban mientras ellos esperaban su turno.

El paseo por todo el hospital se me hizo muy placentero, ya que era la primera vez en un mes que caminaba fuera de los 30 metros cuadrados de mi apartamento. Al llegar al área destinada al Covid19, una funcionaria me dijo que tendría que pagar. Tampoco le importó que llevara mi seguro médico, el pasaporte, el permiso de trabajo y el número de la seguridad social. Volvía a ser el extranjero común.

Me hicieron radiografías y pronto me atendió una médico a la que no conocía. Se miraba mis placas de rayos equis y ponía cara de circunstancias. Hizo fotos y las envió a algún sitio. Luego, llamó a alguien y logré entender que estaba hablando con el equipo médico que me atendió.

—Perdone… —traté de sacarla de su ensimismamiento al cabo de un rato— ¿hay algo raro en mis radiografías?
—A ver, bueno… es que sigues manteniendo el daño pulmonar.
—¿Y eso qué significa?
—Ha mejorado un poquito, así que el Covid19 ya no te ha afectado, pero el daño pulmonar sigue ahí.

No eran las mejores noticias, pero tampoco me preocupó en exceso. Sabía que podía ocurrir y estaba preparado, además de que me habían informado que este tipo de secuelas pueden desaparecer en una o dos semanas, pero que hay casos que llevan meses. Lo más importante es que no notaba cansancio alguno en mi capacidad para respirar.

—Eso sí, ya puedes hacer vida normal y salir a la calle, no te preocupes por la infección.
—Perfecto, pero me dijo el médico que hoy me harían la prueba para salir de dudas, ¿verdad?
—Ah… yo no sabía nada de eso. Te recomiendo que no te la hagas, ¿y si sale positivo?

Aquella doctora me insistió muchísimo en que no era necesario hacerme la prueba, que estaba curado. Y que había comprobado que el ministerio de Sanidad no aprobaba que se gastara un test en mí. También me comentó que si salía positivo sería un problema.

Insistí mucho y dije que en mi condominio no me iban a dejar en paz si no iba con un negativo. Entonces ella aceptó redactar un certificado conforme estaba curado. Al final, viendo que yo no cedía, me dijo que si pagaba por el test se me haría.

—Vale, pero la última vez que vine aquí se me dijo que si me hacía el test y era positivo me devolverían el dinero.
—Eso… yo ya no lo sé, pero el protocolo es ese. Pero si lo quieres de nuevo tendrás que pagar, porque el ministerio estima que eres negativo.

Pagué finalmente cien euros que nadie me devolvería, como ocurrió con los 150 de la ocasión anterior, y salí muy pronto del recinto médico. Arranqué la moto y regresé a casa. Esperaba que al día siguiente me dieran buenas noticias desde el hospital.

Monjes Tailandia covid19

Una de las imágenes más representativas de la pandemia en Tailandia. La instantánea es de hace un mes.

Me llamaron del hospital al día siguiente, y en esta ocasión era otro médico con quien no había hablado antes. Se presentó y me dijo que estaba en el equipo que se encargó de mi caso. Me había dado cuenta de que en el centro donde hacían las pruebas preliminares estaban colapsados y todo se había politizado. Pero en el ala del recinto donde fui tratado era todo mucho más profesional.

—Luis, no te asustes, has vuelto a dar positivo.
—Bueno, era algo que tenía previsto… ¿qué debo de hacer ahora?
—No podemos obligarte a nada, pero yo te sugeriría que por favor hagas cuarentena total.
—Ayer la médico me dijo que podía empezar a hacer vida normal —le comenté todo lo que me dijo la doctora—, ¿significa esto que no puedo salir siquiera a comprar al 7 Eleven?
—Tenemos un problema, hay demasiados contagios y no se están respetando muchas cuarentenas, hemos de parar esto…
—Sí, no se preocupe, si usted me dice que me encierre, eso haré.
—Hay casos de gente que da positivo en Covid19 hasta 40 días después de los primeros síntomas; yo, por si acaso, voy a poner que debes realizar de nuevo la prueba cuando se cumplan 41 días desde tu ingreso hospitalario.
—Perfecto, ¿dónde será la prueba?
—En el mismo lugar que ayer. Pero voy a dar orden al ministerio para que sufrague el coste del test, es muy importante que tengamos la certeza de que eres negativo.

Desde entonces, estoy en casa nuevamente encerrado. Y dentro de una semana espero salir y que por fin sea negativo en el Covid19. Ahí podré dar por zanjada esta experiencia como infectado por coronavirus, que espero que a través de estas palabras haya servido para que más de uno pueda saber a lo que se enfrenta. También para ver que no es una tontería. Yo he podido contarlo, y si además lo he hecho en casi 14.000 palabras es que estoy bien. Recuperado pese a todo. Y es que he tenido suerte, mucha suerte. Pero la batalla contra esta pandemia no ha hecho más que empezar.


No puedo dejar de dedicar esta trilogía de historias a Míster Porno, un tipo de los más entrañables con los que entrené en Barcelona. Nos conocimos hace más de diez años entrenando boxeo chino, en un gimnasio del Carmelo. Él me hablaba de cómo estaba haciendo sus pinitos como actor de cine X -de ahí el mote cariñoso- mientras entrenaba todos los deportes de contacto que podía. Era un toro. Y yo le contaba aquello que vivía por Asia en mis viajes. Nunca olvidaré su amabilidad cuando yo aterrizaba desde Tailandia y allí estaba él, con su coche, esperándome para llevarme al barrio aunque fueran las 5 de la madrugada. Ni como cada año me felicitaba en mi cumpleaños y me decía que pronto vendría a verme a Bangkok. A Míster Porno se lo ha llevado a otro sitio esta maldita enfermedad, como a tantísimas otras personas. Y ya solo por todos ellos merece la pena estar en guerra contra el Covid19.

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36 comentarios

  1. Aaron dice:

    Vaya hermano que discurso más largo. Toda una gran travesía con el coronavirus.
    Que pandemia no se que hubiera pasado si estuviera por Islandia con esta pandemia o si me tocara estar en siamland con el covid 19 creo que también estaría contagiado siendo el primer país fuera de Asia contagiado por la gran cantidad de chinos que van a Tailandia ya hubiera pasado por el hospital igual que usted mi estimado.

    Pero la historia de que no lo dejaban entrar a su condominio coño que cagada este covid 19 no se como seria eso en este país pero ante una pandemia igual forma hay que informarse bien ante un enemigo invisible. La gente tiene miedo a el contagio y es natural pues bueno el tipo que le entrego la comida y salió corriendo es un claro ejemplo.
    Realmente el miedo a una enfermedad que no distingue clase social, raza o religión es más real que una apocalipsis. Por eso un pastor evangélico fanatico que vi una noticia que se contagio por no hacer caso a la cuarentena y se murio al final por decir que su dios era más fuerte que el coronavirus y salió a su congregación o los comunistas que parecen que no revelaron la verdad del contagio por callar al médico de Wuhan que terminó muerto y terminó infectando toda italia. Que hubiera pasado si hubieran hecho caso desde el primer momento? Supuestamente hay un video de un chino que cuestiona las prácticas comunistas en relación al virus y dice que el contagio en italia sucedió por una pareja del partido comunistas que viajo a Italia con el virus sabiendo que eran portadores. Eso sí es verdad es una gran mierda contagiar a los europeos así.
    Que ncreíble la imagen de los monjes tailandeses ayudando a su pueblo con comida.
    Que mala imagen da Prayuth y las familias ricas de Tailandia que no parecen dar muchas respuestas a su gente. Bueno quizas allí vemos el problema muchos de que descendencia son.
    Entre comunistas y ortodoxos religiosos no vamos para ninguna lado por mi que incumplan las leyes de cuarentena y que se maten todos si no quieren cooperar con no quedarse en casa se necesita menos fanáticos religiosos y comunistas con sus ideas y intereses para un mundo mejor esa gente es pura traba, bloqueos.
    Bueno lo buenos es que se recupera y bueno cuídese ese pulmón.

    Saludos

    • Fue una historia larga, pero en mi caso ya puedo decir que ha quedado en el pasado. Por fortuna. Aunque esto del Covid19 parece ser que solo ha hecho que empezar y ahora se avecinan muchos cambios. Espero que al menos cada vez podamos lamentar menos víctimas…

  2. Malandro dice:

    Caramba, Luis, que odisea…. Estos thais, cuando se ponen plastas, no hay quien los aguante…. Supongo que el miedo que nos han metido en el cuerpo afecta a todo el planeta por igual, pero lo de intentar no dejarte volver a casa…. eso es muy cabrón…. En fin, que en nada estás volviendo a aporrear el saco, corriendo por la ciudad y quemando la noche en Thong Lor otra vez… Y yo que lo vea!

    • Lo de quemar noches va para largo… ¡ni alcohol sirven en restaurantes! Pero a partir de esta semana voy a empezar a correr, que si no ya va a ser demasiado este atrofiamiento… ¡a ver si te veo pronto por aquí!

  3. CHICHO dice:

    Bueno Luis, alegra saber que parece que al final estas recuperandote. Cuando empezaste la triologia, lo primero que hice fue rebuscar en el cajon mi antiguo carnet del Chula para tenerlo a mano 😉 Tras tanto tiempo viviendo por aqui lo del tufillo racista ya no sorprende, supongo… Un saludo

  4. SIAM KING dice:

    Espectacular trilogía! Muchas gracias por compartirla. Suerte en la próxima revisión y que todo vaya a mejor.

  5. Chema dice:

    Gracias por la trilogía… un regalo para hacer más llevadera la cuarentena :).

    La historia lo tiene todo y es un claro reflejo de lo que es Tailandia…

    En nada volveremos todos a disfrutar de Bangkok.

  6. jaime67 dice:

    Gracias por la trilogia.

  7. Fernando dice:

    Enhorabuena Luis, por volver a la carga! Sin doble sentido…
    Sigue cuidándote, espero verte pronto.

  8. Victor Maté dice:

    Me lo he leido de dos “tongadas” y hasta que no lo he acabado no he podido hacer otra cosa Ánimo Luis el día en que tomaremos una cerveza está más cerca. Gracias me ha gustado mucho tu historia

  9. Agustin dice:

    Muchos ánimos Luis! Seguro q la prox prueba sale negativo!

    Por si lees este comentrio, aquí se está hablando que Thai va a fletar aviones para los Thai que quieran volver… Es preocupante ya que m cuesta creer que el mundo esté de Covd hasta arriba y en Thai la cosa parezca inmune, máxime cuando explicas lo de las reuniones para rezar etc…

    Mi mujer Thai está como loca por volver… 😒

    Si puedes, y te ves con ánimo, sigue escribiendo…

    Un abrazo

    • ¡Gracias Agustín! Oficialmente, en este mes de mayo ya soy negativo.

      Creo que llego tarde a comentarte lo de los aviones para tailandeses desde España, ya que sé que ya han podido volar hasta aquí. Desgraciadamente, uno de los siameses retornados desde España ha salido en prensa porque comentó en redes sociales que a la llegada a Bangkok no había mecanismos de control de la fiebre. Fue detenido por publicar información supuestamente falsa -la foto que acompañaba al texto era de archivo- y ahora se enfrenta a la cárcel…

      Por lo que sea, aquí parece ser que el contagio no es grande. Entiendo que mucha gente piense que esto es un ‘refugio’. Igual que muchos extranjeros varados en Tailandia desean ir a Taiwán o a Vietnam.

      Seguiremos escribiendo en el blog, que lo tenía abandonado. ¡Abrazo!

  10. ¡Hola Luis!

    Me he leído tus tres artículos del tirón. Muchas gracias por compartir tu experiencia y contarnos tu versión sobre lo que está pasando en Tailandia. Es un placer poder leer un texto sosegado, argumentado, etc. En estos tiempos de titulares sensacionalistas y desinformación.

    Te leo desde España y me alegra muchísimo que cada vez te encuentras mejor. Espero la cosa siga así y que pronto tu cuarentena haya pasado y todo esto quede en una batallita que contar. Te mando mucho ánimo con lo que te queda de cuarentena y te deseo muchos mangos sticky rice para que no se te haga amarga 😉

    Un abrazo 😘

    • ¡Gracias Cristina!

      Siempre anima a seguir escribiendo ver que aún se valoran los textos más largos y sin prisas, ni por supuesto sensacionalismos baratos.

      Espero que todo vaya mucho mejor por España con la desescalada, por mi parte ya estoy recuperado y puedo salir a la calle sin problema alguno durante todo este mes de mayo.

      Precisamente hoy me hice un mango con arroz… ¡abrazo!

  11. Alberto LasVegas dice:

    Luis, me ha encantado tu historia. Es muy lamentable lo poco preparado que estamos tanto la sociedad civil, la sanitaria y sobre todo nuestros gobiernos ante un problema grave.
    Aqui en España te encuentras con situaciones dantescas, teniendo la potente sanidad que tenemos, y con incongruencias y situaciones absurdas ante lo que deberían de ser actuaciones lógicas.
    No hace falta a veces ser medico para ver que es lo más apropiado, y nuestros medicos y mayores estan desprotegidos.
    Me alegra mucho que por lo menos todo saliera bien en tu caso, y grácias por tus textos, ahora buceare por tu web, me ha encantado tu forma de narrar. Y en los momentos que estoy me ayuda leerte para evadirme.
    Gracias Luis, felicidades y un saludo.

    • Muchas gracias por tus palabras, Alberto. Yo tuve suerte, la verdad, pero cada vez son más los casos de personas que conozco y que han tenido que lamentar alguna pérdida. Espero que allí estéis mejor, pese a lo acontecido y que ya me comentaste.

      Mucho ánimo desde aquí, y que todo vaya a mejor.

  12. Ana dice:

    Hola
    Me llamo Ana y soy española. Encontré tu blog buscando información sobre Tailandia, cuando realizamos nuestro primer viaje mi marido y yo, hace ya cuatro años. Desde entonces hemos vuelto cada año, y hemos estado entre uno y dos meses pasando en invierno alli, en la zona de Phrom phong, menos este año, que ya se puso muy cara. Me encanta como escribes y me he reido mucho con tus crónicas bankogianas. Muchas veces pensamos en escribir para invitarte a una caña, pero por timidez y no incordiar, no lo hicimos. Me ha entristecido mucho saber que te contagiaste de Coronavirus, y siento lo que has pasado, especialmente cómo te trataron en tu condominio. Espero que ya te encuentres mejor, y por favor, cuando te den los resultados, informa a tus seguidores.
    Sólo te escribo para darte ánimos y una pronta recuperación.
    Un saludo, Ana.

    • ¡Hola Ana! Gracias por tus palabras, no imaginas lo bueno que es saber que hay gente ahí detrás que después de tantos años aún se ríe con lo que cuento por aquí.

      La próxima vez dadme un toque y hacemos esas cañas, en realidad he conocido a gente fantástica gracias al blog, y siempre digo a todo el mundo que mientras el tiempo lo permita y eso, conocerse siempre está bien y tomar unas cañejas mucho mejor

      Por lo demás, decir que ya estoy bien y creo que plenamente recuperado, ¡saludos!

  13. Miguel dice:

    Me alegro de que lo peor haya pasado y lamento que hayas tenido que pasar por esta terrible situación que nos está afectando a todos y a todas.
    Como siempre hay poca información y mucha manipulación de los que tienen el poder y que influencian a mucha gente. Lamento el mal trago a veces en el hospital y la insolidaridad de tus vecinos y vecinas. Solo espero que esta situación no nos destruya como personas y que valoremos lo que tenemos. Te deseo una pronta recuperación total y que podamos seguir disfrutando de un país tan grande como el reino de Siam.

    • Gracias por el apoyo, Miguel. En mi caso, finalmente todo quedó en otra historia por contar. Lo peor es la gente que ha sufrido pérdidas con esto, o quienes lo van -vamos- a pasar mal con la crisis que se avecina.

      Tarde o temprano volveremos a disfrutar de Siam sin tener que preocuparnos de esto…

  14. Lamento lo de tu amigo Luis. Aún tengo el bello erizado por la dedicatoria.

    Muchas gracias a volver a contarnos algo sobre lo que haces por la ciudad de los ángeles asiática.

    Espero volver pronto a “mi barrio” a On Nut, ese en el que convivimos y nunca coincidimos. Tenemos pendiente una cerveza y un abrazo.

  15. Xabier dice:

    Hola Luis, has visto el tema de PUI que sale en Bangkok Post? Hay información muy interesante en la web del DDC Tailandia, como que de los confirmados hay un 12% extranjeros, que los PUI siguen creciendo a ritmo de epidemia…

    • Hola Xabier, tienes razón en esto. Desde el Departamento de Control de Enfermedades se dijo que había más de 100.000 pacientes bajo investigación, lo que llaman PUI.

      Estuve investigando sobre ello. Lo ‘normal’ sería que fueran todos aquellos que podrían tener la enfermedad pero no se han contagiado. Pero desde el CDC se dijo (vagamente) que incluyen esa lista a todas las personas que estuvieron cerca de un infectado. Por ejemplo, si un paciente positivo pasó tiempo con dos amigos y su mujer, esas tres personas son PUI, aunque den negativo en un test o simplemente se les diga que estén en casa.

      Hay demasiados interrogantes en cómo se ha vivido la pandemia en Tailandia y el pequeño número de infectados. A mí me sorprendió, cuando empecé a salir a la calle, que las aglomeraciones siguieran siendo normales en muchas zonas locales.

      • Xabier dice:

        En Enero el DDC daba información de PUI, los descartados con otras enfermedades y casos pendientes del laboratorio. Estos dos datos desaparecen de los informes diarios y vuelve a aparecer el caso de descartados a finales de Febrero que son la mitad de los PUI, unos 10 mil. Después nada de nada.

        Yo creo los PUI es un artificio matemático para esconder cierta realidad, complicado de averiguar. Los números de PUI siguen aumentando, 3000 diarios, a ritmo de enfermedad.

  16. ¡Muy buena trilogía de artículos!

    Hemos estado enganchados hasta el final. Nos alegramos de que lo hayas podido superar.

    Un saludo y te seguimos leyendo 🙂

  17. Jorge Luis Sánchez Nadal dice:

    Luis, gracias por el relato que fue bien detallado y claro. Quería hacerte una pregunta: tenés idea cuando abrirán el Suvarnabuni? Y si desde Koh Lipe se puede ir ahora a Koh Tao? Desde ya, muchas gracias

  18. Juan Ignacio dice:

    Hola Luis, me alegro que hayas superado esta terrible enfermedad que está golpeando el mundo y tan duramente a España y que se ha llevado a tantos de nuestro compatriotas (DEP).
    Espero que estes bien y puedas seguir escribiendo estas crónicas que para aquellos a los que nos encantó Tailandia son como estar más cerca de ese maravilloso país cuando las leemos.
    Un Saludo Cordial y un Abrazo Virtual

  1. 17 mayo, 2020

    […] en el coronavirus. La pandemia del Covid19 lo ha cambiado todo en el mundo, y también en Siam. Incluso para mí, que tuve mi duro momento de contacto íntimo con el virus como ya relaté por aq…. Y lo de tirar de postureo siamés ha sido menester habitual en no pocos […]

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