Contagiado por coronavirus en Tailandia (I) – Mi ‘viernes 13’ siamés

coronavirus en Tailandia

Si he de pensar en el día en que todo cambió en Tailandia, señalo sin duda al 13 de marzo. Un viernes en el que, mientras Europa iba en caída libre y sin frenos en la lucha contra el Covid19, en Siam se rompió el hechizo. Los tailandeses empezaban a descubrir que su país no era inmune contra el coronavirus, y que la elucubración de que el calor impedía el contagio en la mayoría de casos podía ser simplemente papel mojado. Ese fin de semana todo cambió, también para mí. Es lo que me dio por llamar el viernes 13 siamés.

Hasta entonces, muchos anhelaban que fuera una realidad esa esperanza de que algunos territorios fueran inmunes al virus. Porque si bien a finales de enero Tailandia fue el segundo país con más contagios en todo el mundo debido al turismo chino, durante febrero y parte de marzo casi no hubo nuevas infecciones. Y cuando un joven contagiado falleció, el ministerio de Salud insistió entre lagunas y extrañas excusas que aquel paciente murió por dengue y no por coronavirus.

Todo eso se derrumbó aquel infame viernes 13. El día anterior había explotado una bomba informativa al confirmarse que un grupo de 11 jóvenes tailandeses dieron positivo como infectados por coronavirus en Bangkok, y ninguno de ellos era un turista al que encalomarle el marrón. Peor aún, los fiesteros -así les apodó la prensa- eran chavales de clase media y alta que, según el ministerio de Salud, habían compartido pitillos y tragos en la exclusiva zona de Thong Lor.

Eso propició que el ministro de Sanidad, un cafre que llegó al poder amparado por promesas de marihuana y billones de bahts amasados como especulador inmobiliario, se levantó con el pie torcido por la presión recibida con el contagio de los fiesteros. Así que Anutin Charnvirakul, un consumado racista hacia los occidentales según muchos, descargó toda su ira contra los farangs en una publicación en Twitter. “Ahora mismo es invierno en Europa y los farangs vienen aquí huyendo de la enfermedad; y muchos farangs visten como sucios y no se lavan, hemos de tener cuidado”, dijo para luego añadir que los chinos y el resto de asiáticos eran inofensivos.

Anutin ya había cargado contra los occidentales a principios de febrero, cuando se permitió el lujo de insultar a los europeos sin pudor frente a las cámaras, como se ve en el vídeo sobre estas líneas. Y dijo que no lo volvería a hacer, pero necesitaba un chivo expiatorio para compensar el caso de los infectados en Thong Lor y no pudo contenerse. Cuando se dio cuenta de que los medios lo tachaban de patán racista, borró el comentario y tiró balones fuera. Pero el mensaje caló en buena parte de la sociedad siamesa y demasiados empezaron a culpar a los occidentales. Algunos dijeron que el problema era Europa y no China.

Pero aquel viernes 13 no había hecho más que comenzar y al Gobierno comandado por el general Prayuth Chan-ocha le explotó otro caso en la cara. Matthew Deane, un popular actor de televisión que además es el showman más valorado en el mundillo del Muay Thai, anunció en sus redes sociales que estaba infectado por coronavirus. Y lo peor para los militares fue que el conocido como Khun Matt anunció que se expuso al virus en un evento de boxeo tailandés patrocinado por altos cargos militares.

En tan fatídico día, los tailandeses comprobaron que el virus podía transmitirse en su país, y que además también los actores famosos y los jóvenes adinerados podían contagiarse. Las autoridades buscaron excusas y anunciaron que si el showman Matt no tenía el virus habría consecuencias legales, mientras que dieron información falsa referente a los fiesteros. Dijeron que se fueron de copas e intimaron con un hongkonés que tosía y había desaparecido. Luego se demostró que era mentira.

Las autoridades se vieron saturadas y el Gobierno del militar Prayuth Chan-ocha, que se hizo con el poder por las armas hace seis años y cuyo mandato se revalidó en 2019 mediante un cuestionable proceso electoral, insistió en que los nuevos casos se habían producido en lugares muy concretos debido a irresponsabilidades personales. No estaban dispuestos los que mandan a aceptar que una pandemia no distingue por clase o cargo, ni a que pudiera uno infectarse si no se daban unas condiciones adecuadas.

Pero el viernes 13 aún tenía mucho que decir, por lo menos para mí. Después de ver las noticias, cogí el coche para ir a un restaurante local en Asok. Dos de las personas que más quiero habían aterrizado en Bangkok y estarían unos días, así que habíamos dicho de juntarnos unos cuantos amigos. Y ahí es donde la crisis por coronavirus en Tailandia se volvió personal para mí. Muy personal.

 

De una falsa sensación de seguridad al temor real

Calle Bangkok

Una imagen tomada el ‘viernes 13’ en Bangkok, donde la normalidad aún era latente.

La puntualidad no fue nunca lo mío, así que llegué a la cena en Asok cuando ya todo el mundo había acabado de cenar. Aun así, nos quedamos una hora en el restaurante, una terraza al aire libre de comida local y del noreste a precios muy económicos. Allí estábamos unos cuantos amigos españoles y siameses nacidos aquí pero de familia china. Todo era muy normal, hasta que Míster M -que es tailandés pero le confunden con chino- nombró lo evidente en un restaurante abarrotado de público tailandés.

—Chavales, ¿os habéis dado cuenta de cómo está el asunto? Nos tienen miedo.
—¿A qué te refieres? —preguntó alguno.
—Pues que en este restaurante todo el mundo es tailandés, pero como estamos hablando en inglés se han pensado somos turistas —esbozó el buen siamés de raza china una sonrisa mientras agarraba su cerveza—, y precisamente de las dos nacionalidades más odiadas.
—Ahora que lo dices… ¿no es un poco extraño que el bar esté lleno pero todas las mesas junto a nosotros estén vacías? —reparó otro.
—¡Exacto! He puesto la oreja a ver qué se estaba diciendo y el personal se piensa que somos chinos e italianos, así que sin que nos diéramos cuenta nos han aislado como si fuéramos la peste. Eso, o es una coincidencia muy macabra, porque estas mesas del centro son las mejores.

Es muy habitual que si un tailandés se siente incómodo opte por la sonrisa y hacer la suya sin que te des cuenta. Y eso había ocurrido. Nos habían dado la mesa central en la terraza del restaurante y habían dejado vacías todas las mesas a nuestro alrededor, mientras que el resto del local estaba abarrotado y los comensales se apelotonaban en los extremos como en latas de sardinas, lejos de nosotros. Antes de que se impusiera como concepto, nos habían hecho distanciamiento social, solo que de manera selectiva. Y todo porque pensaban que veníamos de los países enemigos, cuando en realidad todos vivimos en Tailandia desde hace muchísimos años y no habíamos estado en ninguna nación afectada por el Covid19.

—Necesitamos una foto, este momento es histórico —Míster M estaba eufórico—, ¡va a ser la foto del año!

No se equivocaba mi gran amigo siamés de familia china. En parte porque esa fue la última ocasión en la que nos reunimos, ya que ese fin de semana sería el único que disfrutara de una falsa sensación de seguridad en Bangkok. Era común en Siam temer que los contagios se estaban ocultando y que resultaba muy difícil acceder a las pruebas por coronavirus, pero hasta entonces la crisis aún no había despegado de verdad.

Para mí, he de admitir, Míster M no se equivocaba y esa sí que iba a ser la foto del año, porque muy pronto iba a notar en mis propias carnes la crisis que se avecinaba.

Coronavirus Tailandia

Imagen promocional del Gobierno el domingo de aquel fin de semana del viernes 13, cuando Prayuth se dirigió al pueblo siamés para anunciar su guerra contra el Covid19.

Aquel fin de semana fue el primero en que disfruté un poco del ocio de Bangkok desde hacía bastante tiempo, ya que llevaba semanas enfrascado en otros menesteres y también fue el último. Nos acercamos a tomar una copa en Route66 y era evidente que el viernes 13 lo había cambiado todo, ya que en el local de noche no había prácticamente nadie. Dos grupos de tailandeses y el personal del garito eran los únicos presentes, estaba muerto. Eso sí, los centros comerciales iban a todo gas y muchos restaurantes también.

El domingo a la noche me dediqué a ver en los medios cómo Europa trataba de combatir la pandemia y comprobé con gran pena que España necesitaba encerrarse en casa porque el contagio había sido masivo. Y mientras, en Tailandia ya no se pudo ocultar que el contagio era real y el primer ministro Prayuth tuvo que salir en televisión para dar un discurso de guerra. “¡Tailandia vencerá!”, gritó el líder siamés enfundado en un traje oficial cargado de medallas pese a no haber combatido en guerra alguna.

Mientras, ese mismo domingo Matt, el actor y showman, había podido confirmar que estaba infectado por coronavirus y que le habían encontrado plaza en un hospital público para empezar a ser tratado. Hasta el día de hoy, todos los pacientes confirmados por Covid19 han de ser internados en un hospital público de forma obligatoria, dejando de lado al sector privado ya que es un asunto estatal. Lo difícil es confirmar el contagio, ya que acceder a los tests es realmente complejo.

Decidí tomarme con calma la semana posterior al viernes 13 y evitar los lugares públicos durante unos días. Mientras, con cuentagotas aparecían nuevos casos de contagio, todos atribuidos a los fiesteros y a los apasionados al boxeo. El asunto no estaba como para ir a ningún sitio concurrido, pero el miércoles estaba algo cansado y decidí ir a escribir un rato a una de mis cafeterías favoritas en Thong Lor, donde entre semana no suele haber ni un alma y puedo estar solo. Pedí un espresso y me acomodé, pero como las calamidades siempre llegan cuando el asunto se pone peludo, de repente entró un grupo de 20 turistas japoneses jóvenes en la cafetería, con sus mochilas y su alegría. Me puse la mascarilla que suelo vestir en la calle y traté de concentrarme, pero no pude.

cafe y ordenador

Así que pagué el café y monté en mi moto para ir a mi bar favorito para las tardes de Thong Lor, una terraza al aire libre donde sirven Asahi de barril en vasos helados a precios de derribo. Además, a la hora que yo suelo ir no hay tampoco nadie y puedo leer tranquilo tomando una caña.

Al llegar a la terraza me recibieron los camareros con guantes y mascarilla, y se alegraron de que yo también llevara la máscara que uso para protegerme de la polución. Usé el gel de manos que tenían a la entrada y pedí una cerveza bien fría. Leí un rato al genial Mohammed Chukri, pagué y me fui. Muy pronto estaba de regreso en casa.

Era la noche del miércoles 18 y me sentía extraño mientras veía el último capítulo de la fantástica serie The Night Of de HBO. Y, de repente, me noté muy cansado. “Esto es la excusa ideal para darme un homenaje”, me dije a mí mismo y cogí una botella de Roku, una deliciosa ginebra japonesa. Me bebí un par de vasos viendo el final de esa interesante historia de cárceles y jueces.

Encendí la tele y salieron las noticias. Por supuesto, se centraban en los contagios por Covid19 y seguían hablando de los fiesteros y del grupo de asistentes a la velada de Muay Thai. Tailandia seguía negando la pandemia más allá de lo que llamaron “los focos de contagio”. La privacidad de los que se habían contagiado entre copas se rompió, y pronto la prensa tuvo acceso a los movimientos de todos ellos, con la excusa de que el gran público necesitaba saber qué lugares evitar.

En seguida acusaron a algunos de los fiesteros de ir a exclusivos clubes de caballeros donde se paga por la compañía de damas en paños menores, y se dieron todos los detalles de los lugares que visitaron y las acciones que protagonizaron. Se convirtieron en el foco del odio para muchos tailandeses y en enemigos públicos.

televisión tailandesa covid19

La televisión pública usó infografías constantes para explicar el modo de contagio de los ‘fiesteros’.

Mientras ojeaba las noticias, empecé a notar dolores musculares y por un instante temí que pudiera ser dengue, ya que el primer síntoma es ese. Ni siquiera con la ginebra se me pasó el malestar y en menos de una hora ya estaba tiritando. Cogí el termómetro mientras me tocaba la frente. Ardía. Y el mercurio indicó que estaba a 38,7ºC. Mierda.

Me metí en la cama y pregunté a Eze, lector de estas páginas. Me dijo lo evidente, que podía ser Covid19 o no. Y que si había cogido “el bicho de moda” -como algunos lo llaman en España- me esperaban de cinco a siete días si tan rápido me había contagiado. Martín, doctor y lector también, me escribió también en ese momento como si hubiera leído mi mente. Le dije a ambos que al día siguiente iría al hospital.

 

“Usted no está infectado por Covid19, no puedo ofrecerle las pruebas”

 

hospital chulalongkorn memorial

El hospital Chulalongkorn, en Silom.

No tenía tos seca ni moqueo, pero sí una fiebre muy elevada y notorios dolores musculares, así que decidí hacerme las pruebas del Covid19 por dos motivos. El primero, que no me creía que la pandemia no hubiera afectado en Tailandia. Si el mundo estaba sufriendo un contagio masivo, tenía muchos números de que también la enfermedad que me asolaba fuera esa. La segunda razón era que el fin de semana había compartido mesa con gente que podía estar infectada o contagiar a otros. Quería alertar a aquellos con quienes había coincidido si resultaba que estaba infectado.

Ya por aquel entonces era muy difícil acceder a los tests por coronavirus y se habían convertido en algo exclusivo. Como luego demostró un grupo de periodistas de investigación, se hacían en todo el país algo más de 200 tests diarios, y cuando más se realizaron la cifra llegó a 700. El Gobierno nunca ha querido confirmar estos datos y se limita a decir que se está siguiendo el protocolo adecuado.

Los precios de los tests podían llegar a ser de hasta mil euros si se hacían en hospitales privados, donde lo que hacían era recoger las muestras del paciente y llevarlas a un centro público. Solo la sanidad estatal podía encargarse de ello, así que decidí ir directamente a un hospital del Gobierno. Me decanté por Chulalongkorn, ya que tenía la mejor reputación y el test era más barato que en otros lugares.

Es totalmente cierto que el Chulalongkorn Memorial Hospital tiene unas instalaciones magníficas y cuenta con algunos profesionales de excepción, pero es un centro público y eso significa que hay que lidiar con la burocracia siamesa. Y eso son palabras mayores.

Hospital Covid19 Tailandia

La sala de espera para los recién llegados al hospital con síntomas de Covid19, hace un mes.

Llegué a la zona de espera para los posibles contagiados por coronavirus y me encontré con sillas distanciadas y una mesa con números y gel sanitario. Eran las 11.50 de la mañana y vi el cartelito típico de todos los edificios públicos a esa hora, donde se anuncia que el personal no trabaja de las 12:00 a las 13:00 para poder comer.

Esperé algo más de una hora y empezaron a llamarnos por nuestro número, y muy pronto me tocó a mí. Hacía un par de horas que me había tomado un paracetamol y estaba en un estado más o menos decente. Una trabajadora del hospital se dirigió a mí en inglés, ya que yo era el único occidental de las dos docenas de personas que habría allá en aquel momento.

—Pasaporte, por favor.
—No lo llevo encima —no suelo llevarlo nunca ya que no hace falta—, pero aquí tiene mi carné de conducir tailandés y también mi permiso de trabajo.
¿No llevas el pasaporte encima?
—Bueno, tengo una fotocopia —se la entregué— y también puedo enviarle una copia escaneada.

La funcionaria se dirigió a una ventanilla donde había tres trabajadoras protegidas por pantallas de plástico. Vi que una de ellas negaba todo el rato, mientras que la mujer que cargaba con mis documentos trataba de negociar algo. Finalmente, se dirigió a mí.

—Me dicen que no vale otra identificación que no sea el pasaporte, y la fotocopia no pueden aceptarla.
—Resido aquí en Bangkok y tengo dos identificaciones oficiales, esto me ha servido en otros centros públicos.
—Lo siento, son las normas.
—Pero estoy enfermo y quizás sea contagioso, llevo esperando más de una hora.
—Tendrás que ir a tu casa a por el pasaporte
—Vivo en On Nut —intenté suplicarle—, estoy muy lejos para ir y volver en mi coche con el tráfico que hay.
Mejor coge el tren aéreo —su respuesta me dejó asombrado—, llegarás más rápido.
—¿El tren aéreo? ¿Y qué pasa si estoy infectado? ¿No podríamos evitar el transporte público?
—Lo siento, de verdad, pero son las normas y mis compañeras son inflexibles. Nos han dicho que todos los extranjeros son iguales, da igual si viven y trabajan aquí o son turistas, el pasaporte es necesario.
—Pero…
—Mira, lo único que puedo hacer por ti es guardarte plaza. Yo acabo a las tres de la tarde, si llegas antes de esa hora hago que te ahorres la cola y pasas directo a ver al médico.

Agradecí ese último gesto de comprensión y regresé a mi casa. Cogí el pasaporte y pude llegar al hospital un par de minutos antes de que la funcionaria acabara su turno. No solo cumplió con su palabra, sino que durante ese tiempo había rellenado mi ficha como nuevo paciente y había preparado mi tarjeta hospitalaria. Le agradecí el trato y me acompañó la enfermería antes de enviarme a la zona de investigación del Covid19.

Una enfermera chequeó mi temperatura con una pistola de medición y vio que daba 39,7ºC. Me miró asustada y me pidió que usara un termómetro normal, más fiable. La cifra bajó a 39,2ºC.

Prayuth Covid19

Prayuth aprovechó la situación en los medios televisivos para aparecer con una mascarilla hecha a medida con motivos conservadores tailandeses. No sé por qué pronto decidió no usarla nunca más y pasarse a la sanitaria común y corriente.

El primer paso tras ser admitido fue, cómo no, pagar unos 70 euros para poder ser examinado por un médico especialista en epidemiología. Me sorprendió ver por primera vez en un hospital público que los extranjeros tuvieran que pagar más que los tailandeses, algo común en atracciones turísticas pero que me sorprendió en un centro sanitario. Además, hicieron caso omiso a que yo esté adscrito a la seguridad social tailandesa. Pero preferí no decir nada; como he comentado antes, los occidentales somos el punto de mira del ministro de Sanidad y quizás su discurso hubiera calado entre el funcionariado que trabajaba en el hospital.

Fui a la sala de espera y vi que ahí estaba la farmacia del hospital. Les dije si podían darme paracetamol, ya que tenía más de 39 de fiebre, y me dijeron que me esperase. Así que me senté en una sala atestada de gente que tosía y esperé un par de horas hasta que el médico me examinó. Primero de todo, cogió una hoja donde debía rellenar mi cuadro clínico.

—Bueno, primero de todo cuéntame tus síntomas —miró la ficha que me habían hecho en recepción—, leo que tienes fiebre alta y dolores musculares, ¿es así?
—Exacto.
—¿Tos seca? ¿Moqueo?
—No.
—¿Tampoco tienes dolor de garganta? —vio que negaba con la cabeza y apuntó algo—. Pasemos entonces a lo más importante, ¿has visitado algún país infectado?
—Vivo aquí y mi último vuelo fue hace un mes y medio, a Indonesia; tampoco he estado en contacto con extranjeros recién llegados.
—¿Has ido a algún estadio de Muay Thai? ¿O a las discotecas de Thong Lor en las últimas dos semanas? ¿Quizás fuiste a algún lugar de señoritas en Thong Lor?
—No he hecho nada de eso. Cafeterías, algún restaurante de mi barrio y un fin de semana de noche con mis amigos, pero fuera de Thong Lor.
—Entonces, ¿por qué crees que tienes el Covid19?
—Bueno… ¿acaso no es una pandemia global y un virus muy contagioso?
—Solo si estás en contacto con algún foco de contagio.
—Vamos, que no puedo cogerlo en el súper comprando.

El médico, muy amablemente, me dijo que yo no tenía coronavirus y que podía irme a casa tranquilo. Le vi pasar los datos a limpio y también cómo tras escribir que tenía más de 39 de fiebre se arrepintió, borró una cifra y lo dejó en 38ºC. Él también pensó que los termómetros de pistola fallan más que escopetas de feria. Me hizo un certificado médico donde se diagnosticaba que tenía un catarro agudo y que debía descansar durante siete días.

—Disculpe —le miré con el papel del catarro en la mano y ojos vidriosos—, ¿es imposible que me hagan las pruebas?
—Lo siento, el ministerio de Salud solo las aprueba si vemos que hay posibilidades reales de contagio —miró nuevamente al papel donde había anotado mis síntomas y movió ligeramente la cabeza de lado a lado—, no creo que te hayas infectado con el Covid19.
—Me siento muy mal, si mañana estoy igual me iré a otro hospital y pediré las pruebas del dengue, pero preferiría ir sabiendo que soy negativo por coronavirus.
—Déjame ver algo —abrió una pantalla en su ordenador y buscó unas cifras, luego miró la hora en su reloj—. Veo que hoy no se ha llegado al límite de tests diarios que podemos hacer; con tu cuadro clínico no puedo solicitar que te hagan la prueba sin coste, pero si pagas por ella podrían hacértela esta tarde. Te recetaré también algo de paracetamol.

Fui de nuevo a la caja del hospital para pagar por mi prueba del Covid19. Otros 70 euros. En aquel momento pensé en toda esa gente que gana poco más de 220 euros en Bangkok, ¿cómo van a pagar tres cuartas partes de su salario en el hospital menos costoso para comprobar si están infectados por coronavirus? Sin duda, ese puede ser uno de los motivos clave del bajo contagio en todo el país.

Antes de regresar a la sala de espera volví a pedir otro paracetamol, me sentía como si estuviera flotando por los pasillos. “Ya te he dicho antes que no puedo darte ningún fármaco, espera a llegar a tu casa, que eres joven”. Otro golpe de realidad al ver que los ánimos no estaban muy allá entre los trabajadores del hospital. Me senté nuevamente y miré las noticias en mi móvil. Lo más notorio era que los contagios se estaban disparando, ya que era el tercer día seguido con 30 nuevos infectados. Seguían informando los medios de que todos estaban relacionados con la velada de boxeo o el grupo de los fiesteros, aunque en estos casos eran ya los familiares y amigos de los contagiados.

Abandoné el hospital alrededor de las 19:30, cuando había logrado que me hicieran las pruebas PCR del virus. Con la nariz magullada -es bastante molesto el test- me fui a casa. Estaba totalmente muerto y tuvieron que llevarme, ya que no podía conducir. No fui capaz de cenar nada y me metí en la cama directamente.

 

Urgencia médica: positivo por coronavirus en Bangkok

hospital tailandia Covid19

En el hospital han instalado recientemente una zona de videoconferencia para poder tener el primer contacto con un médico de forma digital. Me pareció una medida de lo más acertada.

Pasé una noche infernal, pero me levanté a las 9 de la mañana y me encontraba algo mejor. Encendí el teléfono móvil y aparecieron más de diez llamadas perdidas y varios mensajes. Los abrí y me decían que tenía que llamar urgentemente al hospital. Tenía un correo electrónico diciendo lo mismo. Y ya con eso hubo poco más que decir.

Por teléfono me confirmaron que había dado positivo en la prueba por Covid19. Joder. “Al menos no ha sido dengue”, traté de decirme a mí mismo para levantar los ánimos. El personal médico me pidió que fuera inmediatamente al hospital, ya que me iban a internar y me moverían a una zona reservada para los infectados por coronavirus.

Noté una gran diferencia entre el médico y su personal de enfermería que me llamó tras haberse confirmado mi positivo y las personas que me habían atendido el día anterior. Y ya empecé a entender que iban a tratarme los expertos, por lo que respiré aliviado. Por fortuna, fue así y, aunque la guerra no había hecho más que empezar, a mi lado había gente muy buena.

Me llamaron dos veces más desde el hospital antes de que pudiera llegar. Estaban preocupados de que me escapara o que fuera a algún lugar público antes de internarme. Desgraciadamente, me dijeron, hubo gente que reaccionó de dicha manera cuando supieron que estaban infectados.

En aquel momento no podía saberlo, pero en el hospital iba a pasar unos días complicados y acabaría por necesitar el tratamiento experimental. Sin embargo, todo el personal médico resultaría excelente y las instalaciones de primer nivel. Y quizás si no hubiera estado allí hubiera tenido que lamentar algo más allá del daño pulmonar que ahora mismo tengo. Por no hablar de que la confirmación de mi enfermedad me permitió alertar a todos aquellos a quienes vi en los días anteriores.

Cuando estaba llegando al hospital, un colega me escribió. “Aún no es oficial, pero me dicen que el contagio se ha doblado y que puede haber hasta 60 casos positivos hoy“. El asunto se ponía serio. Muy serio. Y para mí no había hecho más que empezar.


Lee la segunda parte de esta historia en este enlace

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34 comentarios

  1. Carlos dice:

    Menuda aventura, amigo. Viví algo parecido en Vietnam pero por suerte dí negativo y pude volver a España despues de 3 días en el hospital.

  2. Jon dice:

    Yo lo que alucino es que te cobren 70€ por atenderte, siendo residente allí y estando adscrito a la SS thai. Puedo entender por la prueba de covid, pero por atenderte… encima para decirte que solo puedes estar infectado si has ido a Thong Lor o al muay thai, menudo médico más “profesional”.

    También alucino con los que gobiernan, menudos personajes, mira que nos quejamos de lo que tenemos en occidente, pero lo que hay en Tailandia entre el dictador, el rey, el ministro de sanidad racista… veo mucho ignorante ahí con puestos importantes.

    Muchas ganas de leer la segunda y tercera parte.

    Mañana creo que empiezan a vender alcohol nuevamente en Bangkok, así que mañana me leeré le segunda parte mientras me bebo la primera cerveza en un tiempo hehehe

    • Bueno, los 70 euros se los cobraban a casi todo el mundo, eran muy estrictos con los requerimientos para obtener los tests gratis. ¿Lo mejor? ¡Que en este tiempo sin contestar ya puedes beberte esa cerveza y las que quieras!

  3. Pol dice:

    Quiero pensar que hoy en día se toman ya más en serio a los pacientes con síntomas. Con ganas de leer las siguientes partes. Un abrazo!

    • Pues ahora mismo ya sabes que hay prácticamente contagios nulos. Si es cierto o no, a saber. Pero yo sí puedo decir que hace 20 días -en mi última visita- el área para el Covid19 estaba bastante desértica.

  4. SIAM KING dice:

    Lo más importante es que vayas recuperando. Ánimo y a seguir fuerte💪💪💪.
    Si “Mañana lunes 20 de abril, a las 13:00 en horario español, empieza lo bueno”, a esa hora aquí como un clavo. Cuídate.

  5. Ivan dice:

    Otro ejemplo de que el nacionalismo (siamés o cualquier otro) muestra su peor cara en momentos de crisis mundiales. Los culpables siempre son “los de fuera”. Incomprensible también mantener hasta el último momento que el Covid-19 en Tailandia era solo cosa de boxeadores y de jóvenes que salían de fiesta, curiosamente, relacionándolo también aquí con extranjeros. ¡Mucho ánimo Luis!

    • Ahora mismo, con el pequeño número de casos oficiales, la gente ya no le teme al virus. Pero el estigma de los contagiados sigue ahí, aunque la fea cara del nacionalismo ya tiene menos fuerza. Y menos mal.

  6. Potorato dice:

    Fantástica entrada, como siempre, que devoro con avidez (aunque el tema sea tan delicado). Ánimo y fuerza.

  7. Malandro dice:

    Qué buena crónica, Maestro Luis!
    Por una parte, es una jodienda lo de estar enfermo, pero viéndolo por el lado positivo, te pilló con los hospitales menos saturados y … Ya lo has pasado!
    Casi como acabar la mili….. Libre!
    Espero con ansia las continuaciones.

  8. Malandro dice:

    Por cierto, qué bueno es volver a leerte en el Bizarro!

  9. Aaron dice:

    Se animo el fiestero español thai.

    La parte del restaurante en la terraza no se como pueden confundir un tailandes o chino con un italiano.
    Bueno tu si puedes parecer de Hispania pero cualquier asiático no se como carajos. Jajaj

    Ese lugar de thong lor como que pasan muchas cosas ahh pues recuerdo el capitulo de unas tailandesas que acusaron a compatriota español si más no recuerdo.
    Siendo una área exclusiva no me explico como no había controles para los asiáticos que se contagiaron por allí.
    Realmente ese Prayuth no tiene cara de saber manejar grandes problemas como estos y condecorado militar sin participar en ninguna guerra imaginate gran soldado sin machete historico….. Jejej
    me parece que más fuerte es Nai Khanom para defender su gente y el otro solo acusando occidentales y no había ni un italiano por allí. Ese debe estar loco si no sabe que el origen de la pandemia viene de Wuhan. Quien más infecto la población thai un japonés? Italiano?español? Alguna vikinga? La culpa de esta pandemia es de china.

    Ahora el mundo está en un caos total todo esta jodido. No tengo nada en contra de los chinos(a parte del comunismo) pero el origen de este virus es de su país.

    El mundo completo es un colapso y la mayoría de los putos religiosos hablan del apocalipsis nuevamente. Realmente para ver si se hace una limpia en este iweputa mundo prefiero el Ragnarok vikingo a ver si nacen de verdad nuevos gobernantes en este fuckin mundo pero bueno eso no pasará por que cuando esto pase será una continuación de la misma mierda y luego pasa otra mierda y la misma mierda vuelve y se repite otra vez.

    Coño quería pasarme una temporada más en Islandia, trabajar un poco, coger unas vikingas en esa sociedad que le comenté (dicen que ellas pagan tragos) y a ver si al menos si el Ragnarok se puede eliminar al menos en la mente (por que esta mierda apocalíptica me cansa, solo saber el ambiente en que estoy) y luego volvía a Siam.

    Saludos, que este bien amigo de Siamland.

  10. Charly dice:

    Saca ya la segunda parte porfavor Luis me pica todo el cuerpo

  11. ¡Gracias a todos por comentar! He de decir que en esta crisis sanitaria me he encontrado con auténticos egoístas en Tailandia, pero también con gente que me ha ayudado y me ha apoyado. Lo que ocurre es que en el poder suele haber bastantes dinosaurios anquilosados en el pasado y eso se nota.

    ¡Perdonad el retraso! Durante el día de hoy, la segunda parte.

  12. Andrés dice:

    Felicitaciones por como has relatado lo sucedido. Sin dudas que entre palabras se vislumbra el hecho de que te ha tocado el cuerpo, es algo personal como tu dices.

    Los que hemos estado viviendo en Tailandia nos sentimos tomando un café con amigos, al momento de leerte sobre las formas y actitudes Thai. Sabes reflejar muy bien la indosincracia y cultural siamesa. Abrazo desde Argentina

  13. Dabid dice:

    ¡Hola Luis! Soy Dabid, amigo de Toni y Carme, nos conocimos en enero en Bangkok. Menuda odisea a cuenta del bicho este. A la espera quedamos del desenlace. Espero que ya estés al 100%. Un abrazo.

  14. Miguel Angel dice:

    Buenas Luis! Fantástico post. Nos alegramos de volverte a leer por aquí. Ahora vamos a atacar a la segunda parte del relato. Observamos que en paises del sudeste asiatico y mas concretamente en Tailandia,el dinero es super importante, mas bien decisivo. Allí a parte de estar mejor visto socialmente como nos cuentas en anteriores relatos, el dinero literalmente puede salvarte la vida. Saludos!!

    • ¡Buenas Miguel Ángel! Sí, sin duda tener dinero en el Sureste es imprescindible. No me refiero a tener cuentas abultadas, pero sí a estar preparado por si viene alguna desgracia. Igualmente, todo lo que son temas sanitarios graves puede solventarse con un buen seguro médico. Pero hay veces en que, sin duda, hay que sacar la billetera…

  15. jaime67 dice:

    Me alegro mucho de que te hayas recuperado bien.

    Me estoy acordando del a;o pasado, que te vi en la feria del libro de Barcelona, un dia como hoy y compre el libro de tu amigo Campos.

    Se que como escritor que eres, hoy es un dia especial para ti. Asi que feliz dia de Sant Jordi.

    He leido un comentario critico por arriba de la sanidad tailandesa, dire que mi cu;ada de 70 a;os de edad, ha estado ingresada en una clinica privada de Barcelona , durante 10 dias por el covip 19, de 29 de marzo al 8 de abril ambos inclusives. No estuvo en UCI y ahora acaba la cuarentena en su domicilio de 15 dias.
    El motivo de ir a la privada, es que llevaba 12 dias con 38,5 grados de fiebre y llamaba a los telefonos que se indicaban de la sanidad publica y ni contestaban, estaban al parecer colapsados en la provincia de Barcelona, hasta que se desplazo el 27 de marzo personalmente al CAP de su poblacion, diciendole que se fuera a casa. Al cabo de dos dias al no bajar la fiebre, el dia 29 de marzo, opto por ir a una clinica privada de Barcelona capital, a la vista de que se decia que no habia respiradores suficientes en los hospitales publicos y a mas tenia seguro privado contratado unicamente para urgencias medicas. Pensaba que no la ingresarian.
    La dejaron ingresada de inmediato ya que tenia neumonia y al dia siguiente resulto positiva en el covip 19.
    Cuando le dieron el alta, le dieron la factura por 5 dias de estancia en clinica, que ascendia de 4.500 euros.
    Los otros 5 dias los paga la Seguridad Social, ya que al quinto dia solicito su traslado aun hospital publico, dado que carecia de dinero para pagar el tratamiento de privado.
    Llamo al 061 y expuso el tema del traslado y se dijeron que de alli no se movia, y que la Seguridad Social se hacia cargo desde ese dia del pago de todo.
    Por supuesto no se ha pagado dicha cantidad, y se pleiteara el tiempo que haga falta para no pagarla, ya que se nacionalizo la sanidad privada con el decreto de Estado de Alarma.
    Asi que en todos sitios cuecen habas.
    Menos mal que esta bien, o eso parece, que va mejor y no tiene fiebre, pero las ha pasado putas. Y mi hermano igual, pues convivia con ella antes y despues del ingreso hospitalario, pero de momento no se ha contagiado, y tiene 72 a;os.

    Personalmente estoy confinado en mi piso, en Barcelona capital, sin balcon, ni patio, ni nada que se le parezca, desde el dia 13 de marzo, a las 15,30 horas, que fue el dia que lleve a mi esposa a casa de mi hija, a Parets del Valles, pues ella se acojono al ser persona de alto riesgo, pues padece asma cronico, y ver ella bar de los chinos de frente a mi casa, que cerro de un dia para otro, entro en panico o shock.

    Felicidades por escribir nuevamente tus articulos en tu foro, y que te encuentres bien, ya que joder, Dengue y Covip 19, que mala suerte.

    Un saludo.

    • Recuerdo con cariño el día de Sant Jordi en que nos vimos en Barcelona. Normalmente es una fecha que nunca paso en Europa.

      Yo he narrado aquí mi situación con la sanidad tailandesa, que en general considero muy positiva pese a todo lo malo. Desde España he escuchado problemones gigantescos, aunque es normal debido a la locura que ha sido -y está siendo- esta crisis en Europa. ¡Saludos!

  16. Richi dice:

    Gracias por tu post y por el blog. A mi pareja y a mi nos pilló el mes de marzo en Thailandia y el día 19 viendo el cambio de actitud hacia los “farangs” en muchos de los sitios que frecuentábamos (no todos los sitios,ni todas las personas) decidimos adelantar nuestra vuelta a España. Somos visitantes asiduos del país y es verdad que se notaba cierta mala disposición hacia los extranjeros, repito no todo el mundo ni en todos los sitios. Nos ha encantado leerte, como de costumbre. Vamos a por la segunda y tercera parte. Abrazo y ánimo!!

    • Muy de acuerdo en lo que comentas, Richi, cuando el contagio se disparó en Tailandia empezó a mirarse muy mal a los occidentales. Eso parece ser que fue la tónica en muchos países del Sureste, en muchos hoteles empezaron a prohibirle la entrada a foráneos. Ahora, por suerte, dicha situación parece haberse calmado. Pero veremos cuándo podrá volverse a entrar en Tailandia desde Occidente… ¡Abrazo!

  1. 20 abril, 2020

    […] Esta historia es la segunda parte de una trilogía corta sobre un contagio de coronavirus en Tailandia. Lee la primera parte en este enlace. […]

  2. 24 abril, 2020

    […] Esta historia es la tercera parte de una trilogía corta sobre un contagio de coronavirus en Tailandia. Empieza con la primera parte en este enlace. […]

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