Playas, fiesta y porros: así Tailandia vuelve a camelarse al mundo

Tailandia Bangkok tren

Todo vuelve a estar en orden en Bangkok. Bueno, mejor dicho la ciudad luce de nuevo su particular y caótica rutina. Como estos días bromeaba conmigo el Bisbal del Vallès -un periodista de mi quinta que si bien lucía la melena del de Bulería también gastaba el acento de Pasqual Maragall-, en Tailandia uno se topa con un paisaje fascinante. “Fiesta descontrolada, cirugía plástica a mansalva, corrupción rampante, playas de ensueño y, ahora, marihuana para el personal”. Y aunque con lo de los canutos nos quisieron colar la vendida de un humo de que ni fumándolo a cara perro daba colocón, al final la yerba que coloca también se suma a la fiesta.

Muchas discotecas -tiene su qué el asunto- dijeron estos días ser restaurantes, pero en lugar de dar fideos y arroces sirvieron solo copas y colocones. Como siempre, vamos. El Gobierno, a su rollo, dice temer que algún nocturno se ponga enfermo ahora que reabren los bares oficialmente, y obvia que el personal lleva meses apelotonándose en pequeños garitos con menús de comida a la entrada pero donde no se servían ni unos cacahuetes. La policía, que también va a lo suyo, se sorprende al descubrir que hay locales donde la clientela se emborracha, se besa y hasta se droga hasta altas horas de la madrugada.

Policía de Bangkok en discoteca

La policía revisa la licencia del club nocturno Hillary 11 cuando decía operar como restaurante. Estuvo todo en orden, pese a que los bares estaban prohibidos con la excusa de la pandemia.

En mitad de todo esto, los militares ya se han dado cuenta del tremendo deterioro de su imagen tras ocho años dándole la brasa a sus gentes. Porque en las primeras elecciones libres de verdad –el cachondeo de las generales de 2019 no cuenta– un candidato a alcalde reformista ha arrasado en votos en Bangkok.

El tipo tiene carisma y le ha puesto valor al enfrentarse a los carcas que llevan las armas. Quiere arreglar el infame tráfico de la ciudad y limpiar el aire contaminado, desposar a los magnates de siempre de sus tratos de favor, apostar por el matrimonio homosexual y rejuvenecer la noche de Bangkok para que lo de salir de copas vuelva a ser atractivo para el turismo. Menudo papelón.

Mientras, desde el Gobierno siguen tirando de la nada noble práctica del sandaliazo, que es su particular manera de decir Diego cuando dijeron digo, cuando se trata de hablar de una hipotética vuelta a la normalidad. Una mañana pueden afirmar que reabrirán oficialmente las discotecas y a la tarde decir que se lo pensaron mejor y más vale prevenir. Otro día anuncian que van a quitar las mascarillas y al siguiente nos obligan a que las llevemos hasta en la playa.

Lo de las playas y taparse la boca tiene su guasa, porque la realidad de dicha obligatoriedad es que en Phuket, por ejemplo, no lleva mascarilla ni el empleado de la tienda donde compras las cervezas. Y cuando el Gobierno aprobó que el 1 de junio no fuera obligatorio en la isla el engorro de taparnos la boca hasta yendo en bicicleta, al día siguiente su gobernador tiró de sandaliazo -ese arte de cambiar tu opinión como si fueran gayumbos-  y volvió a pedir que el personal llevase la mascarilla hasta para darse un bañazo. Aunque estuvieras solo en el mar.

Maya Bay 2022

La playa de Maya Bay es una renovada trampa turística donde cobran 11 euros por entrar un rato a hacerte la foto rodeado de hordas de turistas. Bañarse está prohibido. Y si ya está abarrotada ahora mismo, no quiero imaginar cuando el turismo se recupere.

El asunto de recular en lo de quitar las mascarillas fue de carcajada porque, claro, el señor que hace las veces de alcalde exigía al personal a seguir luciendo en la boca lo que ya nadie llevaba. Ni los turistas ni tampoco los tailandeses del lugar. En Bangkok, donde su uso es masivo en exteriores, podría haberse entendido.

Lo que ocurre es que el líder de la isla es un amiguete de los militares puesto a dedo por la junta militar y, obviamente, le gusta mucho lo de ir a destiempo entre lo que se hace en la calle y lo que exigen sus normas. El asunto para ellos es curarse en salud sin importar cómo vayan de salud sus gentes. Menos mal que, ahora parece ser que sí, a partir de julio en todo el país podremos ir destapados. De la boca, me refiero. Eso si no reculan de nuevo.

Phuket, por cierto, ha dado el quizás único pelotazo en estos tiempos de Covid. La isla se convirtió en mi destino favorito el pasado año cuando, liberada del turismo masivo y de los destrozos de los grupos organizados, exhibió sus playas vacías y más limpias que nunca. Aprovechó el desastre de la pandemia para sanear sus trampas turísticas y mostrar su mejor cara.

barco isla Phi Phi Tailandia

El turismo asiático se lo goza con sus infinitas fotos en la isla de Phi Phi.

Todo era económico, además. Te alquilabas un coche por 12 euros y una moto por tan solo cuatro. La cerveza era muy barata y cada noche había fiesta en la playa. Ahora, con el regreso del turismo, los hoteles ya han doblado sus precios. Y la policía ha vuelto a sembrar Patong de controles de tráfico donde, cómo no, solo paran a los extranjeros para arañarles unos billetes. Ni el hambre por revivir el turismo puede calmar su sed de mordidas.

Y sin embargo viajar por Tailandia aún es una gozada en este año en que el turismo mayoritario no ha regresado, que no es otro que el que venía de China, vamos. Porque mientras los hijos de Mao no puedan entrar y salir con facilidad de su casa, en Siam no se sufrirá el colapso turístico de los cinco años previos al estallido de Wuhan.

Eso sí, los tailandeses ya han encontrado reemplazo temporal para su turística gallina de los huevos de oro. Sabiendo que los viajeros occidentales son cada día más tiquismiquis, y viendo sin éxito que los países árabes no pueden suplir la falta de chinos, han ido a camelarse a los que pueden ser los nuevos reyes de Siam: los indios.

Indios en un barco Tailandia

Un viaje en ferry entre Phuket y Phi Phi donde la mayoría de los pasajeros eran turistas de India.

Tailandia ha facilitado enormemente los visados a los nacionales de India y ha mejorado toda la infraestructura para que lo tengan muy sencillo para entrar en el país. En mayo se dijo que habían llegado unos 100.000 indios, pero las previsiones son que medio millón de ellos llegue mensualmente al reino.

En Phuket el meollo salta a la vista, pero es ante todo en las islas de Phi Phi donde uno se encuentra con más gentes del país de Ghandi. Seguramente haya algún touroperador indio promocionando esa parte del mundo, porque es curioso ver restaurantes en el centro de la isla donde solo hay viajeros indios comiendo pollo tandori.

Yo siempre les tuve cierto cariño a los indios, con sus más y sus menos, así que me alegro de verles por aquí paseando sus bigotes y sus gotas bindi. También están volviendo los europeos, y las playas de las islas vuelven a lucir animadas. En Bangkok, Khaosan tiene ambiente cada noche y los extranjeros han vuelto a asomar.

Farangs en Khaosan

Sin camiseta y cervezón de medio litro en mano. El clásico del barrio mochilero, ya de vuelta este fin de semana.

Las buenas noticias para quienes estén pensando en escaparse una temporada por estos lares es que la pandemia es cada vez menos evidente. La mayoría de requerimientos para volar a Tailandia se eliminarán a partir del 1 de julio y -esperemos- el final del uso de las mascarillas en exteriores será también en esa fecha.

Las discotecas podrán abrir oficialmente hasta las 2 de la madrugada también a partir del próximo mes. Aunque eso no ha impedido que haya habido fiesta a raudales en los meses previos, solo que a persiana bajada y a mordida pagada.

Lo feo del panorama es que la inflación también está haciendo mella y el Gobierno dice que no hay demasiado que pueda hacerse. En los años de la pandemia disfrutamos de una vida más barata, pero todo está subiendo de precio a día de hoy.

Cierto, en Tailandia no todo podía ser perfecto. Como no lo es en ningún lugar del mundo. Pero pese a todo, es un gran momento para dejarse caer por el reino. Sobre todo mientras los turistas chinos siguen sin poder venir.

Así que habrá que brindar por el retorno de Tailandia a la acción. Y, qué carajo, también por Bangkok: Bizarro, que lo he tenido demasiado abandonado durante meses. Asuntos de salud y quebraderos financieros me han tenido adormilado durante un letargo demasiado extenso. Pero no se me vayan, estimados, porque aún hay mucho por narrar. Empezando desde hoy mismo.

 

Turistas, discotecas y fumetas: Tailandia quiere gozarla

 

Khaosan Road en 2022

Khaosan de noche el pasado fin de semana. Ya todo empieza a lucir bien.

El pasado año en Tailandia fue un verdadero dolor de muelas. Los contagios de Covid acabaron por llegar y el Gobierno fue cuando menos errático en su política de contención. Se ponían multas a quienes fueran en su coche sin mascarilla, cerraron hasta los restaurantes y se perseguía a los infectados. Menudo panorama.

Por suerte, en 2022 mejoró todo bastante. Y en febrero empezamos a ver cómo lo de salir de noche no tenía que estirarse en garitos cutres con olor a moho y a persiana bajada. El turismo ha regresado con ganas y todo se ve mucho más alegre, pero sin las aglomeraciones extremas de los tiempos previos a que hasta en los bares se hablara de Wuhan.

¿Merece la pena venir a Tailandia ahora mismo? Pues hay una gráfica que lo deja bien claro.

Thailand Tourism numbers 2022

Cifras del ministerio de Turismo, donde se ve claro que el volumen de turistas sigue siendo muy pequeño.

Aún es posible disfrutar del país sin aglomeraciones ni (demasiadas) trampas turísticas. Vale, ya he comentado antes que los agentes están caninos -sin las mordidas a los extranjeros se han multiplicado los impagos crediticios de los policías- y que en sitios como Phuket ya han vuelto a las andadas. Pero el volumen de viajeros es ahora bastante agradable.

La clave de todo el meollo será el mes de julio. Cuando finalmente eliminen las restricciones de entrada como la solicitud del ThailandPass y la obligatoriedad de un seguro médico estará todo mejor. Si además se respeta la propuesta de retirar las mascarillas será para echar cohetes. Yo, de momento, lo festejaré viajando a Camboya nada más empiece el mes.

Aunque si se trata de festejos, Tailandia (casi) ha vuelto a lo que mejor sabe hacer. Sí, el Gobierno prohibió los bares hasta este mes y los comederos tenían que dejar de servir alcohol antes de la medianoche. Pero, como siempre, fue todo de cara a la galería.

Turista en Tailandia

Las supercherías turísticas que siempre se han vendido ya han regresado a la palestra.

La mayoría de discotecas se las apañaron para convertir sus licencias de clubes nocturnos a restaurantes. La siempre eterna Route66, quizás el local más mítico de Bangkok, abre hasta casi la una de la madrugada con toda la fuerza de antaño. En el mismo horario está la exclusiva -y costosa- Sing Sing Theater o la cada día más popular Havana.

Otros locales como Sugar y su movida rapera lo tuvieron más complicado para reabrir, y se tuvieron que montar salones escondidos. Precisamente, el del club de Hip Hop fue curioso, ya que montó una sala cargada de humo y shishas en la que un público extrañísimo iba ahí a fumar y tomar. Digno de ver. Ahora ya ha vuelto a su previa normalidad.

La zona que quizás se haya visto más afectada es Thong Lor, aunque AINU Bar sigue llenando cada fin de semana con su pijerío de manual y sus tests de antígenos obligatorios a la entrada. Parte del público juvenil del distrito elegante de la ciudad ahora se refugia en bares al aire libre, y en la nueva discoteca Xohee, en Sukhumvit 22. Su público es mayoritariamente veinteañero.

Khaosan está animadísimo si lo que gusta, claro, es el ambiente fiestero mochilero. Al menos una vez al mes voy por allí a beber matarratas en cubos de plástico y a disfrutar como si fuera un recién llegado. Como fiesta de calle es, quizás, lo más divertido de la ciudad ahora mismo que está menos masificado. El barrio turístico de Bangkok tiene muchísimos altibajos, pero ahora está en uno de sus mejores momentos tras haber pasado un par de años como refugio solo de tailandeses y mezclarse ahora con un buen puñado de viajeros.

En lo callejero y que sea amable para el bolsillo hay que mencionar también a Kalma, un bar de copas llevado por el andorrano Roy donde sirven gintónics como en España a un precio digno. Está en una zona de copeo al lado de la estación de On Nut que cada día tiene más vida, y donde voy mucho porque me queda al lado de casa. Ahí también está el mítico Cheap Charlie’s, para obligatoria para tomar unas primeras cañas de las que acaban en madrugadas.

Para los que quieran vivir la experiencia tailandesa sin extranjeros pueden optar por los muchísimos locales de música en directo en las afueras. Pero quizás el más espectacular de ellos -con diferencia- sea TopOne, una macrodiscoteca con luces y espectáculo como pocas. Ha de tenerse en cuenta que es un lugar muy asiático y donde no suelen ir occidentales, lo que tiene su punto, claro, pero no hay que dar la nota.

Top One Club in Bangkok

Lo de las luces y los espectáculos en TopOne es de otro mundo.

Algunos de estos lugares logran llegar hasta la una de la madrugada y con suerte a las dos antes de verse obligados a cerrar. A partir de ahí, uno puede buscar en Sukhumvit algo de acción o directamente ir a los locales que estiran hasta más tarde. Como el incombustible Hillary 2 en la zona de Nana, que ha perdido mucho en pandemia pero sigue dando guerra.

Eso sí, el after canalla de referencia desde la pandemia es sin duda Penny Black. Encerrado en una planta superior de soi Cowboy, el local ha logrado ser un referente y estar abierto hasta las 3 de la madrugada. Años atrás era un garito de arañas y placeres remunerados, pero ahora reúne a públicos variopintos y ante todo ahí acaban siempre los calaveras y sospechosos habituales.

¿Qué hay de quienes buscan estirar hasta bien entrada la mañana? Pues el lugar que no ha fallado fue Vampire Pub, una discoteca enorme que a los nostálgicos les hará tilín, ya que es el mismo local que en su día fue Spicy. Y además los camareros y agentes de seguridad son los que estaban en la desaparecida Swing, muy para soltar lagrimita.

Vampire Pub Bangkok

La tarjeta para que te guarden la botella en Vampire es bien curiosa.

Si bien el club está en lo que fue el Spicy, la entrada es por detrás. Aunque llegar es fácil si le dices al taxista que te lleve a Ron Mueang, al lado del estadio nacional en Siam, y sigues a la marabunta de gente. La puerta no es la de una discoteca para tratar de vender que no es un lugar de copas lo que hay tras ella.

Vampire, eso sí, no tiene nada que ver con lo que era Spicy. Ahora el público son jóvenes tailandeses de clase trabajadora, sin demasiados recursos económicos pero con ganas de divertirse. Hay botellas de licores locales a precios baratísimos y banda de música, además de un pinchadiscos que tira del martilleo habitual de la acelerada electrónica siamesa.

El garito es enorme además y tiene todos los clásicos de las viejas discotecas tailandesas a las que no van muchos extranjeros. Con sus masajistas en el baño para arreglarte la espalda mientras meas a cambio de una propina. Y donde los tíos de seguridad vienen a menudo a pedirte que les pongas un chupito de tu botella y luego te echan un cable con lo que sea. Como en el siempre añorado Swing.

Vampire pub Bangkok

Una noche de sábado en Vampire, hace dos semanas.

Vampire podía estar abierta hasta las 6 de la madrugada. Pero su futuro ahora es incierto, ya que la policía hizo una redada hace una semana para mostrar en prensa que trabajan. Quieren decirle al pueblo que se esfuerzan en perseguir a quienes no respetan las leyes del Gobierno para combatir la pandemia.

Por supuesto, los que mandan se llevaron las manos a la cabeza y fingieron sorpresa ante el hecho de que cientos de jóvenes estuvieran enlatados como sardinas en un lugar donde además encontraron metanfetamina, ketamina y las sustancias habituales. Como si no supieran qué se cocía cada noche en los recovecos de la capital.

Hay gente detrás de Vampire con mucho poder, no dudo que volverá a abrir aunque sea con otro nombre. En cualquier caso, la redada ha hecho que en estos días todo cierre en Bangkok a la medianoche. Será temporal, como siempre, pero ahora la policía se ha puesto seria con este asunto. En parte porque ya se ha anunciado que los horarios volverán a la vieja normalidad a partir de julio.

 

¿Y qué hay de los porretas y su marihuana legal?

 

marihuana bangkok

Un puesto de marihuana en Khaosan. Totalmente legal.

Lo más de actualidad para el final. Sí, finalmente Tailandia ha legalizado la yerba. De manera totalmente impredecible ya que, al final, han eliminado las restricciones de THC en la marihuana. Cualquiera que se acerque a Khaosan verá que los puestos callejeros de moda son ahora los que venden cogollos y porros liados.

Pero además de la zona de mochileros, en varios lugares de Bangkok han aparecido tiendas de marihuana donde, además, tienen el kit del buen fumeta. Papel, prensadores, pipas y lo que haga falta. Y eso sin contar que muchos foros de internet y Facebook se han llenado de vendedores independientes que te envían el producto por correo. Las cartas olerán a planta como las que llegaban de Holanda.

Marihuana legal en Bangkok

Una vendedora ambulante en Khaosan.

Lo de Khaosan tiene su guasa, ya que han sabido esquivar la prohibición de la manera más previsible. Ahora mismo, la ley dice que el consumo y la tenencia de marihuana son asuntos despenalizados. Se puede comprar y vender con sencillez, y harán falta unos pocos permisos que, de momento, casi todo el mundo se salta a la torera. Lo que no se permite es fumar en público.

Así que en el barrio mochilero han habilitado jardines donde ponerse tibio. Aunque no hace falta ir allí, en la querida taberna de nuestro barrio ya dejan al personal habitual liarse los canutos a la vista del personal y, por supuesto, dar buena cuenta de ellos.

Ciertamente, el momento el pasado fin de semana en que estuvimos fumando unos leños públicamente se nos hizo cuando menos extraño. Pero incluso yo, que no soy de darle a la fumeta, hice la gracia estos días por la novedad.

Menú marihuana Tailandia

Listado de precios de un vendedor en Khaosan. A partir de los 250 bahts el gramo se puede encontrar.

La calidad, dicen los entendidos, es realmente buena. Y una buena noticia para los canuteros, ya que la mayoría de la yerba que se encontraba con regularidad por estos lares -sobre todo en la capital- estaba mal elaborada y se mezclaban hojas, ramas y suciedad varia. Lo que venden ahora legalmente es, como dirían los hermanos Muñoz, cosa fina.

Los cogollos están bien cortados y huelen bien. Y la yerba que se vende pega muy fuerte. Los porretas habituales que conocen bien el mundillo en Europa dicen que la calidad es sobrada. Los precios, no obstante, aún son más caros que por ejemplo en España, si bien mucho más baratos que en Ámsterdam.

Un leño liado en la calle se vende a cien bahts, y los gramos van de los 250 hasta los 900. Cada día me llegan opciones de compra al pormayor que envían por correo, con un par. Pero está claro que estos precios van a bajar y mucho. Sobre todo porque van a repartirse un millón de plantas para que el personal le dé al cultivo.

Porro Tailandia

A la venta libremente en la calle.

Cabe decir que ha sido toda una sorpresa lo de la grifa. Durante todos los meses -y años- que esto ha estado en proceso, siempre se dijo que la marihuana sería legal únicamente con fines médicos. Y que el máximo permitido de THC sería de un 0,2%. Pero finalmente se han hecho una tailandesada los que mandan para mantener viva su doble moral.

Igual que la prostitución es ilegal pero a la vez visible y aceptada al ponerse las autoridades una venda en los ojos -las mujeres semidesnudas en clubes de neones donde se oferta sexo no venden su cuerpo porque no lo hacen a la vista de los censores-, con la fumada se hace algo similar. La maría es de uso medicinal, y el Gobierno se sorprende de que alguien se la haya fumado. Vaya.

Lo de la limitación del THC es para los derivados como el CBD en aceite o el hachís. Los cogollos se venden para que tú luego los uses con fines médicos, y por eso van sin topes. Por otro lado, no hay delito en el consumo de nada relacionado con la planta, así que el arreglo funciona.

Vendedor porros tailandia

Un vendedor prepara un liado para un cliente. Todo bien.

Sin embargo, un apunte: ¿qué gana el Gobierno con todo esto? Muchos opinan que es una manera de atraer turistas a cholón, pero eso es un efecto secundario positivo. En realidad, esto fue la propuesta con la que el líder del partido Bumjaithai pudo lograr votos y hacer coalición con el golpista Prayuth Chan-ocha, hace ya más de tres años. Nadie pensó que fuera a llevarse a cabo.

Se rumorea que el ahora ministro de Sanidad, Anutin Chanvirakul –quien siempre ha mostrado odio hacia los occidentales-, posee extensas plantaciones de marihuana. No sería extraño, antes de político fue un magnate que se enriqueció con prácticas cuestionables.

Lo que se ha detectado es un interés por parte de las grandes fortunas de Tailandia, y no sería de extrañar que finalmente quienes sacaran tajada de todo esto fueran las empresas afines a los militares, como siempre. Habrá que ver qué cambios normativos redactarán para perfilar la regulación de la marihuana. De momento, no se pagan ni impuestos y hay vía libre.

Todo esto es tan importante -puede significar un aumento enorme del turismo en Tailandia– que necesitaba redactar otra historia sobre ello, así que en este enlace podéis leer todo lo que implica esta legalización de la marihuana.

Policía tailandia Khaosan

La policía de patrulla por Khaosan.

Y es que no podemos obviar que el Gobierno tailandés, liderado por un séquito de militares en edad de haberse jubilado hace ya mucho, está muy lejos de tener a su pueblo bajo control. Los generales no calibran la forma en que funciona el mundo y cómo es la Tailandia de hoy en día.

El golpista Prayuth, por ejemplo, sigue visitando escuelas para instruir a los líderes educativos en la enseñanza de la religión, la nación y la monarquía. Las matemáticas, las humanidades y las ciencias no importan para él. Recientemente tuvo la desfachatez de asistir a un evento en pos del empoderamiento femenino y dijo que la mujer debía seguir al hombre. Al fin y al cabo, en sus primeros años de mandato ya dijo que la igualdad de género “deteriorará la sociedad tailandesa”. El tipo vive en su burbuja.

En las elecciones a la alcaldía de Bangkok, que se celebraron de manera libre, el reformista Chadchart y el candidato del partido antimilitarista Move Forward se llevaron más de dos tercios de los votos. Esto es muy relevante al tener en cuenta que la capital es el feudo conservador del país y donde hace tres años Prayuth logró más representación.

Así es normal que el Gobierno empiece a suprimir las restricciones para evitar las infecciones en pandemia, pese a que con la excusa del control médico pudo volver a tomar decisiones absolutistas y a aplacar a quienes cuestionan el orden establecido por él. Necesita ganarse a un pueblo que ya hace demasiado que no lo quiere.

La legalización de la marihuana y obviar las limitaciones de THC van en sintonía con todo esto. Es una manera de darle una alegría al pueblo y que recuerden a este Ejecutivo como el que legalizó la yerba. Es curioso que un mismo gobierno que reprime la libertad de expresión, encarcela a los contrarios y está en contra del matrimonio homosexual sea el primero en esta parte del mundo en legalizar la fumada.

Se avecinan tiempos interesantes en Tailandia. Y Bangkok: Bizarro tendrá que estar ahí para contarlo.

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9 comentarios

  1. Harry El Sucio Potter dice:

    Siete meses esperando para esta entrada, pero ha merecido la pena, como es habitual. Se avecinan tiempos curiosos en Tailandia, Bangkok bizarro estará ahí para contarlo y Harry Potter y su amigo MaSa estarán allí para vivirlo… que ya va siendo hora. Chingüengüencha, prepara la reunión, cervezones mediante. El doctor Sapeeee!

  2. Carlos Cesar dice:

    Gracias por volver, echaba mucho de menos tus articulos

  3. El Carnicero dice:

    ¡Gora Bangkok Bizarro!

  4. R. Ibarzabal dice:

    Celebro que la fiesta vuelva al reino de Siam, ¡y celebro aún más que regrese Bangkok Bizarro! Seguiremos viviendo vicariamente las maravillas del Sudeste gracias a tus textos, fotos y vídeos,. ¡Que no decaiga!
    Ahora, a ver si las cosas empiezan a volver a su cauce también en las islas del Sol Naciente, que ya toca…

  5. NONAME dice:

    ¡A la espera de volver a gozar con las historias (con o sin manivela) de Bangkok Bizarro!

  6. Ruben dice:

    Teniendo japon o Singapur no sé cómo hay gente que le atrae ese basurero.

  7. Jaime69 dice:

    Com m’alegro del fet que tornis a escriure en el teu blog, ho he trobat molt a faltar.
    I igual que sempre aquest article és molt interessant.
    Ara mateix a casa meva són les 23:11 hores i estem a 30°, és un forn.
    Salut, et desitjo des de Barcelona.

  8. Rober dice:

    Fantástico descubrimiento este Bangkok Bizarro Luis, no te encuentras sitios con una visión tan cercana y verdadera así como así, y todo narrado con pluma afilada y verbo ligero! No se puede pedir más!

    Pasaré por el reino de Siam este Agosto y temía el estado de la movida nocturna pero esta entrada da esperanzas a los farang despistados como yo, así que veremos que nos encontramos.

    Si estás en Agosto por Bangkok tienes unas cervezas pagadas por la inestimable informacion que nos dejas aquí, deseando seguir leyéndote al pie del cañón en este blog.

    Un saludo!

  9. malandro dice:

    Ay, qué alivio, que vuelve el Bizarro…. La vida era mucho peor sin él!
    Solo falta que resuciten la disco de los bajos del hotel, y mi vida volverá a estar completa…
    Un abrazo, maestro, y muchas gracias por volver!

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