Del ‘postureo siamés’ a la polución tailandesa o el coronavirus

Postureo siamés boda

Tailandia es un país, cómo decirlo, muy de pose. De lo que en España ahora llaman postureo, vaya. Solo que en Siam el asunto va diferente, y a veces lo de querer dar una imagen concreta es algo un poco de estar por casa. Como en su casa estaba la dama que el verano del pasado año, dicen, llegó al hospital con un fuerte dolor vaginal debido a una caída un tanto aparatosa sobre un curioso aparato.

La mujer entró en urgencias con un dolor entre las piernas. Y sin además poder cerrarlas. El asunto, comentan, resultó ser que tenía un pepino introducido en su ranura, así de crudo. Al menos esa es la historia que contaron los dos reporteros de televisión que por casualidad estaban en el hospital. La protagonista, por supuesto, tenía una explicación clara ante semejante follón.

Como si planteara aquello del “que parezca un accidente”, la dolorida dama dijo que todo fue un asunto de azar. Que ella estaba haciendo sus quehaceres en el hogar cuando, de repente, resbaló y ahí se encontraba un pepino empinado que, con toda la mala fortuna -o quizás fuera buena-, “se introdujo dentro” de ella.

Si bien la esperpéntica noticia salió en algún canal de televisión, a mí me huele a chamusquina. Pero lo que no dudaría es en esa manera de excursarse. Porque el postureo siamés es así de curioso. O de divertido. No hay pudor en afirmar lo que más rocambolesco le pueda parecer a cualquiera, mientras la intención sea guardar las formas o aparentar lo que no se es.

 

Postureo policial, o cómo sonreír ante la falta de evidencia

Policía Tailandia Nana Suckers

El postureo más divertido de la policía es siempre en lugares de bajas pasiones.

Esto del postureo siamés es algo así como cuando uno, sin inmutarse, afirma cualquier contradicción con tal de quedar bien cuando el relato no se aguanta. Es como si uno se está hincando un filete de medio kilo y le dice al personal que es vegano. Con un par.

Los más cachondos con este tejemaneje suelen las autoridades y las fuerzas armadas. La mayoría de los uniformados aún vive en un pasado en el que decir algo en televisión era como convertirlo en realidad, cuando la única forma de informarse para muchos en Tailandia era desinformarse con las curiosidades que se decían en la pequeña pantalla.

Mi favorita, cómo no, es la anécdota del oficio que no cobra impuestos porque es ilegal. La prostitución, claro. Negocio prohibido pero que en las avenidas centrales de muchas ciudades del país es imposible no verlo, neones mediante.

Desde hace un año y antes de que el Covid19 pusiera todo patas arriba, la policía le puso ganas sobre todo en Pattaya, esa ciudad conocida por ser seguramente el mayor burdel del planeta. En varias ocasiones, los agentes uniformados se plantaron en Walking Street y entraron a los bares donde las señoritas se contornean desnudas sobre las barras y los muchachos negocian ratos de amor apresurado. Y allí, delante de carteles que ofrecían “gatas salvajes” o “chicas sucias”, y con menús de servicios que empezaban con al menos la siempre habitual sacudida de nutria, solían hacerse una foto oficial los cuerpos armados para certificar que no pasa nada de nada.

Policía de Pattaya.

Una de las muchas instantáneas que reparte la policía en medios de comunicación y en su canal burocrático para certificar que en Pattaya, de comercio sexual, nada de nada.

Todo esto del postureo siamés de los que mandan es quizás por falta de miras. Por eso aquello de que aún piensan que decir algo en la pequeña pantalla es convertirlo en realidad. Hasta que alguien en Bangkok le levanta la falda a la ciudad y se muestran sus vergüenzas. Entonces el postureo pasa a la fase dos. Del “aquí nada ocurre” al “mira cómo me lo curro”. Como el día en que Vice hizo una historieta de cómo era acercarse a un bar de limpiezas de sable y las autoridades se preguntaron cómo era posible que algo así existiera en su ciudad. Falta de miras. O de no mirar mucho, vamos, porque los carteles y los escotes del doctor mamada estaban bien visibles en Nana. Para demostrar su entereza, la policía cerró el garito donde se limpiaban sables para, según ellos, limpiar la ciudad.

De ese postureo siamés que se basa en tomar cartas en el asunto para que parezca que se está logrando algo hay muchos ejemplos. ¿Un tarado conduce borracho y a toda pastilla y mata a unos cuantos en la carretera? Durante una semana pondrán controles en todas las avenidas para hacer ver que se persigue a los infractores. Y qué decir de la extrema maraña de cables en Bangkok, que la alcaldía siempre hizo como que no existía. Pues un día a Bill Gates le dio por publicar una foto en Facebook mofándose del asunto y, a toda mecha, la ciudad sacó pecho y empezó a soterrar el desaguisado. Dijeron que todo cable sería enterrado bajo tierra, pero solo se hizo hasta que el público se olvidó del asunto.

cables Bangkok

Desde mi cafetería favorita disfruto de tan bellas vistas. A ver si un día Bill Gates se pasea por acá.

No hará falta comentar el espinoso asunto de los investigadores policiales de Bangkok, que frente a cualquier crimen avisan que lo resolverán en menos de tres días y luego es fácil que le carguen el muerto al primero que pasaba por allí. Porque, claro, la pose y no perder cara es lo que cuenta.

La pose -el postureo siamés- es algo que se aprende desde niño. En las escuelas, a veces, parece que lo de estudiar sea lo de menos. Porque la polémica siempre surge cuando alguien pone en tela de juicio la importancia de alzar la bandera y cantar el himno del país todas las mañanas o que los niños se postren frente a los profesores para mostrar respeto. En una boda tradicional, la mujer también tiene que postrarse y tirarse al suelo frente al macho para mostrar su futura lealtad. Las nuevas generaciones políticas quieren cambiar esto, pero los de verde y camuflaje están por otras labores más carcas.

No en vano, el primer ministro y general Prayuth Chan-ocha ya dijo en su momento que “la igualdad de género lo que hace es degenerar la sociedad tailandesa” y que lo natural es que las mujeres cuiden a los hijos. Hace poco, el buen militar dijo que las mujeres inteligentes suelen ser feas y que las guapas, cómo no, tontas.

 

Sacando pecho frente al coronavirus, postureo mediante

 

Pareja en Tailandia mascarilla

Cómo no, es imposible no pensar en estos días en el coronavirus. La pandemia del Covid19 lo ha cambiado todo en el mundo, y también en Siam. Incluso para mí, que tuve mi duro momento de contacto íntimo con el virus como ya relaté por aquí. Y lo de tirar de postureo siamés ha sido menester habitual en no pocos asuntos.

La estrategia oficial de Tailandia frente al virus ha tirado mucho de pose desde el principio. Decir que no pasaba nada y que todo se encontraba bajo control fue la tónica diaria, para luego encomendarse a la diosa fortuna. Más allá del cabreo que lleva buena parte de la población por la inacción gubernamental, Prayuth en los albores del contagio hizo oídos sordos a quienes dijeron de atajar la pandemia y dijo que todo estaba en orden.

Bangkok Post

Una edición del Bangkok Post de finales de enero. En el titular en grande, la afirmación del Gobierno de tenerlo “todo bajo control”. Y, al lado, los datos de contagio por aquel entonces, con Tailandia como el lugar más afectado fuera de China.

Por el motivo que sea, en Tailandia la infección no ha sido abrumadora y el coronavirus se ha mantenido a raya de aquella manera. Sea debido al calor, a la diosa fortuna o a que el virus aquí está de vacaciones. El motivo se desconoce. Eso sí, en mis propias carnes -y en el bolsillo- sufrí lo difícil que era hacerse el test del Covid19, por lo que los números pueden estar arreglados por ahí. Pero a la vista está que los hospitales no están colapsados, y eso es un dato importante para pensar que realmente el número de contagiados no es elevado.

El Serpiente, un gran amigo e hijo de Siam, siempre dice que el éxito del país se debe a que los tailandeses son muy precavidos; evitan salir a la calle, van con mascarilla hasta al lavabo y guardan las distancias sociales. Luego, el mismo Serpiente me envía cada dos por tres fotos de sus fiestas privadas -que están prohibidas por el estado de emergencia- donde se juntan habituales y desconocidos entre copas y sin protecciones.

Al fin y al cabo, en todo el mundo ocurre lo mismo si no se prohíbe claramente una actividad o se limita el movimiento. En Tailandia, el bueno de Prayuth lo hizo todo más bien de cara a la galería. Un día anunció el estado de emergencia con mucha pompa en un discurso televisivo y dio una fecha para su puesta en marcha, pero no dio detalle alguno. Eso era lo de menos. La idea era que quedase claro que se ponían serios, aunque luego las acciones concretas se fueran tomando sobre la marcha. Puro postureo siamés.

Así es normal que a veces el asunto se descontrole. Porque en muchísimas ocasiones los siameses miran de no tocarse y de guardar las distancias con mucho más ahínco que lo que parece ocurrir en Europa. Pero si algo en el sistema falla todo se va por el desagüe. Por ejemplo, si se estropea el tren aéreo.

BTS Bangkok aglomeración

Colapso en el BTS estas semanas. Lo de las distancias sociales no pudo ser.

La pasada semana, un fallo mecánico creó un retraso enorme en el servicio del BTS, el popular tren aéreo de Bangkok, algo que desgraciadamente es bastante habitual. ¿El resultado? Puede verse en las imágenes.

Lo peor de dicha aglomeración no fue la posibilidad de contagio, ya que las gentes de Siam cada vez le tienen menos miedo a un virus del que hay uno o muy pocos casos nuevos al día. El desastre fue que las redes sociales hablaron de la avería y el percance saltó a las noticias. ¿La receta propuesta por las autoridades? La de siempre, pasarse de frenada. Si los trenes tienen una capacidad de hasta mil pasajeros, fueron limitados a un máximo de 250 personas. ¿Cómo pensaban hacerlo? Ni se sabe. ¿Y qué deberían hacer los viajeros para llegar puntuales al curro? A saber. Casi una semana después, las aglomeraciones se repiten y no se puso en marcha dicha limitación más allá de sobre el papel. Lo importante era decirlo de cara a la galería cuando tenían las autoridades la patata caliente en la mesa.

Seguramente este caso de postureo siamés del BTS acabe como otras patinadas que han ido ocurriendo durante la crisis por la pandemia. A principios de mayo, por ejemplo, había cuatro festivos seguidos y las carreteras se atestaron de incontables vehículos de gente que se iba de puente. Al Gobierno le entró un ataque de cuernos y anunció en la Gazeta Real -el diario oficial que hace las veces de BOE- que prohibía cambiar de provincia. Pero, como era imposible parar dicho descontrol, finalmente miró hacia otro lado cuando había que hacer cumplir la Ley. Los bloqueos en las carreteras entre provincias desaparecieron poco después del anuncio.

Eso sí, que no parezca que con esto del postureo siamés se está llevando de manera funesta la crisis del coronavirus en Tailandia. Porque el postureo farang es quizás más flagrante, con no pocos occidentales que pasan de todo. Como esos tipos que montan fiestas de escándalo en Phuket o los cafres del este de Europa que se recochinean de los carteles en Pattaya que avisan que bañarse en el mar puede pagarse con un año de cárcel y aun así se meten en el agua. Con un par. Así luego nos miran mal a todos los que lucimos redondos ojos.

 

El cochambroso combate contra la polución y el plástico

 

Dron Tailandia polución

El arma secreta de Tailandia contra la polución fue… un escuadrón de drones para disparar agua en el aire.

¿Qué quieren que les diga? Quizás haya algo de crítica al postureo siamés en estas líneas, pero en realidad también hay mucho de cariño. Esa forma tan tailandesa de hacerlo todo, con una buena imagen para salvar su imagen ante todo y poner cara de que no pasa nada, es casi entrañable. Otra cosa es que sea vergonzante cuando lo ves en la actitud de quienes mandan frente a asuntos serios.

Antes de que el Covid19 dejara el mundo hecho unos zorros, Tailandia tenía un problema grave con la polución. Desde hacía pocos años, el jaleo de las partículas PM2.5 se había puesto demasiado cuesta arriba y hubo semanas este año en las que respirar el aire de Bangkok, Chiang Mai y otras ciudades era sumamente dañino.

Como ponerle solución al problema era complejo y además requería de meter mano a negocios de amiguetes y magnates o de cambiar hábitos entre sus electores, el Gobierno militar optó por situaciones muy de pose. Inventó una tecnología anti-polución que consistía en lanzar agua a cañonazos desde las principales avenidas o pulverizarla con drones por la ciudad. Hasta el New York Times hizo sorna de aquello, cuando se puso en marcha el pasado año.

Polución Tailandia

Personalmente, las crisis de la polución son de las que más me apenan en Tailandia, con unos cielos grises infames y la necesidad de comprar mascarillas con buenos filtros, aunque finalmente me fueran de perlas cuando estalló la pandemia. En esto del aire sucio, la estrategia de pose de las autoridades era clara: aguantar el chaparrón mediático durante la primera mitad de año -en la que no llueve y el aire no se mueve- para esperar a los chaparrones de verdad, los del monzón, ya que esos se llevan toda la roña incrustada en el ambiente.

Igualmente, los problemas con la polución han hecho mella en el Gobierno, como cuando se estimó que unas 40.000 personas fueron al médico con problemas respiratorios derivados de la contaminación. Las autoridades en ningún momento persiguieron a quienes queman rastrojos en los primeros meses del año, como tampoco investigaron a las empresas que contaminan con su alta actividad económica. Al contrario, los jefes del país dijeron que los siameses son unos quejicas frente a un problemita que no es tan grave y, dijeron que la culpa es de que hay “muchos adictos al drama”.

Al final, el coronavirus ha acabado por pulverizar la situación grave de polución en Tailandia. Con los centros comerciales cerrados, las atracciones turísticas desiertas y la población llevando un perfil bajo en sus consumos, la situación mejoró exponencialmente en plena pandemia. Vale, no estaba el problema resuelto del todo, pero las primeras lluvias, cómo no, remataron la faena.

El otro gran debate en Tailandia justo antes de la pandemia que ha ahogado al mundo era el del exacerbado consumo de plástico. Y las bolsas de plástico se convirtieron en el enemigo número uno del país, con el momento culminante en que fueron prohibidas. El momento clave fue el primer día de este 2020, cuando se vetaron en supermercados y tiendas de conveniencia.

Frutero mercado Tailandia

Mi verdulero en el mercado es un tipo magnífico que le alegra el día a un muermo. Lo del abuso del plástico se le perdona porque aquí es a lo que están acostumbrados.

Es cierto que lo del abuso del plástico en Tailandia es preocupante. El Reino suele estar entre los seis países que más contaminan los océanos en todo el mundo, una deshonrosa lista en la que también hay otros países del Sureste Asiático. Las autoridades saben que lo de seguir lanzando los desechos al mar ya no es plan, y declararon como enemigo público a las bolsas de plástico.

Al fin y al cabo, era lo más visible. Ibas a cualquier tienda de conveniencia o al súper y te daban hasta tres bolsas diferentes por un trío de artículos, y hasta te miraban mal si no las cogías. Prayuth y los suyos vieron la oportunidad de oro para culpar de los males del país a las omnipresentes bolsas, y el 1 de enero de este año fueron prohibidas en todos los súpermercados y cadenas 24 horas como los 7 Eleven.

Es un primer paso, pero veremos qué ocurre cuando el próximo año fuercen a todos los comercios de barrio, locales callejeros y vendedores ambulantes a que no ofrezcan bolsas de plástico.

Quizás todo quede en otro notable caso de postureo siamés. Porque lo importante era anunciar la lucha contra el contaminante enemigo. Las autoridades hasta dijeron que habían previsto poner las bolsas de plástico como un artículo totalmente nocivo y censurar sus imágenes en la televisión del país.

Sí, en la pequeña pantalla hay productos que por Ley no pueden mostrarse para mantener la recta moral siamesa. Por ejemplo, es ilegal mostrar escenas de sexo o en las que alguien beba alcohol o fume. Cuando pasan una película, por eso de tirar de pose como si nunca se hubiese roto plato alguno, tapan con pegotes difuminados las partes en las que se ve a alguien que enseña pelo. Y si un personaje se enciende un pitillo, ponen la misma mancha que tapa al objeto del mal.

Todo esto de la censura de estar por casa es curioso de ver. Por ejemplo, cuando pasan Sin perdón es muy cachondo ver a Clint Eastwood ir a un bar con un pegote difuminado en la cara del que sale humo, y que luego entre en los bares y se vean los vasos y las botellas con un efecto pixelado bastante desastroso. El colmo es si te ponen Nueve semanas y media, ya que a veces parece que estés en la década de los 90 viendo una porno sin descodificador en el Plus una solitaria noche de viernes.

Pues las bolsas de plástico también querían incluirlas en esa lista de productos del demonio que hay que ocultar en televisión. Finalmente, se desestimó la idea. Y mejor, porque al final las cadenas como el 7 Eleven desistieron y, aunque legalmente no pueden dar bolsas, cuando te ven que pones un par de botellas te ofrecen el objeto del diablo bajo mano, o a veces sin disimulo alguno. Eso sí, el objeto del mal ya no lleva su logo impreso.

Desde el Gobierno se ha dejado de hablar del dichoso plástico, ya que pese a las nuevas prohibiciones, con el Covid19 ha aumentado notablemente su consumo. Vale, en los súper no te las dan, pero ahora más que nunca se pide comida a domicilioa troche y moche, y esa sí que va acorazada en numerosas bolsas y envases.

 

Más allá del tópico del postureo siamés

 

Carretera Tailandia Isaan

Imagen de una televisión nipona donde se burlaban de un cartel en Isaan en el que recomendaban a los conductores ebrios que fueran despacito.

Los hay que nos dejamos llevar por las costumbres locales. Al contrario que le ocurre a un gran amigo que vive en Tailandia como si nunca hubiera abandonado su meseta, marcándose unas siestas de escándalo antes de salir de fiesta y saliendo de casa sin gayumbos, algo que es estrambóticamente ilegal en este país. Y si bien mi colega sigue a lo suyo como si aún estuviera colándose en fiestas Erasmus en Salamanca, siempre que quiere pincharme acaba por decirme lo mismo. “Te has vuelto muy tailandés”.

Se refiere mi compadre, cómo no, al postureo siamés. Porque al final -ya lo he dicho- hasta le pillas algo de cariño a esto de tomarse todo un poco a guasa y soltar cualquiera barrabasada -cuando las consecuencias son inofensivas- pues es hasta divertido. Pero se agradece si en lo que realmente importa le ponen acciones de verdad y no solo pose.

Eso sí, a veces cuando los siameses no tiran de postureo hasta los miran raro, quizás porque muestran una cara divertida. Pasó en el caso que se ve en la imagen que está unos párrafos más arriba. Fue en Isaan durante la campaña navideña del pasado año, cuando la policía quiso encontrar una forma efectiva de parar los numerosos accidentes de tráfico que se producen durante los festejos de Año Nuevo.

Dieron por imposible lo de convencer a los siameses de que no manejaran el coche borrachos. Así que, de forma mucho más elegante, pidieron a los conductores que, si iban hasta arriba de vino, al menos fueran poquito a poco y no pisaran fuerte el acelerador. “Borracho conduce despacio”, se lee en el cartel oficial. Y todo hubiera quedado como algo normal y sin importancia si no fuese porque un nipón que leía tailandés vio el aviso y lo envió a la televisión de su país. Fue entonces cuando se viralizó por estos lares, y entonces se tuvo que quitar. Ya saben, lo de reaccionar con dureza cuando se destapa alguna vergüenza.

Policía Tailandia Covid19

La policía de Thong Lor -quizás la que más quebraderos de cabeza me ha dado en cuanto a mordidas- ha mostrado unas imágenes oficiales de cómo desinfectan la comisaría.

En estas líneas hemos comentado algunas de las patinadas de la policía siamesa cuando quieren posturear, pero eso no resta mérito a esos agentes que sí le hacen a uno quitarse el sombrero. Porque sí, también los hay, aunque no logren que se hable tanto de ellos. Recuerdo el día que mi hermano Bali y yo le preguntamos a un agente que iba en una moto de gas rosa por una dirección y, en lugar de indicarnos, nos invitó a subir para que fuéramos los tres en su cacharro. Y esa no fue la única vez que he ido de paquete y sin casco en la moto de un agente, algo que siempre fue porque querían echarme un cable.

El elogio esta semana se la ha llevado un policía con un gran sentido común. Le llamaron para ir al supermercado de un centro comercial, donde un extranjero había robado alimentos por un valor de unos 500 bahts (15 euros). Cuando llegó allí, lo tenían retenido como a un mono de feria frente al público, con un montón de curiosos haciéndole fotos y tachándolo de enemigo público.

Lo común habría sido que el recién llegado agente arrestase al extranjero, acción que hubiera podido traducirse en una temporada en la cárcel o una buena multa. En lugar de eso, el de uniforme pidió que se dejara en libertad al supuesto usurpador. Sacó un billete de mil bahts y pagó la comida del retenido, para luego darle al culpable los 500 bahts del cambio. El policía argumentó que lo que había sustraído el foráneo era comida de primera necesidad, y que había que entender que mucha gente se quedó atrapada y sin recursos en Tailandia durante la pandemia.

El gran gesto del policía sorprendió a muchos en el país. Porque lo normal es, claro, que el postureo siamés sea la tónica habitual. Pero no siempre. Por ejemplo, se dice que la mayoría de los agentes de seguridad en condominios y centros comerciales son de pega, y que en realidad no sirven para nada más que para que parezca que alguien vigila el lugar. Y en muchos sitios he visto que es así.

Pero seguro que muchos recuerdan que el pasado mes de febrero un militar loco se hizo con un arsenal y perpetró un tiroteo en el centro comercial Terminal 21 de Korat. Murieron 29 personas, pero la cifra habría sido mayor más si no lo hubiera impedido un simple guardia de seguridad, que logró coordinar una huida y se expuso al peligro para ayudar a todos los que pudo. Consiguió salvar vidas, aunque desgraciadamente eso le costó ser abatido por el criminal. En esa gesta no hubo nada de postureo siamés, y sí de una heroicidad admirable.

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5 comentarios

  1. Malandro dice:

    Maestro, siempre fresco como una merluza del pincho y vibrante como el asfalto siamés al mediodía! Qué bueno es leerte, concho!

  2. Rafael Agüero dice:

    Empecé a leer tus escritos sobre Tailandia país que conozco y gusta, y aunque algunas veces veo tu inclinación y defensa de ese país que te acogió, a si y todo me encanta tu frescura.
    Saludos.

  3. Mcklingram dice:

    Tras varios años viviendo en el reino, siempre me percate de todo esto que cuentas del postureo Siamés, sobre todo me llamó la atención, el cómo la policía siempre que tienen que realizar alguna labor por pequeña que sea, siempre por delante va la foto de turno, uno de los agentes saca su teléfono y allí lo único que importa es tomar varias instantáneas con una sonrisa, ya seas infractor o simplemente estés de paso en el 7/11.

  4. Miguel Angel dice:

    Buenas Luis! Gracias por el nuevo articulo. Siempre es un placer saber de primera mano como está el tema en Bangkok actualmente. Espero que estés recuperado al 100% del bicho ya.

    Saludos!!

  5. Al fin, me regalé media hora para disfrutar de un buen expreso y este relato de postureo siamés, que tantas similitudes tiene con el postureo chino

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